Aumenta la desigualdad social en Argentina en gobierno de Macri

La mitad de los argentinos no puede pagar alimentos y servicios básicos al mismo tiempo.

Durante el 2016, con el gobierno de Mauricio Macri, la desigualdad social creció en Argentina. El Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) reveló que en el tercer semestre el 10 por ciento de la población más rica recibió ingresos 25,6 veces más altos que el 10 por ciento más pobre.

Los argentinos más pobres viven con 1.370 pesos (85 dólares) por mes y los más ricos con 34.998 pesos (2.173 dólares).

Las estadísticas también revelan que la mitad de los argentinos gana menos de 8.000 pesos (496 dólares) al mes, por lo que tiene un poco más de 16 dólares por día. Esta cifra está por encima de los 325 dólares necesarios para cubrir la Canasta Básica Alimentaria, pero no alcanza para los servicios básicos, para lo cual se requieren 745 dólares.

Argentina cerró el 2016 con la caída del 3,8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en el tercer trimestre, la actividad industrial descendió 4,1 por ciento y la inflación fue de 40 por ciento. Esto vino acompañado de incrementos en los servicios de gas, electricidad y agua.

La campaña electoral de Mauricio Macri se basó en prometer que Argentina tendría “pobreza cero”, pero tras asumir la presidencia dijo que era imposible.

 

Fuente: Telesur

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Exigen en Cuba libertad para independentista puertorriqueño Oscar López

El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), la misión permanente de Puerto Rico en La Habana  y el héroe de la República de Cuba, Fernando González, abogaron hoy por la liberación del independentista boricua Oscar López.

Durante la presentación en la sede del ICAP de la exposición fotográfica “Solidaridad contra Bloqueo”, Kenia Serrano, presidenta de la institución, exigió la liberación de López, el preso político más antiguo del hemisferio.

“Es hora de que el gobierno estadounidense dé el indulto al destacado luchador puertorriqueño que lleva 35 años de cruel prisión“, reclamó la dirigente del ICAP.

Por su parte, Edwin González, representante de la misión boricua en La Habana, agradeció el respaldo histórico de Cuba a la causa independentista puertorriqueña y sobre todo por la libertad de su compatriota.

“Nosotros vamos a estar eternamente agradecidos del apoyo recibido del pueblo y gobierno cubanos. Históricamente hemos luchado juntos contra la injusticia y la explotación, por lo tanto unidos, reclamaremos en los diferentes escenarios internacionales la libertad Oscar López y el fin del bloqueo que impone Estados Unidos a Cuba”, precisó.

Mientras tanto, Fernando González, uno de los cinco luchadores antiterroristas cubanos que sufrió injusta prisión en Estados Unidos, aseguró que es prioridad del ICAP socializar la causa puertorriqueña por la libertad de López.

“Esta pelea la vamos a defender en todos los foros internacionales que asistamos como lo hicimos recientemente en el encuentro continental de solidaridad con Cuba celebrado en República Dominicana”, sostuvo.

López Rivera, de 73 años de edad, se integró en 1976 a la lucha clandestina en favor de la independencia de Puerto Rico como miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y cinco años después fue capturado por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) acusado de “conspiración” y por su militancia en las FALN.

Por tal motivo fue sentenciado a 70 años de cárcel, de los cuales cumplió 34 y 12 de ellos en aislamiento total en una cárcel federal.

(Con información de Prensa Latina)

Este contenido ha sido publicado originalmente por Radio Rebelde, 6 de septiembre de 2016, en el siguiente enlace:  http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/09/12/exigen-en-cuba-libertad-para-independentista-puertorriqueno-oscar-lopez/#.V9hOC1t97IV

Emotiva carta de Dilma Rousseff

Hoy, el Senado Federal tomó una decisión que entra en la historia de las grandes injusticias. Los senadores que votaron por el impeachment escogieron lastimar la Constitución Federal. Decidieron por la interrupción de un mandato de una presidente que no cometió crimen de responsabilidad. Condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario.

Con la aprobación de mi apartamiento definitivo, políticos que buscan desesperadamente escapar del brazo de la Justicia tomaron el poder unidos a los derrotados en las últimas cuatro elecciones. No llegan al Gobierno por el voto directo, como yo y Lula hicimos en 2002, 2006, 2010 y 2014. Se apropian del poder por medio de un golpe de Estado.

Es el segundo golpe de Estado que enfrento en mi vida. El primero, el golpe militar, apoyado en la truculencia de las armas, de la represión y la tortura, se me presentó cuando era una joven militante. El segundo golpe parlamentario, acontecido hoy, a través de una farsa legal, me derriba del cargo para el que fui elegida por el pueblo.

Se trata de una clara elección indirecta, en la que 61 senadores sustituyen la voluntad expresada por 54.500.000 votos. Es un fraude, contra el que todavía vamos a recurrir a todas las instancias posibles.

Sorprende que la mayor acción contra la corrupción de nuestra historia, como consecuencia de medidas adoptadas y las leyes promulgadas a partir 2003 y profundizadas en mi gobierno, lleven justamente al poder a un grupo de corruptos investigado.

El proyecto nacional progresista, incluyente y democrático que represento está siendo interrumpido por una poderosa fuerza conservadora y reaccionaria, con el apoyo de una prensa partidista y venal. Se capturarán las instituciones del Estado para ponerlas al servicio del más radical liberalismo económico y el retroceso social.

Acaban de derrumbar a la primera mujer presidente de Brasil, sin ninguna justificación constitucional para este juicio político.

Pero el golpe no se acaba de cometer contra mí y mi partido. Este fue sólo el comienzo. El golpe golpeará indistintamente cualquier organización política progresista y democrática.

El golpe está en contra de los movimientos sociales y sindicales y contra los que luchan por los derechos en todas sus acepciones: el derecho al trabajo y la protección de las leyes laborales; derecho a una jubilación justa; derecho a la vivienda y a la tierra; derecho a la educación, la salud y la cultura; derecho de la juventud a protagonizar su historia; derechos de los negros, los indígenas, la población LGBT, mujeres; derecho a hablar sin ser reprimido.

El golpe es contra el pueblo y contra la nación. El golpe es misógino. El golpe es homofóbico. El golpe es racista. Es la imposición de la cultura de intolerancia, los prejuicios, la violencia.

Les pido a Brasil y los brasileños que me oigan. Hablo a los más de 54 millones que votaron por mí en 2014. Hablo a los 110 millones, que apoyan la elección directa como forma de elección de presidentes. Hablo fundamentalmente a los brasileños que, durante mi gobierno, superaron la pobreza, alcanzaron el sueño de la casa, comenzaron a recibir atención médica, entraron en la universidad y dejaron de ser invisibles a los ojos de la nación, pasando a tener derechos que siempre les fueron negados.

La incredulidad y el dolor que nos golpean en momentos como éste son malos consejeros. No desistan de la lucha.

Oigan bien: creen que nos ganaron, pero están equivocados. Sé que todo el mundo va a luchar. Habrá contra ellos la oposición más firme, incansable y llena de energía que un gobierno golpista pueda tener.

Cuando el presidente Lula fue elegido por primera vez en 2003, llegamos al gobierno cantando juntos que nadie debía tener miedo de ser feliz. Por más de 13 años, llevamos adelante con éxito un proyecto que promovió la mayor inclusión social y reducción de las desigualdades de la historia de nuestro país.

Esta historia no termina así. Estoy segura de que la interrupción de este proceso por el golpe de Estado no es definitiva. Volveremos. Para continuar nuestro viaje hacia un Brasil donde el pueblo es soberano.

Espero que sepamos unirnos en defensa de las causas comunes para todos los progresistas, independientemente de su afiliación partidaria o posición política. Propongo que luchemos todos juntos contra el retroceso, en contra de la agenda conservadora, en contra de la extinción de los derechos, por la soberanía nacional y el pleno restablecimiento de la democracia.

Dejo la presidencia como entré: sin haber incurrido en ningún acto ilegal; sin haber traicionado ninguno de mis compromisos; con dignidad y llevando en el pecho el mismo amor y admiración por los hombres y las mujeres brasileñas y la misma voluntad de seguir luchando por Brasil.

Viví mi verdad. Di lo mejor de mi capacidad. No huí de mis responsabilidades. Me emocioné con el sufrimiento humano, me conmoví con la lucha contra la pobreza y el hambre, combatí la desigualdad.

Me embarqué en buenas peleas. Perdí algunas, gané muchas y, en este momento, me siento inspirada en Darcy Ribeiro para decir: no me gustaría estar en el lugar de aquellos que se consideran vencedores. La historia será implacable con ellos.

A las mujeres brasileñas, que me cubrieron con flores y afecto, les pido que crean que se puede. Las futuras generaciones de brasileñas sabrán que la primera vez que una mujer ocupó la Presidencia de Brasil, el machismo y la misoginia mostraron sus caras más feas. Hemos abierto un camino de una sola vía hacia la igualdad de género. Nada nos hará retroceder.

En este momento, no voy les voy a decir adiós. Estoy segura de que se puede decir “hasta dentro de poco”.

Concluyo compartiendo con ustedes una maravillosa inspiración del poeta ruso Maiakovski:

“No estamos contentos, por supuesto,
Pero ¿por qué razón deberíamos estar tristes?
El mar de la historia es agitado
Las amenazas y guerras, habremos de atravesarlas,
Las romperemos por la mitad,
Cortándolas como corta una quilla”

Un fuerte abrazo a todos los brasileños, que comparten conmigo la creencia en la democracia y el sueño de la justicia.

Jueves, 1 de Setiembre de 2016


(Redacción Informativa de Radio Rebelde)

Este contenido ha sido publicado originalmente por Radio Rebelde, 6 de septiembre de 2016, en el siguiente enlace: http://www.radiorebelde.cu/noticia/emotiva-carta-dilma-rousseff-20160906/

El escenario regional después de Dilma

Por Raúl Zibechi

La destitución de Dilma Rousseff por el Senado más conservador desde 1964 (año del golpe de Estado contra João Goulart) cierra el ciclo progresista que se inició con la asunción de Luiz Inacio Lula da Silva el primero de enero de 2003. Siendo Brasil el país más importante de la región y el que marca tendencias, estamos ante una inflexión irreversible en el corto plazo, donde las derechas conservadores imponen su agenda.

El panorama regional sudamericano aparece claramente dominado por la alianza entre el capital financiero, Estados Unidos y las derechas locales, que muestran un dinamismo difícil de acotar a corto plazo. Hay que remontarse a principios de la década de 1990 para encontrar un momento similar, pautado por el triunfo del Consenso de Washington, el auge del neoliberalismo y el derrumbe del bloque socialista.

Sin embargo, sería equivocado pensar que estamos volviendo al pasado, por más que algunos analistas crean que se están perdiendoconquistas. La realidad indica que la región camina hacia adelante pero, en lo inmediato, lo que tenemos enfrente no es la sociedad igualitaria y justa con la que soñamos, sino un inminente choque de trenes entre los de arriba y los de abajo, y luchas entre clases, razas, géneros y generaciones. Hacia ese desenlace va la humanidad, y ese es el futuro a mediano plazo que se avizora en la región.

En rigor, este panorama ya se venía perfilando desde hace varios años, cuando aún gobernaban los progresistas, por la creciente alianza de hecho entre las clases medias (viejas y nuevas) y los más ricos, en gran medida por el triunfo de la cultura consumista, despolitizadora y conservadora que impulsaron esos mismos gobiernos. Pero lo que importa, mirando hacia adelante, es el mentado choque de trenes.

Una nueva derecha se ha impuesto en la región. Una derecha que no tiene escrúpulos legalistas, que no está dispuesta a respetar los modos de las democracias, que pretende arrasar los sistemas educativo y de salud tal como los conocimos. En Brasil la nueva derecha ha puesto en pie el movimiento Escola Sem Partido, que ataca la educación pública, vapulea el legado de Paulo Freire y pretende controlar estrictamente a los docentes.

Habrá que volver con más detalle sobre este movimiento, que promueve la disociación entreeducar (responsabilidad de la familia y la Iglesia) e instruir (transmisión de conocimiento, que es la tarea de los profesores). Si los proyectos de ley que ingresaron al parlamento fueran aprobados, una porción de los docentes podría ser sancionada poradoctrinamiento ideológico, por hablar de la realidad del país, ya que en las aulas, pregonan, no debe existir la libertad de expresión. En esa realidad no sólo entra lo político, sino incluso la violencia contra las mujeres. Apenas una muestra de lo que viene.

Para comprender por dónde va la nueva derecha no hay que mirar atrás, o sea, el periodo de las dictaduras, sino a personajes como la primera ministra británica, Theresa May, quien asegura estar dispuesta a usar armas nucleares aunque le cuesten la vida a inocentes (The Guardian, 18/7/16). O como Hillary Clinton, que considera a Vladimir Putin el nuevo Hitler. No son declaraciones aisladas o fuera de contexto, es el estado de ánimo de las nuevas derechas, guerreristas, dispuestas a arrasar naciones enteras, como ya hicieron con media docena de países en Asia y Medio Oriente.

Para que haya choque de trenes tiene haber dos fuerzas antagónicas en disputa. Eso es lo que se viene perfilando en la región. Hemos recorrido las nuevas luchas estudiantiles y populares en Brasil (goo.gl/Bz9OBD), los movimientos que ganan protagonismo en Colombia (goo.gl/DfboIk) y las nuevas resistencias negras (goo.gl/GTQPzQ), entre otras.

A ellas deben sumarse la renovada fuerza del movimiento campesino en Paraguay; la resistencia al modelo soyero-minero en Argentina, y, en los últimos meses, al ajuste del gobierno de Macri; las importantes movilizaciones de las mujeres contra la violencia machista, como la realizada en Perú en agosto; la persistencia de los movimientos indígenas en Ecuador y Bolivia.

Se abren nuevas e imprevistas resistencias. En agosto hubo enormes movilizaciones en Chile, dos grandes marchas de más de un millón de personas contra el sistema privado de pensiones (Afp), y un cacerolazo, que anuncian el comienzo del fin de un sistema que fue la clave de la acumulación de capital en el régimen pospinochetista. Nueve de cada 10 jubilaciones son menores de 220 dólares, o sea, menos de 60 por ciento del salario mínimo, por lo que la población reclama el fin del sistema privado.

Lentamente se va abriendo paso entre los sectores populares la convicción de que la corrupción es sistémica, como el narco y los feminicidios, y que no importa si gobierna la derecha o la izquierda, porque las cosas seguirán más o menos igual. La prometida reforma educativa en Chile, que el Partido Comunista utilizó como argumento para abandonar la calle e ingresar al gobierno de Michelle Bachelet, se diluyó en las negociaciones con el empresariado y se sigue priorizando la enseñanza privada, como denuncia la nueva ofensiva estudiantil.

En esta etapa, el sistema no puede realizar reformas en favor de los pueblos, porque no tiene margen económico ni político. La economía funciona como una máquina que extrae, expropia y concentra los bienes comunes. La política se reduce a fuegos de artificio y deja paso, cada día con mayor evidencia, a la policía para dirimir los conflictos. La principal diferencia entre los colores que gobiernan es de velocidades en la aplicación de un modelo que no deja otra alternativa que la resistencia.

La destitución de Rousseff por un Senado infestado de corruptos podría ser la ocasión para reflexionar sobre la inconveniencia de seguir confiando en los mal llamados representantes, que están allí para devolver favores al capital, y apostar con mayor energía a la organización. Nadie lo hará por nosotros.

Este contenido ha sido publicado originalmente por La jornada el 02 de septiembre de 2016, en el siguiente enlace: http://www.jornada.unam.mx/2016/09/02/opinion/020a2pol

Dilma: crimen de la traición

Por Cuauhtémoc Cárdenas

Estamos a horas de que se consume un crimen: la imposición de la traición sobre la lealtad, la ilegitimidad sobre el derecho, la corrupción sobre la honradez, la delincuencia sobre la honorabilidad, que eso y más representa la destitución de Dilma Rousseff como presidente constitucional de Brasil.

El lunes 29 de agosto, y el martes 30, la presidenta de Brasil ha comparecido ante el Senado, donde la jauría de la oposición, convertida por el golpe de Estado en facción oficial, se ha lanzado y está lanzándose sobre la presidenta con una agresividad y una irritación fingidas, en las que trata de esconder su vergüenza de la traición.

Detrás del golpe de Estado, que se ha encomendado asestarlo a la mayoría del Legislativo, están las oligarquías locales, sus asociados grandes consorcios internacionales, los intereses depredadores que van detrás de los recursos naturales del país y los sectores del entreguismo y la subordinación al imperio, que pretenden la recuperación directa del poder político para proseguir la labor interrumpida por 13 años de gobiernos nacionalistas y democráticos, que acuerpan hoy a un Fernando Henrique Cardoso que al tiempo que se suma a la traición a la legitimidad constitucional y violenta el estado de derecho, traiciona su propia historia y se traiciona a sí mismo en lo que fue y en lo que pudo de bueno ser para su pueblo y para el suelo en el que nació.

Se acusa a Dilma Rousseff de haber emitido tres decretos para supuestamente manipular cuentas públicas entre el 1º de enero de 2011 y el 12 de mayo de 2016, práctica usual en la que incurrieron más de un centenar de veces gobiernos anteriores, sin que ello significara el desvío más mínimo para beneficio personal.

Quienes la acusan, encabezados por el vicepresidente hoy en funciones de presidente, Michel Temer, ellos sí, están señalados como delincuentes, por haber incurrido en comprobados actos de corrupción –según han destacado numerosos medios de información– en el ejercicio de sus funciones públicas, que al derrocar a Dilma y hacerse del poder buscan que éste se convierta en la protección que les brinde impunidad.

Este nuevo crimen contra la democracia y el derecho se está cometiendo ante la complacencia de la comunidad internacional. Los gobiernos de América Latina, salvo honrosas excepciones, con absoluta pasividad observan cómo paso a paso se asesta el golpe, sin ver que ante cualquier desagrado que provoquen al imperio, puede ocurrirles algo semejante.

El pueblo de Brasil está levantándose contra esta agresión a su democracia y al desconocimiento de la voluntad que expresara en 54 millones de votos, está buscando no acabe por romperse la legalidad con los recursos que le otorgan su Constitución, sus leyes y sus experiencias de prácticas democráticas y pacíficas. A quienes en nuestros países aspiramos a transformaciones progresistas y democráticas por medios similares, nos corresponde brindar la más amplia solidaridad a Dilma Rousseff y a quienes con ella luchan en Brasil por la recuperación del camino de la democracia, único que puede conducir a un progreso sostenido y estable.

Este contenido ha sido publicado originalmente por La jornada el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.jornada.unam.mx/2016/08/31/opinion/029a1mun

Dilma Rousseff: Lucharé incansablemente por restablecer la democracia

La presidenta destituida de Brasil, Dilma Rousseff, llamó hoy en una conferencia de prensa a la unidad y al entendimiento de todos los ciudadanos sin importar la afiliación política, yaseguró que luchará incansablemente por restablecer la democracia en la nación.

“Salgo de la presidencia, sé que no traicioné ni cometí ningún acto ilícito. Salgo con dignidad cargando en el pecho el mismo amor por los brasileños y brasileñas (…) y la misma voluntad de trabajar por la nación”, recalcó la exmandataria.

Rousseff inistió en que con su destitución 61 senadores sustituyeron la determinación de los 54 millones de electores que la votaron para su segundo mandato en 2014, y precisó que no quisiera estar en el lugar de los que se creen vencedores. “La historia será implacables con ellos, como ya ocurrió en décadas pasadas”.

“Queremos que estemos juntos porque aquí hay otro retroceso, otra agenda conservadora y no vamos a detenernos”, pidió Rousseff.

“Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. Primero fue el militar (1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida”, recordó Rousseff.

Hoy el Senado tomó una decisión que entra a la historia de las grandes injusticias: escogieron rasgar la Constitución; decidieron interrumpir el mandato de una presidente que no cometió ningún crimen; condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario”, denunció como parte de un enérgico discurso.

Rousseff insitió en que el “golpe” fue consumado por políticos acusados de corrupción “que buscan huir de la justicia, tras haber sido derrotados en las últimas cuatro elecciones presidenciales”.

“Es un fraude contra el que recorreremos en todas las instancias posibles, cometido por fuerzas conservadoras y reaccionarias que contaron con el apoyo de sectores de prensa”, dijo.

Asimismo, comentó que el golpe afectará indistintamente a cualquier organización política democrática, a los movimientos sociales y a todos los que luchan por derechos, como derecho al trabajo, a la jubilación justa, a habitación, a la tierra.

“Volveremos, pero no sólo para satisfacer nuestros deseos, sino para culminar nuestra jornada por un Brasil soberano”.

No desistan de la lucha. Escuchen bien: piensan que nos vencieron pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá la más determinada, firme y enérgica oposición que un golpista puede sufrir”, afirmó.

(Con información de TelesurTV)

Este contenido ha sido publicado originalmente por Cuba Debate  el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/08/31/dilma-rousseff-luchare-incansablemente-por-restablecer-la-democracia/#.V8h7Elt97IV

Destitución de Dilma Rouseff, atentado contra la democracia en América Latina

El día de hoy se consumó el golpe de Estado parlamentario orquestado por la derecha brasileña en contra de quien fuera electa democráticamente por millones de brasileñas y brasileños, la Presidenta Dilma Rouseff.

Lamentablemente se dio lo que ya esperábamos porque el Senado de Brasil se convirtió en una horda también de confabuladores acusados ellos mismos de corrupción y están haciendo un golpe parlamentario contra una presidenta que ganó con 54 millones de votos en la principal economía de América Latina, es un hecho que debemos de reprobar.

Sin embargo, yo confío mucho en el pueblo de Brasil sé que más pronto que tarde volverán a ganar el poder y que éste hecho indignante de utilizar las instituciones del Estado con venganzas políticas contra la izquierda.

Con este resultado, Michel Temer se afianza en la presidencia de Brasil tras haber traicionado a Rouseff y haber orquestado su destitución. Asimismo, afianza en ese país el enfoque neoliberal de privatizaciones y recortes a programas sociales, mismos que ha llevado a cabo desde que se separó a Rouseff del cargo en mayo pasado.

En este sentido, Temer le apostó a enterrar el enfoque social que imprimieron los gobiernos del PT con Lula da Silva y la propia Rouseff que sacaron de la pobreza a millones de brasileños. Se redujo la inversión para las universidades un 45 por ciento para 2017, se aumentó la edad de jubilación a 65 años, se implementaron medidas que perjudican a los trabajadores y se pretenden privatizar los aeropuertos de Sao Paulo y Río de Janeiro, todo bajo la retórica de la contención del déficit fiscal que asfixia al país, siendo que en el fondo son parte de políticas que van enfocadas a enriquecer al sector de la derecha que apoyó el proceso contra Rouseff.

Asimismo, Temer se enfrenta al descrédito que ha dejado la ola de corrupción en la cual está involucrado junto con algunas de las personas a las que nombró Ministros y que están señalados por su participación en el fraude multimillonario a la petrolera estatal Petrobrás, que lo sitúa en un 13 por ciento de aprobación. Ejemplo de lo anterior es el caso de Romero Jucá, quien fue nombrado ministro de Planificación y presidente del partido de Temer, el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el cual tuvo que renunciar tras darse a conocer un audio donde negocia impunidad a cambio de apoyar el proceso contra Rouseff. En casos similares se encuentran los titulares de Turismo y del Ministerio de la secretaría, Henrique Eduardo Álves y Geddel Vieira Lima respectivamente, quienes han sido señalados de beneficiarse del desfalco a Petrobras.

Este es el panorama que deja para Brasil el golpe de Estado Parlamentario contra Rouseff. Corrupción alarmante en la más alta esfera del Gobierno, despojos, privatizaciones y recortes que mandarán de nuevo a la pobreza a miles de brasileñas y brasileños, misma receta neoliberal que la derecha ha emprendido en nuestro país y que ha generado pobreza, desigualdad e inseguridad.

Nos unimos a la condena internacional que se hace ante este lamentable hecho. Coincidimos plenamente con las posturas que el día de hoy mostraron los Embajadores de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador ante la Organización de Estados Americanos por este atentado flagrante contra la democracia en nuestra querida América Latina.

“La tragedia brasileña”

Por Atilio A. Boron

Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.
Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Brasil en 1964, en Indonesia y República Dominicana en 1965, en Argentina en 1966 y 1976, en Uruguay en 1973, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954? La lista sería interminable.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Atilio Boron.com el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.atilioboron.com.ar/