Documental: ¡ALCA, Al Carajo!

http://www.portalalba.org/index.php/2014-03-27-16-48-36/2014-03-29-21-06-26/memoria-historica/6893-america-latina-a-10-anos-de-la-derrota-del-alca

América Latina a 10 años de la derrota del ALCA

En el estadio “José María Minella” de Mar del Plata el presidente Hugo Chávez, en su discurso ante miles de manifestantes contrarios a George W. Bush, afirmó que la idea de concretar el Area de Libre Comercio para América (ALCA) no tiene futuro.

“Cada uno de nosotros trajo una pala, una pala de enterrador, porque aquí en Mar del Plata está la tumba del ALCA. La tumba del ALCA. Vamos a decirlo: ALCA, ALCA, al carajo”, afirmó Chávez.

América Latina a 10 años de la derrota del ALCA

“Hemos traído una pala (…) porque aquí en Mar de Plata está la tumba del ALCA”. Estas fueron las palabras del líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, hace 10 años durante la IV Cumbre de las Américas cuando, junto a los entonces presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio “Lula” Da Silva, derrotaron la intención de Estados Unidos de incorporar a América Latina a lo denominado Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

“Al ALCA la derrotamos los pueblos”, dijo Chávez acompañado, precisamente, del pueblo en Argentina ese 4 de noviembre con el que repitió la frase que pasó a la historia: ¡Alca, Alca, al carajo!

Con el liderazgo de los presidentes Chávez, Kirchner y “Lula” Da Silva, la Cumbrede las Américas tenía una agenda orientada hacia el desarrollo para el bien de los pueblos, sin embargo, el presidente de Estados Unidos pretendía la aplicación inmediata del ALCA en la región.

Los objetivos que perseguía EE.UU., a través de la aplicación de normas comerciales supranacionales, limitarían la capacidad de acción de los Gobiernos en torno a sus propias economías y le darían el poder a los inversores. Aceptar el ALCA implicaba, además, aceptar las medidas de “ajuste estructural” del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, es decir, una serie de recortes sociales para “garantizar” los pagos de las deudas externas.

Hugo Chávez lo explicó durante la cita de 2005. “El ALCA lo que busca es consolidar el poder económico de las grandes transnacionales y de las élites que han dominado estos países durante mucho tiempo; el ALBA (proyecto latinoamericanista y bolivariano) busca la liberación de los pueblos, la redistribución del ingreso de nuestros pueblos, la igualdad, el cambio del modelo económico productivo, la inclusión social, que no haya excluidos”.

De esta manera se abrió camino la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), una nueva forma de intercambio regional, que tenía como base las ideales impulsados por los Gobiernos de Venezuela y Cuba, y que se creó en 2004.

En la III Cumbre de las Américas, en Québec/Canadá del 20 al 22 de abril de 2001, el Presidente Hugo Chávez, firmó la declaración final dejando constancia que Venezuela se oponía a la propuesta del ALCA (Área de libre comercio de las Américas), poco tiempo después el Presidente cubano Fidel Castro y Chávez, se encontraban creando las bases de lo que hoy es el ALBA.

En diciembre de ese mismo año, en el marco de la III Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la Isla de Margarita – Venezuela, el Presidente Hugo Chávez presentó la idea del ALBA,  como una propuesta de integración integral, económica, social, política y cultural de los pueblos de América Latina y el Caribe.

Las raíces del proyecto se fundamentan en la Carta de Jamaica, “cuando por primera vez Simón Bolívar establece la doctrina de unidad y soberanía de los países que se independizaban del poder colonial”.

El ALBA concentró los siguientes principios: solidaridad, complementariedad, justicia, cooperación, igualdad social, calidad de vida, autodeterminación, diversidad cultural y la participación efectiva de los pueblos en la configuración de su propio destino.

“El  ALBA se erige como un modelo de unidad y orientación política integral, que reivindica los derechos inalienables de sus pueblos y la soberanía de sus países”, afirmó el presidente de Ecuador, Rafael Correa.

El dato: El ALBA actualmente está integrado por Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Dominica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, San Cristóbal y Nieves y Granada.

De igual modo, busca consolidar un modelo social de desarrollo y se enfoca en áreas como la educación, salud, alimentación, medio ambiente, cultura, energía y tecnología.

Logros del ALBA

Los programas sociales impulsados por el ALBA han mejorado la calidad de vida de sus habitantes en cuanto a atención médica, acceso a la educación, a servicios básicos como agua potable, alcantarillado, vialidad, transporte, telecomunicaciones, acceso a una vivienda digna y a una alimentación de calidad.

En una década, la economía de la Alianza experimentó un incremento del 25 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB).

Como bloque político ha enfatizado en la defensa de los Derechos Humanos y de la Madre Tierra, así como en el restablecimiento y la preservación de la paz, contra el intervencionismo y el apoyo a la autodeterminación de los pueblos.

Con la fundación del Banco del ALBA en 2008 se buscó consolidar la soberanía e independencia financiera y económica de los países miembros.  En ese mismo año también se instituyó el Sis­tema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), como primer paso para lograr una moneda común.

Más de dos millones de latinoamericanos y caribeños tienen acceso a la salud y educación. Por ejemplo, con la creación del Cardiológico Infantil más de ocho mil niños han sido intervenidos.

La Misión Milagro ha operado a 3 millones 481 mil 666 personas de manera gratuita, de ellas un millón 856 mil 721 venezolanos y un 1 millón 624 mil 945 latinoamericanos y caribeños.

Por su parte, el programa de Alfabetización y Postalfabetización ha contribuido a la erradicación del analfabetismo en cuatro países del ALBA-TCP. La Unesco declaró a Cuba, Venezuela (2005), Bolivia (2008) y Nicaragua (2009)Territorios Libres de Analfabetismo.

Con el método educativo Yo Sí Puedo, más de 3 millones 500 mil personas aprendieron a leer y escribir. El programa también permite la continuación de los estudios.

Otras formas de integración regional también surgieron a partir del nacimiento del ALBA, entre ellos, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).

Con estos organismos, se reconfiguró la geopolítica regional y hace un giro hacia las políticas progresistas e integracionistas, más tarde, serían reforzadas con los Gobiernos de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, y Daniel Ortega en Nicaragua.

¿Cómo sería América Latina si no se hubiese derrotado al ALCA?

En una entrevista para la web de teleSUR, el politólogo y analista internacional, Juan Manuel Karg, aseguró que si América Latina no hubiese derrotado al ALCA, sería  “Como las economías de la Alianza del Pacífico: con grandes desigualdades, pauperización laboral, y una notoria falta de intervención del Estado en la economía. Precisamente el TLCAN, firmado en 1994 entre EE.UU., Canadá y México sirvió como antecedente para analizar las enormes deudas sociales que provocan estos llamados tratados de libre comercio. Por ello Kirchner, Lula y Chávez comandaron aquellas históricas jornadas de Mar del Plata, ya que tenían aquel historial a mano”.

https://i1.wp.com/www.telesurtv.net/export/sites/telesur/img/multimedia/2015/11/02/chavez_mar_del_plata.jpg_825434843.jpg

Fuente: EFE

Para Karg, en estos 10 años “América Latina construyó un verdadero ‘oasis antineoliberal’, al decir de Emir Sader, en un mundo crecientemente librecambista, donde EE.UU. negocia en la actualidad tres tratados simultáneos de libre comercio: el TPP, con los países del Pacífico -y la sola excepción de China-, el TTIP, con la Unión Europea, y el TISA, el mega-acuerdo en el ámbito de servicios”.

¿Cuáles serían las perspectivas económicas y políticas para América Latina?

“Las perspectivas serían de una asociación estratégica con los EE.UU. y la Unión Europea, a contramano de las nuevas vinculaciones de la región con los países emergentes, enmarcados en los BRICS. Y, además, no existirían UNASUR ni CELAC, importantes herramientas integracionistas autónomas que América Latina logró en esta verdadera década ganada para la unidad de nuestros países”, explicó el analista.

“El No al ALCA frenó las “relaciones carnales”, al decir de la cancillería argentina durante el menemismo, con Washington y Bruselas, y promovió una asociación estratégica con Beijing y Moscú, las economías que van a seguir moviendo al mundo en las próximas décadas”, enfatizó.

Para el analista Kintto Lucas, la creación del ALBA llevó a EE.UU. a intentar “nuevas estrategias, sin dejar de lado las viejas”, y buscar otras formas de reposicionamiento.

En su afán por mantener su hegemonía, explicó, son evidentes sus pasos que buscan “golpear en forma conjunta en varios países de América Latina y el Caribe, con acciones coordinadas desde lo social, económico, político e incluso militar”.

Lucas detalló que los objetivos estratégicos son aislar al ALBA, y “luego destruirla. Con eso no solo se busca terminar la Alianza como tal si no su influencia real y simbólica. Como todos los planes de Estados Unidos hacia América Latina y El Caribe, incluidos el Plan Cóndor y el Plan Colombia, el objetivo final es consolidar su hegemonía sobre la región”.

Fuente: TeleSur

Anuncios

Manuel Bertoldi: Avance posneoliberal versus restauración conservadora.

http://www.albamovimientos.org/2015/12/manuel-bertoldi-avance-posneoliberal-versus-restauracion-conservadora/

manuAvance posneoliberal versus restauración conservadora

Encuentro hemisférico a 10 años de la derrota del ALCA – Habana 20-22 Noviembre 2015, Manuel Bertoldi

El continente nuestroamericano está atravesando un nuevo ciclo de la lucha de clases determinado por lo que implicó la derrota del ALCA hace 10 años. Vivimos un momento histórico importante y complejo, determinado por una nueva correlación de fuerzas que se construyó entre el capital, los gobiernos y las fuerzas populares luego del proceso de movilización y cambio de época que significó la derrota del plan de Estados Undidos para el continente. Decimos que se trata de un momento complejo porque se presenta enmarcado en una crisis múltiple del sistema hegemónico.

Crisis multidimensional

La emergencia de la crisis capitalista a nivel mundial en 2008, si bien no tuvo repercusiones inmediatas en nuestro continente, comenzó a afectar las tasas de crecimiento de las principales economías, favoreciendo la inversión extranjera de las potencias que recurren a nuevos territorios y explotación de bienes naturales para paliar sus crisis internas (EEUU, UE, China). Hay que aclarar que la crisis capitalista no generó el agotamiento del patrón de acumulación basado en la privatización y explotación de bienes comunes, sino que en todo caso lo aceleró de la mano de una mayor concentración de las riquezas.

Mientras tanto, se intensifican los conflictos bélicos regionales, para aumentar los gastos de la industria militar estadounidense y europea: la paz está en crisis. En America Latina, se consolida una ofensiva imperialista en múltiples niveles, que se evidencia de forma clara a partir de 2009, con el golpe de Estado en Honduras.

Desde el punto de vista económico, los tratados de libre comercio se consolidan no sólo a partir de acuerdos bilaterales, sino que por primera vez después del intento del ALCA, Estados Unidos promueve el armado de la Alianza del Pacifico, aceptado y promovido por Chile, Perú, Colombia y México, que se plantea la incorporación de varios países más. La Alianza del Pacífico tiene, además, el objetivo político de frenar los procesos de integración impulsados por la Revolución Bolivariana, como han sido el ALBA, la UNASUR y la CELAC, que en un hecho histórico incorpora a Cuba a un mecanismo de integración regional, dejando de lado a Estados Unidos y Canadá.

Podemos decir entonces que la “contraofensiva imperialista”, está operando articuladamente desde el punto de vista político, militar, económico y también desde el punto de vista ideológico, a través de los medios de comunicación hegemónicos, las Organizaciones No Gubernamentales, y el reforzamiento de un fuerte aparato cultural que se reproduce a escala masiva marcando y orientando las pautas de consumo y la construcción de valores en el pueblo, ajenos a sus intereses.

Nueva Etapa

 El nuevo mapa político, surgido de los procesos de resistencia al neoliberalismo, fue atravesado por las mediaciones que cada pueblo tuvo la capacidad de construir en la arena pública. De tal manera, la región vivió una serie de procesos que, con sus similitudes y sus particularidades locales, dejan para el pueblo una serie de interrogantes, aprendizajes y desafíos donde la contraofensiva conservadora inclusive avanza llegando al gobierno con una coalición de derecha por la vía democrática en un país como la Argentina y condiciona seriamente al gobierno del PT en Brasil haciéndolo asumir una agenda de ajuste neoliberal. A pesar de este nuevo escenario que se viene configurando, los pisos de acumulación tanto en términos sociales y políticos, no son los mismos que teníamos hace 20 años atrás.

Vivenciamos un momento de reagrupamiento dinámico del campo popular, con dispersiones y confluencias en desarrollo, donde el debate de la unidad todavía marca la etapa actual como lo hizo también durante el ascenso de movilización popular que puso en crisis la hegemonía neoliberal. El desafío, en este sentido, pasa por la construcción, en términos estratégicos, de un proyecto de integración popular, que unifique diferentes expresiones, sin renunciar a la diversidad propia de una sociedad fragmentada socialmente, pero con la pretensión de articular un proyecto de la clase trabajadora del campo y la ciudad en su conjunto, que permita desarrollar y disputar hegemonía.

Esta necesidad, a su vez, se encuentra entrelazada con una batalla ideológica que se remonta a los procesos de independencias parciales en América Latina y el Caribe. Durante casi dos siglos, las oligarquías locales y luego, las burguesías emergentes en cada uno de nuestros países, han tenido éxito en situar las coordenadas del debate político en los marcos de cada país, como si la realidad política, económica y social estuviera determinada casi exclusivamente por lo que sucede al interior de las fronteras de cada Estado. El propio relato histórico describe los procesos de independencia de los nuevos Estados desligándolos de un proceso general como el que realmente ocurrió hace doscientos años y como también ocurre ahora.

Decíamos anteriormente que estamos adentrándonos en una nueva etapa en América Latina donde se pondrán en juego las correlaciones de fuerzas cristalizadas en la derrota del ALCA hace diez años atrás. Es fundamental que nuestros movimientos y articulaciones a nivel continental podamos acordar tareas comunes que deben ser asumidas por el conjunto del movimiento social y popular como ampliar estos debates, fortalecer el trabajo de base y la concientización de nuestros pueblos sobre las actuaciones del imperialismo y el capital en materia, por ejemplo, de los nuevos tratados de libre comercio y la transnacionales. Las tareas deben estar enmarcadas en la necesidad táctica y estratégica de aumentar el nivel de movilización de masas en nuestros países. A diez años de la derrota del ALCA, la lucha contra el imperialismo y el avance conservador en el continente debe ser un aglutinador común para todos las organizaciones populares de Nuestramérica, partiendo de las enseñanzas y aprendizajes que nos han dejado las luchas y resistencias a la hegemonía neoliberal de décadas pasadas.

Conscientes de que aún falta mucho por crecer en todos los aspectos, aspiramos a recorrer un camino de aprendizaje desde la práctica militante concreta junto a la diversidad de expresiones de los pueblos de Nuestra América, en un momento político marcado por la agresividad del saqueo imperialista ante la emergencia de un mundo multipolar en donde también tenemos que hacer esfuerzos para vincularnos con movimientos sociales y fuerzas populares que están resistiendo en otros continentes.

Debemos asumir la necesidad de fortalecer en nuestros pueblos la solidaridad internacionalista ante la contraofensiva de EEUU en la región. Tanto Venezuela como Ecuador y Bolivia son procesos de fundamental importancia para los pueblos de Nuestramerica ya que funcionan como horizontes hacia donde caminar para todos nuestros pueblos sabiendo, como decía Mariategui, sin hacer calco ni copia. La defensa irrestricta frente al imperialismo de los procesos de cambio debe ser asumida por el conjunto del movimiento popular abonando y colaborando para que los países consoliden su camino disruptivo con el orden hegemónico. A su vez es de fundamental importancia rodear de nuestra más contundente solidaridad a nuestra Cuba socialista que durante todos estos años ha servido de faro esperanzador para pueblos que sufrimos dictaduras militares, oleadas neoliberales y arremetidas de la derecha como actualmente estamos viviendo.

También debemos asumir desde nuestro trabajo solidario que el proceso de paz con justicia social en Colombia es necesario que avance porque la paz en Colombia es la paz en nuestro continente. Tenemos que blindar a América Latina como zona de Paz.

A su vez debemos acompañar con nuestra solidaridad el camino histórico de liberación del pueblo Haitiano y su lucha por el retiro de la Minustah.

Un horizonte de soberanía popular, de independencia económica y de justicia social es deseable y posible en la medida en que avance la unidad dentro de cada país y entre los diferentes países. Nos alientan las luchas de quienes nos precedieron y la consciencia de estar viviendo un cambio de época en el que hay avances y retrocesos, pero nada queda sin moverse. Los tiempos recientes demuestran que aún en los momentos que se anuncian más oscuros, surge de una larga historia de resistencia y construcción de alternativas. Creemos que en esta encrucijada, cada paso que podamos dar, de conjunto, ofrece mayores posibilidades para avanzar en un proyecto emancipatorio cada vez más necesario. Como en cada momento de nuestra historia, lo determinante será la potencia –la legitimidad, la fuerza material- de la lucha popular.

La construcción y el fortalecimiento de un proyecto de unidad de los movimientos sociales y populares del continente, la lucha contra el imperialismo y la defensa irrestricta a los procesos de cambio en curso, conforman entonces las tareas que consideramos, debemos asumir como prioritarias.

El encuentro hemisférico a 10 años de la derrota del ALCA convocado por Cuba y sus organizaciones, expresiones de su pueblo organizado ya es un paso más de acumulación de nuestro proceso. Cuba ha sido quien ha mantenido en alto la bandera de lucha contra el neoliberalismo décadas atrás y quien ha puesto en marcha el motor de resistencia de nuestros pueblos. Hoy desde su ejemplo y coherencia revolucionaria nos ha vuelto a convocar para fortalecer nuestros vínculos, pensar de conjunto y ponernos frente al desafío de avanzar en un frente común de acción y movilización siendo conscientes que debemos avanzar en un mismo camino desde nuestra diversidad. Los tiempos que vienen nos pondrán nuevamente a prueba para no retroceder en lo que hemos avanzado como pueblos en estos últimos años.

 [1] Esta ponencia fue presentada en el encuentro Hemisférico a 10 años de la derrota del ALCA realizado en la Habana en el mes de Noviembre. LA misma forma parte de los debates y reflexiones que venimos transitando desde la Articulación Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA. Se construyó en base al artículo, Nuestramérica en la encrucijada, Vicente, F; Bertoldi M. publicado en Cuadernos de CAMBIO N°2.

[2] Integrante de la Secretaria Operativa de la Articulación Continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA.

¿Fin del ciclo progresista o reflujo del cambio de época en América Latina? 7 tesis para el debate

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203029

Hace tiempo que venimos leyendo que el ciclo progresista en América Latina y el Caribe ha llegado a su fin. Aprovechando la muerte del Comandante Chávez, y un cierto reflujo en los avances logrados por los procesos de cambio en el continente, la derecha comenzó a construir un discurso que intenta deslegitimar la década ganada para las mayorías sociales y populares.Pero en los últimos tiempos, también desde varios sectores de la izquierda se ha venido construyendo la tesis del fin del ciclo que viene a complementar el discurso de la derecha contra los gobiernos de izquierda y nacional-populares. Uno de los amanuenses de la izquierda lightberal, Pablo Stefanoni, habla de una deriva lulista1 de la izquierda latinoamericana. Una compañera de Stefanoni en el grupo de apoyo al trotskismo anti kirchnerista del FIT en la Argentina, Maristella Svampa, escribe en el diario de la oligarquía Clarín sobre una crisis del pluralismo político y unpopulismo de alta intensidad2 en Bolivia y Ecuador. Mientras tanto, por el lado de la izquierda autonomista, Raúl Zibechi sostiene que estamos no solo ante el final del ciclo progresista, sino que el progresismo no ha sido un avance3.

Desde otra posición, el paraguayo-brasileiro y militante del PT Gustavo Codas afirma4 que Venezuela, Brasil y Ecuador, cada uno con sus matices, enfrentan una serie de problemas económicos y políticos, con una importante movilización de la derecha nacional (en ocasiones con apoyo del exterior). Esta coyuntura, unida a la solución de compromiso en Argentina donde la candidatura presencial la encabeza Daniel Scioli, nos lleva a pensar en que nos encontramos inmersos en un reflujo del cambio de época puesto en marcha en América Latina en 1998.

Ese flujo que dejó atrás la larga noche neoliberal tuvo su apogeo en los dos años que transcurrieron entre finales de 2004 y finales de 2006 donde se puso en marcha el ALBA-TCP; llegaron al gobierno Evo Morales y Rafael Correa; fueron puestas en marcha herramientas fundamentales del cambio de época como teleSUR o la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad; y en Mar del Plata el instrumento imperialista llamado ALCA fue enterrado por 3 patriotas nuestroamericanos, Chávez, Lula y Néstor Kirchner.

En cambio hoy, sin la presencia física del Comandante y con Fidel retirado de la conducción política en Cuba; con una derecha recargada que trata de llegar al gobierno a veces por dentro de la institucionalidad y a veces por fuera; y con instrumentos de desintegración latinoamericana como la Alianza del Pacifico, el TPP o el TISA tratando de construir un Consenso anti-posneoliberal, la guerra de posiciones en Nuestra América conduce a las fuerzas de izquierda, tanto las revolucionarias como las reformistas, a posiciones de repliegue.

Este nuevo momento del cambio de época exige un esfuerzo de honestidad intelectual para, desde la lealtad y el compromiso con los procesos de cambio, tratar de leer el momento de reflujo y generar propuestas para las izquierdas latinoamericanas y caribeñas. En ese sentido proponemos 7 tesis para alimentar el debate desde la necesidad que tenemos de hacer un diagnóstico del momento histórico en que nos encontramos con el fin de obtener una radiografía de la coyuntura actual.

1.- La crisis del capitalismo ha venido para quedarse

Entre 2004 y 2014 el precio medio del barril de Brent fue de 86’989 dólares. 87 USD de media en 10 años a pesar de que en 2008 y tras la quiebra de Lehman Brothers el precio del barril de Brent se desplomó de los 147 USD de julio hasta los 35’58 USD con los que cerraba el año.

Actualmente el barril de Brent se mantiene entre los 45 y 50 dólares, y no se prevén subidas significativas mientras la desaceleración china favorezca el exceso de producción actual. Al mismo tiempo, importantes productores como Arabia Saudita o Venezuela no disminuyen la producción para garantizar el 100% de los ingresos, lo que nos sume en un círculo vicioso en el que no hay manera de desactivar la sobreproducción. A la reducción de la demanda del gigante asiático y el mantenimiento de la producción de los países productores de la OPEP se le suma la producción en Estados Unidos de gas de esquisto mediante fracking, método de extracción que se convierte en terrorismo ambiental solamente rentable a partir de precios entre 60 y 70 dólares. Por lo tanto, es en la franja entre los 50 dólares actuales y los 70 que permitirían a la mayor parte de los campos de extracción ser rentables, donde se va a mover en los próximos meses la guerra energética no declarada entre Estados Unidos y Arabia Saudita.

En cualquier caso no parece que en los próximos años los precios del petróleo vayan a volver a acercarse a los de la última década, que permitieron a los procesos de cambio en América Latina y el Caribe una redistribución de la riqueza y reducción de la pobreza sin precedentes. Si además le sumamos la tendencia a la baja en el precio de los minerales adquiridos por China, que consume cerca del 40% de la producción mundial, parece un hecho que los tiempos de vacas gordas han terminado.

Todo lo anterior apuntala la necesidad de una diversificación productiva y un cambio en la matriz energética. Es necesario generar una transición desde el modelo extractivista, herencia colonial y neoliberal, a un nuevo modelo de desarrollo que incorpore el derecho al desarrollo y a sacar de la pobreza a una parte significativa de la población, con los Derechos de la Madre Tierra.

2.- El mundo multipolar ya está aquí

Aunque solemos hablar de la transición a un nuevo mundo pluripolar y multicéntrico, la realidad es que ya estamos inmersos en él. El declive de la hegemonía de Estados Unidos (al mismo tiempo que entra en una peligrosa fase de dominación violenta); la emergencia de los BRICS; el rol geopolítico de América Latina en las relaciones Sur-Sur; o el avance de la integración latinoamericana con una CELAC sin EEUU ni Canadá reflejo de la Patria Grande que soñaron los libertadores, son claros síntomas de este nuevo escenario geopolítico.

Hay dos variables fundamentales de este escenario en América Latina y el Caribe. La apertura de relaciones y embajadas entre Estados Unidos y Cuba, inicio de una nueva era y símbolo de la soberanía no solo de una Cuba digna a lo largo de más de 60 años de agresiones ininterrumpidas, sino de toda Nuestra América. El otro síntoma es la presencia cada vez mayor de China en la región. Hoy en día, excepto el Puerto de Mariel en Cuba, todas las grandes inversiones en la región son de capital chino, comenzando por la faraónica obra para construir un canal en Nicaragua y siguiendo por las principales inversiones en recursos naturales, petróleo, gas y minería. Pero la cada vez mayor presencia china tiene grandes diferencias con la otrora hegemonía estadounidense; frente al hard power de los Estados Unidos, basado en la imposición económica o militar, se está construyendo un soft power con características chinas que hace de la diplomacia económica y cultural la base para las relaciones. O dicho de otra manera, China no va a construir bases militares en America Latina y el Caribe o patrocinar golpes de estado contra gobiernos legítimos.

Pero la voraz demanda china de recursos naturales ha provocado una reprimarización de la economía latinoamericana. Excepto en los países donde los recursos están en manos del Estado, que ejerce de flujo conductor hacía otros sectores, en general el sector primario está más ligado al capital financiero que a otros sectores de la economía. América Latina y el Caribe se mueven ahora mismo en un triángulo incierto entre un Consenso Bolivariano, un Consenso de Beijing y un Consenso de las Commodities.

3.- Necesidad imperiosa de profundizar la integración

En la medida en que la crisis del capitalismo se profundiza y la derecha avanza en su ofensiva, los procesos corren el riesgo de cerrarse hacia dentro y mantener una posición defensiva. Ningún proceso va a poder profundizar y mucho menos radicalizar los cambios por sí solo si no es inserto dentro de un proceso de integración latinoamericana y caribeña más amplio.

Es necesario por tanto ampliar la integración política a una integracion económica, científica, tecnológica y cultural, integracion amplia que permita, como propone Gustavo Codas, y frente al proceso de reprimarización continental, crear cadenas de valor regionales.

Al mismo tiempo, se hace urgente y necesaria la reactivación del ALBA e ir dotando de una institucionalidad mayor a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

4.- Desactivación de los instrumentos para la desintegración latinoamericana

Es necesario sumar al cambio de época los países que siguen apostando por un modelo económico neoliberal. Especialmente los de la Alianza del Pacifico y en particular Colombia y México. Es por ello que tenemos que hacer nuestras la reivindicación de la paz, con justicia social, en Colombia, y la apuesta por fortalecer un proyecto alternativo de izquierda en México, frontera sur de los Estados Unidos. La incorporación de estos dos países no solo abriría un horizonte radicalmente diferente sino que profundizaría la integración nuestroamericana y ayudaría a desactivar los nuevos ALCA del siglo XXI, instrumentos para la desintegración latinoamericana como la Alianza del Pacífico, el TPP o el TISA.

5.- Enfrentar la derecha recargada

Durante buena parte del cambio de época, la derecha quedó desorientada y a la defensiva. Fueron las embajadas de Estados Unidos los que hicieron el papel de principal opositor a los gobiernos de izquierda en la región mediante el patrocinio de golpes de Estado, duros o blandos. Los opositores locales eran simples títeres todavía anclados en el discurso del Consenso de Washington y parapetados tras los viejos partidos del neoliberalismo.

Sin embargo hoy tenemos una derecha renovada, asesorada por los gurús del marketing político neoliberal y asumiendo un rol de paraopositores que no dudan ni un momento en camuflarse bajo una estética y discurso más amable tan posmoderno como pseudo posneoliberal, que no ataca directamente las conquistas logradas en la década ganada.

Esta derecha reciclada y transformista trata de robarse las banderas de la democracia y los derechos humanos apelando sobre todo a los nuevos actores de la política, la juventud y las clases medias. Y ahí es donde los procesos tienen un reto en reactualizar su programa y praxis política para seducir a una juventud que no ha vivido el terrorismo social neoliberal y llega a una mayoría de edad dando por sentada la presencia del Estado en la economía y la redistribución de la riqueza. Lo mismo sucede con las nuevas clases medias que tienen la “ilusión” de continuar su ascenso social y para ello se les hace atractiva la idea de votar por un “gestor”, normalmente un candidato proveniente del mundo empresarial y con un discurso que apela a la ciudadanía moderada por encima del clivaje izquierda-derecha.

Frente a ello, más que perder tiempo en atacar a esta derecha que solo hace sus tareas, amparada por las elites económicas y con el apoyo de las transnacionales comunicacionales, debemos reactualizar y hacer más atractivo el proyecto político de las izquierdas, como única manera de sostener y profundizar los procesos. Las posibles derrotas electorales por venir serán única y exclusivamente responsabilidad nuestra.

6.- La necesidad de los liderazgos

Y para prepararnos para las próximas batallas políticas, es necesario dar un debate sobre la cuestión de los liderazgos. La muerte del Comandante Chávez nos coloca ante el espejo de unos procesos que dependen en demasía de líderes de una enorme talla política e intelectual. Pero además estos liderazgos son fruto de una época de resistencia e insurrección al neoliberalismo que ya dejamos atrás.

Será difícil que en Bolivia vuelva a surgir un líder como Evo Morales que lleva en su esencia el componente antiimperialista, anticolonial y anticapitalista cuando han sido expulsadas del territorio nacional la DEA, USAID y el propio embajador estadounidense; cuando los dirigentes sindicales han pasado de enfrentar un gobierno neoliberal a ocupar cargos de conducción política en el Estado; o incluso cuando las relaciones internacionales del movimiento social se construyen sobre todo con otras izquierdas en el gobierno. Es por ello más necesaria que nunca la necesidad de construir liderazgos colectivos y fortalecer el poder popular y la formación política pues solo de estas semillas pueden germinar otros dirigentes preparados para liderar una nueva etapa ascendente del cambio de época que deje atrás el reflujo coyuntural. Pero al mismo tiempo mientras líderes como Evo sigan con la capacidad de conducir los procesos, debemos habilitar los mecanismos que sean necesarias para que la legalidad no obstaculice la legitimidad.

7.- La importancia de las batallas electorales

Por paradójico que parezca, la irreversibilidad de los procesos depende en buena parte en este momento histórico de las victorias electorales que se vayan produciendo en el campo de la izquierda. Para ello a su vez es necesario no retroceder en ni una sola de las conquistas logradas hasta el momento. Tenemos claro que llegar al gobierno no supone tener el poder, y que una vez llegado hay que enfrentar una guerra de posiciones con el poder ejercido por las burguesías nacionales e internacionales desde sus atalayas económicas o mediáticas. Pero para poder llegar a ese momento de plantearse la construcción de hegemonía es necesario primero la victoria electoral.

Este 2015 nos deja todavía 2 importantes citas electorales, las elecciones presidenciales de Argentina en octubre y las legislativas de Venezuela en diciembre. A pesar de las contradicciones que nos pueda generar, es necesario apoyar la candidatura de Scioli-Zannini en la Argentina, bien rodeada por el núcleo duro kirchnerista; ya llegará el momento de la crítica si el próximo gobierno se desvía del horizonte trazado por Néstor Kirchner y Cristina Fernandez. Y lo mismo en Venezuela, donde debemos dar todo el apoyo a los candidatos y candidatas del PSUV y del Gran Polo Patriótico frente al terrorismo económico y mediático que enfrente la Revolución Bolivariana y Chavista. Lo mismo en el caso de dos países como Brasil o Ecuador, donde más allá de las tensiones, debemos apoyar los legítimos gobiernos de Dilma y Correa.

Ya no es tiempo de política ficción sino de definición. Tiempo de audacia para generar pensamiento crítico siempre desde abajo y a la izquierda, manchándose con el barro de la praxis en medio de las contradicciones, y no leyendo la realidad con el lápiz rojo virtual en una mano desde el wifi de los cafés de los barrios de clase media. Recordando las palabras del Comandante Chávez: “Que nadie se equivoque, que nadie se deje confundir, uno puede criticar a la revolución pero este es el camino de la salvación de la Patria”.

Notas: 

1 La lulización de la izquierda latinoamericana http://www.eldiplo.org/notas-web/la-lulizacion-de-la-izquierda-latinoamericana

2 Termina la era de las promesas andinas http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Termina-promesas-andinas_0_1417058291.html

3 Hacer balance del progresismo http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/08/04/hacer-balance-del-progresismo

4 Desafíos al ciclo progresista en América Latina http://www.mateamargo.org.uy/2015/08/13/desafios-al-ciclo-progresista-en-america-latina

¿Cuáles son los límites de la derecha en América Latina?

Por Emir Sader

Contradicción clara en Argentina, donde se multiplica el desempleo con enorme rapidez,  y probable, en caso de que llegaran a gobernar en Venezuela, por la forma cómo se critica la generación de empleos, supuestamente de manera artificial y política por parte de los gobiernos tildados de “populistas”.  Clima de euforia en los medios de la derecha latinoamericana, después de década y media de sucesivas frustraciones. Creen que pueden volver a ser protagonistas de la historia latinoamericana contemporánea. En los medios financieros y en los medios de información internacionales, hay verdadera euforia.  El ímpetu con que actúan en Argentina y en Venezuela puede dar la impresión de que saben hacia dónde quieren ir, que tienen la clave del futuro de nuestras sociedades, que se han renovado al punto de poder volverse fuerza hegemónica en la región. Critican a los gobiernos progresistas, como si se tratara de un ciclo agotado, al cual ellos se proponen suceder y superar. Pero, ¿qué tanto es así? ¿Qué se puede desprender de los primeros movimientos del gobierno de Mauricio Macri en Argentina y de los de la oposición victoriosa en las elecciones parlamentarias en Venezuela?  Aunque se propongan imprimir un nuevo impulso a la economía, todos los síntomas indican que retomarán el liberalismo económico, a pesar de su fracaso espectacular en el pasado reciente de esos países y en los que aún lo mantienen como modelo, como México, Perú y  otros. Las medidas puestas en práctica en Argentina y las que se anuncian en Venezuela representan la vieja fórmula del retiro del Estado de su capacidad  de regulación de la economía, de la liberación de acción de las fuerzas del mercado, de reinserción internacional  e incluso subordinación al FMI y a la política norteamericana en la región. Profundización de la recesión y aguda crisis social son los corolarios obligatorios de esas políticas.  Nada que ver con la superación del ciclo progresista, aunque declararon formalmente que mantendrían las políticas sociales de esos gobiernos, reconociendo su éxito y apoyo popular. Pero al reafirmar a los supuestos duros de las políticas neoliberales, cortando recursos y afectando directamente a los núcleos que las implementaban, demuestran, en Argentina, la contradicción entre su política económica y los objetivos sociales.  Contradicción clara en Argentina, donde se multiplica el desempleo con enorme rapidez,  y probable, en caso de que llegaran a gobernar en Venezuela, por la forma cómo se critica la generación de empleos, supuestamente de manera artificial y política por parte de los gobiernos tildados de “populistas”.  Como llegaron al gobierno por la vía electoral, no pueden recurrir a la represión abierta de los movimientos populares, que dio un margen de maniobra a las dictaduras para imponer su “paz social”. En Argentina se enfrentan, desde los primeros días, a movilizaciones populares masivas e indignadas por la brutalidad con que se intenta desmontar los derechos reconquistados a lo largo de los últimos 12 años. No hay luna de miel para el gobierno de Mauricio Macri que, al contrario, cuando recién empiezan las primeras y duras negociaciones salariales, no va a tener la vida fácil como su risueña campaña electoral auguraba. ¿Qué pasará cuando el gobierno se dé cuenta que la economía no volverá a crecer con las medidas que toma? ¿Qué, al contrario, se ahonda la recesión, con elevación del desempleo y de la crisis social? ¿Qué pasará cuando se dé cuenta que no dispone de mayoría política para seguir gobernando mediante decretos? ¿Qué pasará cuando tome conciencia que no puede establecer acuerdos internacionales que se contrapongan al Mercosur, salvo que intente la aventura de abandonar esa alianza regional de la que tanto depende la economía argentina y se aleje cada vez más de Brasil?  En Venezuela, la derecha,  eufórica por su mayoría parlamentaria y proyectando el cambio de gobierno en seis meses, también va a tener que enfrentarse con la dura realidad concreta. En primer lugar, triunfaron en las elecciones parlamentarias, obteniendo 400 mil votos más que en la elección anterior – el voto castigo probablemente de chavistas descontentos -, pero también hubo una gran abstención – 2 millones – de chavistas que no optaron por el voto castigo, pero que son una reserva de apoyo para el gobierno. Esos amplios sectores, frente a un referendo revocatorio que la oposición logre convocar, no se sumarán automáticamente al fin del gobierno chavista, a sabiendas de todas las  consecuencias negativas para los sectores populares.  En segundo lugar, las nuevas iniciativas del gobierno para reactivar a la economía, a ser enviadas a la Asamblea Nacional, van a plantear a la oposición el desafío de compartir medidas en contra de la crisis o de mantenerse en la impopular actitud de cuanto peor, mejor. A sabiendas que los problemas económicos son los que más afectan a la gente y que el sector moderado de la oposición quiere ayudar a superar la crisis, mientras que el sector radical solo piensa en cambiar el gobierno, las dificultades y el desgaste para la oposición pueden ser decisivos frente a una población necesitada de soluciones inmediatas para sus problemas. Por otra parte, las medidas con  las que el gobierno se ha blindado, dificultan mucho las primeras medidas anunciadas por la oposición, sea en relación a la amnistía o cualquier otra que busque la sustitución del gobierno en seis meses, van a chocar con una institucionalidad adversa, ya sea del Ejecutivo o del Poder Judicial. La euforia inicial se va agotar rápidamente. Quedaría la convocatoria del referendo en la mitad del gobierno de Nicolás Maduro, que puede ser logrado con el 20% de firmas de los electores. Pero frente a la disyuntiva de terminar de una vez con los gobiernos chavistas y entregar el poder a la oposición o seguir peleando por la superación de la crisis en el marco de esos gobiernos, la oposición no contará fácilmente con una mayoría. Lo decisivo será la lucha de masas en los próximos meses, junto con la reacción popular frente a las iniciativas del gobierno para superar la crisis y las respuestas de la oposición. Las movilizaciones populares, que se han iniciado ya, favorecen ampliamente al gobierno, que cuenta con una militancia activa, mientras que la oposición cuenta con un gran apoyo silencioso y el descontento de sectores populares que siempre habían  apoyado al chavismo. Pero lo determinante será la postura política de la izquierda, de proponer alternativas concretas, de desencadenar la lucha de ideas y ser capaz de movilizar a los más amplios sectores populares en la resistencia en contra de la derecha, dirigiendo, de forma unificada,  la continuidad de las luchas en contra del neoliberalismo y de los intentos de restauración conservadora en nuestras sociedades. –

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR, 6 enero de 2016 en el siguiente enlace: Opinión_EmirSader_teleSUR

La izquierda del siglo XXI es antineoliberal

La izquierda realmente existente es una categoría histórica, que varía conforme las condiciones concretas de lucha. Ya fue una izquierda de clase contra clase, que incluía a corrientes anarquistas, socialistas y comunistas. Ya fue antifascista, conforme las corrientas de ultra derecha se fortalecían, especialmente en Europa. Ya fue democrática y popular, socialista, conforme las fuerzas propias que tenía y los enemigos a enfrentar.

Conforme el capitalismo ha ingresado en su era neoliberal y ha asumido la centralidad de las tesis del libre comercio, de la mercantilización, se planteó a la izquierda el desafío de la ruptura con el modelo neoliberal y la construcción de alternativas superadoras de ese modelo, que se han denominado posneoliberales.

Hace década y media esa perspectiva no estaba clara. las ONG, algunos movimientos sociales e intelectuales planteaban la lucha en el nuevo periodo como una lucha antipolítica, anti-Estado, anti-partidos, proponiendo como su centro unasociedad civil, con límites no claramente definidos frente al liberalismo. Proponían que los movimientos populares mantuvieran una autonomía respecto a la política, al Estado, a los partidos. Han impuesto esa orientación como predominante en los foros sociales mundiales, con algunos movimientos como los piqueteros argentinos y los zapatistas mexicanos, como los ejemplos de esa orientación.

Una década y media después, el campo de lucha quedó mucho más claro, no sólo teóricamente, sino principalmente en el campo político concreto. Las fuerzas que se han fortalecido –especialmente en América Latina, pero tambien en Europa – han sido las que han centrado su lucha en la superación del neoliberalismo. Han redefinido el papel del Estado, en lugar de oponerse a él. Han recuperado el lugar de la política y de los partidos, en lugar de rechazarlos. Tesis como las de Tony Negri y de John Holloway sobre el carácter reaccionario del Estado y la posibilidad de transformar el mundo sin tomar el poder, entre otras, personificaban esas teorías, que han quedado superadas por la realidad, mientras el FSM se ha vaciado en manos de las ONG.

Son los gobiernos que han logrado un inmenso proceso de democratización social, en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, eligiendo y religiendo gobiernos con amplio apoyo popular, los que han surgido como las referencias de la izquerida en el siglo XXI. Han logrado la hazaña de avanzar a contramano de las corrientes predominantes en el capitalismo en escala mundial, disminuyendo la miseria, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.

Se han proyectado así como el eje y la referencia de la izquierda en escala mundial, con líderes reconocidos como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros. La realidad concreta ha probado quien tenía razon en el debate sobre la naturaleza de la izquierda en el nuevo periodo histórico.

Mientras esos liderazgos se han afirmado, las que debieran ser las referencia han desaparecido –como es el caso que debiera ser paradigmático del autonomismo piquetero– o han quedado reducidos a la intrancendencia, como es el caso de los zapatistas. Todo ha pasado sin que los intelectuales que han propuesto a esa vía como alternativa hayan mínimamente hecho un balance de ese fracaso. Como son intelectuales desvinculados de la práctica política concreta no tienen responsabilidades por lo que han escrito ayer y se dedican a otras tesis.

Muchos de ellos, fracasadas las tesis autonomistas, se han dedicado a la crítica de los gobiernos que han avanzado concretamente en la superacion del neoliberalismo. Sin captar el caracter nuevo de esos gobiernos, los han tildado detraidores, de extractivistas, deneodesarrollistas, muchas veces aliándose con la derecha –la verdadera alternativa a esos gobiernos– contra las fuerzas progresistas en esos países. No han captado la naturaleza essencialmente antineoliberal de esos gobiernos. Algunos intelectuales, latinoamericanos o europos, pretenden ser la conciencia crítica de la izquierda latinoamericana, con sus posiciones desvinculadas de las luchas y las fuerzas concretas, sin que sus tesis hayan desembocado en la construcción de ninguna fuerza alternativa. Las opciones a los gobiernos posneoliberales –como queda claro en Venezuela, en Argentina, en Brasil, en Uruguay, en Bolivia, en Ecuador– siguen siendo las viejas fuerzas de la derecha, mientras que las posiciones de ultra izquierda siguen en sus posturas críticas, sin ninguna injerencia en las luchas concretas. No por acaso sus defensores son intelectuales, que hablan desde sus cátedras académicas sin ningún arraigo en las fuerzas sociales, políticas y culturales reales.

Mientras tanto, los únicos gobiernos que han avanzado en la superación de las políticas de centralidad del mercado, de eliminación de los derechos sociales, en la subordinacion a la hegemonía imperial estadunidense, han sido los que han sabido definir la centralidad de la lucha contemporánea como la lucha antineoliberal.

No sólo en América Latina, incluso en Europa, la definición de la centralidad de las luchas contemporáneas de la izquierda alrededor de la superación del modelo neoliberal, se impone, sea en España, en Portugal, en Grecia, con la conciencia de que al lucha contra la austeridad es la forma que asume en Europa la lucha antineoliberal, relegando otras posiciones a los libros y a las cátedras académicas.

Incluso en el momento en que gobiernos posneoliberales enfrentan dificultades reales para pasar de la primera a una fase más avanzada de sus luchas, las posiciones ultra izquierdistas, que hablan del fracasode esos gobiernos, no explican su propio fracaso, al no lograr construir ninguna fuerza alternativa a esos gobiernos, lugar ocupado por fuerzas de derecha. Hablan de fin de ciclo, cuando lo que se presenta no es la superación de un ciclo, sino formas de recomposición conservadora, de retroceso neoliberal, que no superan un ciclo, sino, al contrario, se proponen retroceder a un ciclo anterior.

La izquierda del siglo XXI es, así, antineoliberal: es la que logra construir fuerzas concretas, alternativas bajo la forma de gobiernos, de plataformas, de grandes liderazgos contemporaneos. El resto son palabras que el viento lleva, sin cambiar ni la realidad y, al parecer, ni la cabeza de los que las escriben y son derrotados junto con ellas.

La historia de la izquierda contemporánea está escrita y protagonizada por los que logran avanzar en la construccion de alternativas concretas al neoliberalismo.

Argentina, Venezuela y la lucha de clases

Ángel Guerra Cabrera
Quienes vaticinan el fin del llamado ciclo progresista en América Latina y el Caribe (ALC) pierden de vista que el caldo en que se cuece la política es, irremediablemente, la lucha de clases. Con sus flujos y reflujos, marchas y contramarchas.

Mientras más se mundializa el capitalismo, mayor importancia adquiere la lucha de clases a escala internacional. Ello, debido a la irreversible crisis sistémica del capitalismo y a la creciente crisis de hegemonía de Estados Unidos. Una impulsa al capital a extraer crecientes tasas de ganancia sin importar los medios extremadamente crueles, inhumanos y ecocidas para lograrlo(el desbocado calentamiento global es un ecocidio). La otra, impulsa al imperialismo estadunidense a emplear a fondo sus inmensos recursos para liquidar todo ejemplo de rebeldía contra su odiosa tiranía mundial, sobre todo en ALC.

Independientemente de las naturales diferencias entre países y procesos políticos, tanto la derrota del kirchnerismo como la del chavismo en las elecciones del 22 de noviembre y del 6 de diciembre pasados, se inscriben en el contexto de una feroz lucha de clases nacional e internacional. Ella se expresa en la disputa entre los pueblos del mundo y el capital, sea oligárquico o imperialista, por el poder político (lo que incluye la conciencia y también el inconsciente colectivos), la independencia nacional, los recursos naturales y el control geopolítico.

Se trata, como lo demuestra palmariamente el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, que aún perdura, de un enfrentamiento en que resalta la asimetría entre los contendientes. Lo mismo ocurre con cuanto país latino-caribeño intenta librarse de la dominación imperialista, aunque sea tibiamente. Un buen ejemplo es el golpe de Estado de la CIA contra el gobierno del presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz (1954).

Pero de entonces a acá el imperialismo ha modificado sustancialmente la ingeniería del golpe de Estado. Llámese golpe blando, revolución de colores, guerra de cuarta generación, lo cierto es que Washington ha perfeccionado hasta la sofisticación su objetivo de cambio de régimen contra todo gobierno que no se le subordine. Paradójicamente, como muestran Argentina y Venezuela, las elecciones, realizadas bajo la descomunal hegemonía mediática, financiera y militar imperialista, se convierten en una de las armas fundamentales del golpe blando.

Claro que cometen errores los revolucionarios y las fuerzas que pugnan por poner fin al neoliberalismo y encaminar políticas de rescate de la independencia nacional y de impulso a la justicia social. Heredan un Estado y una sociedad preñada de lacras como el conservadurismo, la ignorancia, la corrupción y el clientelismo, que a veces los envuelven.

Los proyectos de poder alternativo iniciados con la Comuna de París (1871) están en gran desventaja histórica con la milenaria experiencia de poder de las clases dominantes.

Pero en todo caso, los errores e insuficiencias del chavismo y el kirchnerismo son mucho menos importantes que sus aciertos y logros. De modo que en su derrota electoral pesó mucho la guerra económica y financiera, comunicacional y diplomática desencadenada por Estados Unidos y la derecha contra el cambio de época en nuestra América.

No obstante, el ascenso derechista puede ser efímero y precario a juzgar por el carácter dictatorial y antipopular de los decretos de Macri y su conducta servil a Wall Street en menos de un mes de mandato. Mientras, sus pares de la contrarrevolución venezolana desde el 6 de diciembre y en la instalación de la nueva Asamblea Nacional han enseñado su desesperado afán de consumar un inconstitucional golpe parlamentario contra el presidente Maduro y de acabar cuanto antes con las conquistas de la revolución bolivariana.

El chavismo es un sujeto político revolucionario, que si se mantiene unido, aprende de sus errores, atrae a sus simpatizantes disgustados y moviliza a las masas puede neutralizar a los millonarios, cómplices del golpismo pasado y presente y de la implantación del neoliberalismo a sangre y fuego que pululan en la bancada parlamentaria de la contrarrevolución.

El kirchnerismo no se ha sacudido de una derrota que no esperaba ni del lastre del peronismo de derecha, pero tiene enormes reservas de juventud organizada y combativa y fuerza parlamentaria. Lo emplazan al combate una clase obrera y un pueblo que, antes de lo que muchos esperan, entrarán en estado de rebelión contra el regreso del neoliberalismo.

Twitter: @aguerraguerra