Revancha

Caso Milagro Sala, Argentina.

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Por Marta Dillon

Hay una palabra, una sola palabra que resuena al mismo tiempo que presiona la impotencia como agua de inundación acumulada contra el muro de una represa: revancha. Revancha contra esa negra, esa india, esa mujer a la que tantas veces se nombró así en los medios locales pero entre comillas como si no fuera digna de la categoría, la “ultrakirchnerista”, esa persona diminuta pero tan aguerrida y con tanta determinación que fue capaz de imaginar y crear universos propios para los suyos y las suyas.

Revancha, de clase, ideológica, revancha misógina, una retaliación anunciada con la que seguramente Gerardo Morales ha soñado como se sueña con una amante. Milagros Sala está detenida y el gobernador de Jujuy se jacta de que la acusación no será sólo por “incitación a ilícito y tumulto” sino que también se prepara para acusarla por robo “al Estado y los pobres”. ¿Cómo se atreve esa mujer? ¿Cómo se le ocurre? ¿Cómo es que se animó no sólo a soñar sino a hacer casas, fábricas, escuelas, becas para educación terciaria, plazas junto con otros negros como ella, indígenas como ella, esos nadies que de pronto organizados también querían clubes, piletas de natación y hasta su propia marcha del orgullo lgbti con tantos colores y alegría que no son propios de esas caras color tierra?

A una lustrabotas que pasó la adolescencia drogándose en la calle, robando al menudeo, salvada de ese circuito por la protección de “las mujeres de Azopardo”, ni más ni menos que las putas del barrio humilde donde creció antes de conseguir un trabajo en el Estado y convertirse en dirigente de ATE, de seguir al Perro Santillán en los cortes de ruta, de poner el cuerpo al calor de las gomas quemadas a sabiendas que no había otra forma de reclamar, no había otra herramienta cuando el país bajaba la cuesta de una de las peores crisis de su historia al filo del tercer milenio. No, no le iban a perdonar el tamaño de su atrevimiento, no es sólo el hartazgo por los cortes de ruta a los que la organización que Sala lidera acostumbró a la provincia de Jujuy; es más que eso, es relamerse porque al fin se acaba ese orgullo de clase que la animó durante este tiempo, el tiempo en que encontró recursos para hacerse fuerte entre los más vulnerables, ahí al pie de los cerros en Alto Comedero. Porque, vamos, detener a alguien por acampar en una plaza pública para hacer un reclamo cuando el mismo presidente se mostró en plena campaña antes del ballottage en las carpas que durante meses se mantuvieron en plena 9 de Julio para hacer visibles los reclamos del pueblo Qom es por lo menos un insulto a la inteligencia de todos y de todas. O una acción ejemplificadora frente a la movilización constante de quienes no piensan dejar pasar los decretazos de cada día, el cierre de programas, los despidos masivos, la brutal transferencia de recursos a los sectores más poderosos mientras el salario adelgaza y se acusa a trabajadores y trabajadoras de ser la grasa que sobra en el cuerpo del Estado. Algo de eso hay, sin duda, pero no se puede ocultar el tamaño de la violencia de esta detención, el gusano de la revancha que se come rápidamente cualquier otro argumento, el modo en que se la presenta como ese ser amenazante, por negra, por mujer, por indígena y no solamente por eso. O mejor, por ser todo eso y haberse atrevido no sólo a reclamar para sí y para los suyos los derechos básicos sino también el derecho al goce, el derecho a una vida en la que se pueda soñar más allá del destino de trabajo de sol y a sol y de la vivienda como el techo para las aspiraciones.

La Tupac Amaru y Milagro Sala fueron más allá y pusieron animales de fantasía en sus plazas, lugares de recreo, rosedales, piletas de natación con rampas para rehabilitación de personas discapacitadas, crearon escuelas secundarias y también becas para sostener la formación universitaria. Y hasta su propio método para evitar la violencia patriarcal poniendo en jaque a los agresores, yéndolos a buscar a sus propias casas sin esperar más que la denuncia de las víctimas. La Tupac Amaru y Milagro Sala, con su pelo siempre recogido, su nula elegancia, la parquedad de sus gestos, su pasado doliente y su capacidad de recuperación reclamaron para sí todo lo que parecería, para las autoridades que ahora tenemos, le corresponde a otros, a los blancos, a los que se superan a sí mismos de uno en una, a los que no militan en organizaciones, a los y las que van detrás del objetivo personal como burros detrás de la zanahoria. Todos los demás, sean lo que sean, son un mal a extirpar, grasa que cortar, no importa quien hayas sido ni cuál sea tu trayectoria laboral, si perdiste el trabajo ya dijo el presidente que habrá rutas que construir, andá a agarrar la pala. Milagro Sala la agarró en su momento, pero no lo hizo para ella sola, y no lo hizo solamente para sobrevivir. Esa mujer, esa negra indígena lo hizo para vivir, para vivir con otros, para asaltar el cielo de los goces compartidos, para mostrar que las revoluciones son posibles aquí y ahora. Por eso la revancha. Y por eso también esta impotencia que late, que presiona y que también busca su cauce en la calle; la misma a la que con estos actos se intenta disciplinar.

Este contenido ha sido publicado originalmente por El País, 17 de enero de 2016 en el siguiente enlace: Revancha_El_País

 

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Bolivia post referéndum: De la derrota táctica a la victoria estratégica

Referéndum, Bolivia

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  • Bolivia post referéndum: De la derrota táctica a la victoria estratégica

Por Katu Arkonada militante del proceso de cambio

 135.154 votos, esa es la diferencia entre los votos a favor del No y del Sí en el referéndum por la repostulación del Presidente Evo Morales.

Pero más allá de la imagen que quieren presentar algunos “analistas” de un país dividido, lo único que demuestra esa escasa diferencia es una campaña electoral de alta intensidad en la que los votos del No carecen de paternidad política, no hay ningún líder o partido político que pueda atribuírselos, mientras que los votos del Sí se pueden contar como un apoyo irrestricto al gobierno de cambio que encabeza Evo.

Una vez conocidos los resultados finales y sobre todo debido al estrecho margen entre una y otra opción, es necesario reflexionar con detenimiento sobre los resultados y la campaña electoral, donde encontramos algunos méritos de la derecha y el imperialismo, y algunos errores del oficialismo, que serán clave analizar para encarar la Bolivia 2016-2019. Es en los próximos 3 años donde la derrota táctica sufrida en este referéndum puede servir como impulso para lograr una victoria estratégica en 2019.

Factores de la derrota táctica

Podemos sintetizar en 5 los factores que han motivado la victoria del No en el referéndum:

Las clases medias. Esta batalla era difícil de ganar, nunca se pudo revertir la idea instalada en las clases medias que identifica democracia con alternancia. La hegemonía del neoliberalismo en el ámbito cultural impide darse cuenta que la verdadera democracia es que el pueblo pueda escoger su modelo económico y político, así como los líderes para llevar adelante las transformaciones que implican estos modelos.

Juventud. Otro de los nuevos actores del panorama electoral a los que el proceso de cambio no interpela como a otros pues no ha conocido el neoliberalismo ni la desaparición del Estado. Actor, la juventud, que adopta posiciones tremendamente individualistas (no hay más que recordar el hashtag #RespetenMiVoto) pero que no se puede obviar, pues ya ha quedado demostrado que las redes van a ser uno de los campos de batalla de cara a 2019.Asimismo, desde estos sectores ha emergido un preocupante racismo, fruto de un colonialismo interno, soterrado en los últimos años pero que no había desaparecido, que debe ser combatido de manera inteligente.

Guerra sucia. La combinación de sicariato mediático con el intento de construir una “revolución de colores con características bolivianas”, todo ello con el apoyo de operadores de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia, cuando no del mismo Encargado de Negocios Peter Brennan, es un factor que ha incidido en la campaña electoral. No hay que exagerar su rol en la campaña, pero sería un error aún mayor subestimarlo.

Errores propios. La guerra sucia logró imponer una agenda mediática (Fondioc, Zapata, El Alto) a la que no se supo responder oportunamente desde el oficialismo. Con una estrategia comunicacional adecuada quizás se habría conseguido arañar los votos suficientes como para darle la vuelta a los porcentajes.

Eco regional. El reflujo del cambio de época que vive América Latina también se dejó sentir en Bolivia. El impacto de las victorias de la derecha en Argentina y Venezuela no se consiguió detener en Bolivia, agravando la crisis del ciclo nacional-popular en la región. Quienes sí lo tuvieron más claro que las clases medias fueron los trabajadores migrantes bolivianos que votaron en Argentina a favor del Sí en un porcentaje del 82%.

Horizontes para la victoria estratégica en 2019

Si 5 son las razones de la derrota del Sí en el referéndum, 5 son también los horizontes que van a permitir la victoria y continuidad del proceso de cambio en 2019:

Sujeto del cambio social. Ha quedado demostrado quien está contra viento y marea con el proceso de cambio, quien no abandona el proyecto que cristaliza en la figura de Evo Morales ni en la peor de las circunstancias, y ese es el movimiento indígena originario campesino y sectores aledaños. A ese sujeto es a quien hay que dirigir las políticas sociales y beneficios del proceso de cambio durante los próximos 3 años, dejándose de complejos con las clases medias.

Programa. Se hace necesario definir un horizonte programático con los sectores y organizaciones sociales. Combinar la hasta ahora más que buena gestión y la ejecución de la Agenda Patriótica 2025 con políticas hechas junto a los movimientos sociales.

Normalidad revolucionaria. Pero dado que la gestión no es sexy, después de 10 años de proceso de cambio hay que pasar de la excepcionalidad utópica a la normalidad revolucionaria. Debemos seguir profundizando el proceso de cambio y construir las bases para avanzar en el proceso revolucionario, comenzando por la formación política de las mayorías sociales.

Revolución ética. Y para profundizar el proceso, es necesario desterrar cualquier indicio de malas prácticas en la gestión pública, y perseguir de manera implacable cualquier atisbo de corrupción entre los servidores públicos o dirigentes políticos del proceso.

Liderazgo. Es imprescindible cerrar filas detrás de la figura de Evo Morales, líder insustituible de la revolución democrática y cultural boliviana. En 2018, a un año de las elecciones se decidirá quienes conforman el binomio y habrá que asegurarel apoyo de todas y todos los militantes del proceso para garantizar al menos el 50% de voto duro que permita ganar las elecciones y por qué no, preparar el terreno para el regreso de Evo como Presidente en 2025.

Es claro que se han cometido errores durante la campaña, errores que han impedido ganar el referéndum, pero el voto duro que no ha variado prácticamente desde el 54% que permitió ganar las elecciones en diciembre de 2005 y tras 10 años de gestión de gobierno, debería servir de pértiga con la que superar todos los obstáculos que la derecha boliviana y el imperialismo vayan colocando al proceso de cambio durante los 3 próximos años. Algunas conquistas del proceso de cambio son ya irreversibles, no hay más que ver como la oposición racista y xenófoba que atacaba la Asamblea Constituyente golpeando y humillando a las hermanas y hermanos campesinos e indígenas, se ha convertido en la mayor defensora de una Constitución que consagra los derechos sociales, políticos y económicos de las mayorías sociales. El pueblo boliviano ha votado No a la repostulación, pero eso no implica un Sí al retorno del neoliberalismo, sobre todo después de las enseñanzas que se extraen de la experiencia argentina. Es necesario impedir que la derecha se apropie, y resignifique la idea del cambio, es necesario priorizar las políticas sociales para el sujeto del cambio, y generar políticas comunicacionales para las clases medias y la juventud. Si corregimos estos errores, el proceso de cambio se profundizará y los intentos de la derecha, a veces con la complicidad de la izquierda lightberal, se verán frustrados definiendo un horizonte que cuanto menos, se extiende hasta 2025. En definitiva, y como escribió Hugo Moldiz en Twitter el 24 de febrero, con Evo convertiremos la derrota táctica en victoria estratégica.

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSur, 28 de febrero de 2016 en el siguiente enlace: Bolivia post referéndum: De la derrota táctica a la victoria estratégica