La República de Weimar, Trump y el desencanto con las democracias

A la izquierda, Alfred Rosenberg junto a Adolf Hitler y Friedrich Weber, durante el Putsch de Múnich, en noviembre de 1923 CreditKeystone/Getty Images.


HAMBURGO — Los alemanes nunca podremos liberarnos del trauma de nuestra historia reciente. Y eso no podría ser más actual si tomamos en cuenta el estado de nuestro continente y lo sucede al otro lado del Atlántico. Hay muchas diferencias entre lo que sucedió aquí en la década de los treinta del siglo pasado y lo que sucede ahora.

Está claro que Donald Trump o Norbert Hofer en Austria no son Adolf Hitler.

Pese a esto, la forma en que Alemania se deslizó hacia una forma peculiar de autoritarismo en el periodo de entreguerras muestra cómo las democracias liberales pueden girar, de repente, hacia posiciones contrarias al liberalismo.

Si obviamos el debate que propone que el ascenso del nazismo era algo que los alemanes llevaban marcado en su idiosincrasia, es posible identificar cuatro factores que llevaron al país a rechazar la República de Weimar, la democracia parlamentaria y constitucional posterior al Tratado de Versalles y la primera Gran Guerra: crisis económica, pérdida de confianza en las instituciones, una sensación de humillación en la sociedad y una serie de errores políticos.

En cierto modo, todo eso está presente en las actuales democracias occidentales.

El colapso de la Bolsa en 1929, conocido como el “Black Friday”, produjo una depresión económica global. Las cosas iban mal en Estados Unidos pero en Alemania estaban peor. La producción industrial bajó a la mitad en tres años, la Bolsa perdió dos tercios de su valor, la inflación y el desempleo subieron por las nubes y el gobierno de Weimar, que ya no gozaba de la estima de los alemanes, parecía que no ofrecía una alternativa.

Todo eso sucedió mientras los valores y tradiciones cambiaban por la modernización que se produjo en la década de los veinte. Las mujeres empezaron a trabajar, estudiar, votar y dormir con quien quisieran.

Eso aumentó la brecha cultural entre los trabajadores y la clase media más conservadora y una vanguardia cosmopolita en la política, economía o el arte que llegó a su punto máximo en el momento del desastre económico. La población culpó a las élites por el caos resultante y las masas reclamaron una mano de hierro que volviera a imponer el orden.

Hay gente que cree que Hitler se coló en Alemania, que casi nadie comprendió la amenaza que suponía. De hecho, muchos políticos de los partidos tradicionales reconocieron que era un peligro pero no supieron cómo detenerlo.

Algunos no querían hacerlo: los conservadores o la nobleza pensaron que podía ser su tonto útil y que sería limitado como canciller por ministros más razonables. Franz von Papen, un noble que ejerció como su primera mano derecha, dijo de él: “Lo hemos contratado”.

Al mismo tiempo, ni siquiera el riesgo inminente de una dictadura fascista pudo convencer a la izquierda de la necesidad de unidad. En lugar de buscar la conciliación para defender el interés nacional, Ernst Thälmann, líder del partido comunista de Alemania en aquella época, llamó a los socialdemócratas “el ala moderada del fascismo”. Queda claro por qué no fue difícil que Hitler uniera a amplios sectores de la sociedad alemana.

¿Estamos en un momento similar al de la República de Weimar?

La crisis económica de 2008 y la recesión global que produjo no fueron, ni de cerca, tan dolorosas como la depresión de aquella época. Pero sus consecuencias sí son similares.

El crecimiento de principios de este siglo logró que estadounidenses y europeos creyeran en la fortaleza de sus economías por lo que la crisis de los bancos, el mercado inmobiliario y los gobiernos dejaron a millones de personas enfadadas con las instituciones que les habían fallado, sobre todo con los políticos a cargo de la situación.

Los votantes se preguntan por qué los gobiernos permitieron que los banqueros se comportaran como criminales. También se preguntan por qué salvaron a los bancos en vez de rescatar a las fábricas de autos. O qué les lleva a recibir a millones de migrantes. Se preguntan si hay leyes diferentes para la élite que se rige por una cosmovisión hipermoderna y liberal que ve con desdén a la clase trabajadora, que desprecia sus valores y los ve como gente poco hábil.

En Estados Unidos y Europa el ascenso de movimientos políticos de ruptura es síntoma de un cambio cultural que se enfrenta a la posmodernidad globalizada, así como en el periodo de entreguerras se rechazó a la modernidad.

La acusación más común de “las masas” es que la democracia liberal ha ido demasiado lejos, que se ha convertido en una ideología que solo le sirve a la élite a expensas de todos los demás. Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en Francia, llama a la gente normal les invisibles et les oubliés, los invisibles y los olvidados.

Por supuesto que no estamos en 1933. Ahora las instituciones democráticas son mucho más estables. Pero el poder de la nostalgia no depende de la época. Por eso, y pese a las diferencias, vivimos un momento similar en las democracias occidentales.

Es fácil decir que la gente tiene que aceptar la realidad y esforzarse por lograr reformas prácticas pero los partidos tradicionales ni siquiera han hecho eso, al menos no de una forma creíble. Lo que hacen es enfrentarse entre ellos. Y eso permite que el ascenso de líderes demagogos sea visto como una solución y no como un problema.

Trump no es Hitler, pero eso no es lo que importa. Hoy, al igual que en el periodo de entreguerras, vemos que el liberalismo no es capaz de responder a los problemas que se plantean.

Ni siquiera a los que cuestionan su propia existencia.

Este contenido ha sido publicado originalmente por NY Times, el 1 de junio de 2016 en el siguiente enlace:  http://www.nytimes.com/es/2016/06/01/la-republica-de-weimar-trump-y-el-desencanto-con-las-democracias/

Anuncios

Hace 200 años Simón Bolívar decretó la libertad de los esclavos

La acción cambió el escenario de la guerra de independencia a favor del Ejército Patriota
El decreto de El Libertador constituyó el primer intento de abolir la esclavitud en Venezuela. Más tarde el presidente de ese país, José Gregorio Monagas, lo aprobó.

El 2 de junio de 1816 Simón Bolívar decretó la libertad absoluta a todos los esclavos que se alistaron en las filas del Ejército Patriota (EP), conjunto de milicias que luchó en las guerras de independencia de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela contra el imperio español.

Esta medida constituyó el primer intento de eliminación de la esclavitud en Venezuela y significó el reconocimiento de la participación de los negros, pardos e indios en el EP. La acción cambió el escenario de la guerra de independencia a su favor.

La parte sustantiva del decreto decía que  “…la justicia, la política, y la Patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza, he venido en decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados…”.

Resistencia imperial al decreto 

En 1819, tres años más tarde en el célebre Discurso de Angostura, El Libertador actuando como jefe supremo de la República solicitó al Congreso que decretara la abolición de la esclavitud, pero los intereses de los dueños de los esclavos se impusieron sobre la justicia que demandaba la libertad de los miles de hombres y mujeres desarraigados de manera violenta de su natal África.

El artículo 54 de la Carta Magna de la República Bolivariana de Venezuela establece: “Ninguna persona podrá ser sometida a esclavitud o servidumbre. La trata de personas y, en particular, la de mujeres, niños, niñas y adolescentes en todas sus formas, estará sujeta a las penas previstas en la ley”.

“Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela”

El objetivo del decreto se materializó 38 años después. El 24 de marzo de 1854 el presidente José Gregorio Monagas autorizó el ejecútese a la ley que en uno de sus artículos señala: “Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela”.

Con el decreto, El Libertador cumplió la promesa que le hizo a su amigo y protector en Haití, Alejandro Petión, de otorgarle la libertad a todos esos hombres y mujeres traídos por la fuerza desde África a  América.

El dato: Uno de los precursores de esta lucha fue Francisco de Miranda, conocido como el Primer Venezolano Universal, quien años previos ya contemplaba la importancia de enfilar a los afrodescendientes en el EP.

Alerta en el Sur: El Pentágono instalará bases en la Tierra del Fuego y la Triple Frontera

Justo en el momento en que se intensifica la ofensiva económica, política, diplomática y mediática en la región para sacar de escena a gobiernos progresistas y antiimperialistas, los presidentes de Estados unidos, Barack Obama, y de Argentina, Mauricio Macri “afianzan relaciones militares”

Diversos medios locales argentinos han dado a conocer que tras un “relanzamiento de las relaciones militares” entre EEUU y Argentina, ahora bajo el control de la centro derecha neoliberal representada en Mauricio Macri, el Pentágono prepara la instalación de dos bases militares en territorio argentino: al norte del país, en la Triple Frontera, que comparte con Brasil y Paraguay, y otra al sur, en la ciudad de Ushuaia, capital de la provincia de Tierra del Fuego.

El Ministerio de Defensa argentino, informó a mediados de mayo, que una delegación integrada por el viceministro de Defensa, Ángel Tello, quien asesora al ministro Julio Martínez como secretario de Estrategia y Asuntos Militares,el secretario de Servicios Logísticos para la Defensa y Coordinación en Emergencias, Walter Ceballos, viajó la sede del Pentágono para reunirse Rebecca Chávez, secretaria adjunta de Defensa de EEUU para la región, a fin de dar forma a los puntos en materia de cooperación militar acordados por Macri y Obama durante la visita oficial del mandatario estadounidense a Buenos Aires.

“VOLVER AL MUNDO” E INTERESES COMPARTIDOS

Tras el encuentro, Tello indicó a los medios : “procuramos retomar una instancia política que era habitual en la relación entre Argentina y EEUU. Es parte del objetivo de volver al mundo que fijó el presidente Mauricio Macri”.

Se ha avanzado en recomponer las relaciones bilaterales rotas desde el año 2009″, resaltó Tello y añadió que “en el campo de la defensa hay intereses compartidos en el trabajo y voluntad conjunta en próximas misiones de paz”.

Tello detalló que “a lo largo de las distintas reuniones trabajamos mucho en materia de colaboración frente a emergencias humanitarias y catástrofes naturales, misiones de Paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la preocupación de ambos países frente a la amenaza terrorista, la formación de efectivos militares que volverán a participar de cursos apoyados por Estados Unidos después de varios años, y la agenda de la próxima reunión de ministros de defensa del continente en octubre en Trinidad y Tobago”.

DIAMETRALMENTE OPUESTOS

Esta actitud de abrir los brazos a una alianza militar con EEUU, que resulta más estratégica para el norte que para el Sur, es diametralmente opuesta a al que asumió el anterior gobierno progresista. Es necesario recordar que en 2012, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner impidió la instalación de una base del Comando Sur en la provincia de Chaco argentino, anulando un convenio que el gobernador Jorge Capitanich, suscribió con representantes diplomáticos y militares estadounidenses, para supuestamente establecer un centro de ayuda humanitaria a fin de enfrentar catástrofes naturales o epidemias.

El actual gobierno argentino se ha manifestado satisfecho con este reimpulso de relaciones entre la Casa Rosada y el Pentágono pues permitirá el “ reequipamiento y promoción de intereses compartidos en el campo de la defensa, y una apertura a grandes posibilidades de trabajo conjunto”.

De este modo, se contempla la edificación de una base militar logística en Ushuaia para la operación de buques y aviones destinados a “estudios científicos” en el denominado Polo Logístico Antártico.

Sin embargo, analistas han señalado que desde esa zona cercana a la Antártida, pueden controlarse geoestratégicamente las rutas de interconexión intercontinental entre África y América y los océanos Pacífico, Atlántico e Índico. Por tanto, el interés probablemente no sea científico sino más bien militar, sin considerar que el área también representa parte de la más grande reserva de agua congelada del planeta.

Además de compartir información meteorológica y satelital, sin duda esta infraestructura tiene características de un centro de movilidad estratégica para una eventual movilización de tropas marítima y aérea.

Según declaró el mismo Tello, “acordamos estudiar la transferencia de alguno de los buques de desembarco de blindados que la Armada estadounidense o el cuerpo de marines ya hayan dado de baja; se trata de buques que más allá de sus características bélicas facilitan el traslado y desembarco de entre 30.000 y 40.000 toneladas de carga”.

“Respecto de la participación argentina en las misiones de Paz coordinadas por la ONU, EEUU está dispuesto a prestar apoyo logístico a la Argentina que ya asumió el compromiso junto a Chile de desplegar la fuerza binacional ‘Cruz Del Sur’ para la fase final de la pacificación de Colombia donde por ahora el objetivo sería enviar efectivos que actúen como veedores del desarme y desminado aunque todo eso está atado a la forma que adquiera el tratado final entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”, que se negocia desde hace más de tres años en Cuba”, agregó el viceministro y asesor.

CERCO EN EL SUR

Con estas dos bases, EEUU aumenta su presencia en Suramérica, donde ya cuenta virtualmente con 11 bases o puestos militares en Colombia, lo que reforzaría su hegemonía militar en el Continente al sumar las instalaciones con las que cuenta en Centroamérica y el Caribe. Ya la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene una base en las islas Malvinas, donde el Reino Unido tiene planes incluso de usar submarinos nucleares, lo que ha generado gran polémica.

Con la base en la Triple Frontera, la intención es tener bajo control el acuífero Guaraní, la reserva de agua potable más significativa de la tierra. Activistas en contra de las bases militares estadounidenses en Argentina, han advertido que no se descarta que insistan, con esta “nueva hermandad”, en retomar el proyecto de Chaco, con lo que serían ya tres puntos de “cooperación militar” con posible presencia de tropas y personal estadounidenses.

La base de Ushuaia solo distará una hora y 45 minutos de Puerto Williams, en Chile a una hora y 45 minutos, cruzando el Canal Beagle a 30 millas náuticas, es decir unos 55 kilómetros, reseñó el portal Rosarionet, que indicó en la misma nota que se espera un pronunciamiento del gobierno chileno al respecto.

En recientes declaraciones a la multiestatal Telesur, Elsa Bruzzone, del Centro de Militantes para la Democracia Argentina (CEMIDA), alertó que “la Antártida es la mayor reserva de agua dulce congelada en el mundo. Justamente en ese sector es donde nos disputamos soberanía Argentina, Chile y Gran Bretaña. En la Península Antártica se encuentran los mayores yacimientos de hidrocarburos de la región y hay minerales altamente estratégicos que son indispensables para la industria militar y la aeroespacial. El objetivo de EEUU es obtener el control de todos nuestros recursos naturales”.

El imperialismo conoce que, como lo han advertido numerosos analistas, si las guerras de hoy son por petróleo, en menos de un siglo, lo serán por el agua potable, recurso que se torna cada vez más escaso a consecuencia de la contaminación industrial y del cambio climático.

RECOLONIZAR

El imperialismo estadounidense revive con Obama, la Doctrina Monroe que consideró a América Latina y el caribe “su patio trasero”. EEUU busca no sólo el saqueo de los recursos energéticos, minerales y de biodiversidad, sino además minimizar la actuación de movimientos sociales que puedan generar cambios contrahegemónicos como los que se han producido en la región tras el inicio de la revolución Bolivariana, en 1998, con el comandante Hugo Chávez a la cabeza de un proceso de liberación continental, que tuvo su época de esplendor con al creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Petrocaribe, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC), que hoy se encuentra en peligro con la contraofensiva neoliberal y el Decreto de Obama sobre Venezuela.

Estrechar vínculos con gobiernos de derecha que resurgen en Brasil y Argentina, permitirá al Pentágono crear nuevas instalaciones o recuperar y repotenciar las que se encuentran en desuso para garantizar la presencia de tropas estadounidenses en prácticamente todo el hemisferio, lo que le garantizaría recursos y posiciones estratégicas para literalmente dominar el mundo.

T/Modaira Rubio
F/Archivo
I/Loayza

 

Este contenido ha sido publicado originalmente Correo del Orinoco GBV, 31  de mayo  de 2016 en el siguiente enlace: http://www.correodelorinoco.gob.ve/tema-dia/pentagono-instalara-bases-tierra-fuego-y-triple-frontera/

Nuestra América [Ensayo: Texto completo.] José Martí

 

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.

A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre?, ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos “increíbles” del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!

Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.

Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras ésta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con la mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las Universidades los gobernantes, si no hay Universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages: porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.

Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota-de-potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra, desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella, entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de uno sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.

Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen- por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.

Pero “estos países se salvarán”, como anunció Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja, y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide “a que le hagan emperador al rubio”. Estos países se salvarán, porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.

Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego del triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Cómo somos?” se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Danzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se entra por la hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.

De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una bomba de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o el que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas.  Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Zemí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!

 

-La Revista Ilustrada de Nueva York – 10 de enero de l891
-El partido liberal – México – 30 de enero de 1891

 

Este contenido ha sido publicado originalmente por Ciudad Seva en el siguiente enlace: http://www.ciudadseva.com/textos/otros/nuestra_america.htm

Nuestra América: El mensaje de Martí para Latinoamérica

En 1831 Nuestra América de José Martí fue publicado mostrando la visión del autor sobre esa América mestiza llamándola a integrarse en una sola nación para defender su soberanía de la amenaza de Estados Unidos y Europa.

Nuestra América de José Martí fue publicada en el año 1831, en la obra el prócer cubano define con claridad, los problemas fundamentales de Latinoamérica

En los once párrafos de la obra, el apóstol de la independencia de Cuba llama a la unión de los pueblos de Latinoamérica contra la amenaza de los Estados Unidos, a la defensa de la soberanía de los pueblos de la región y a la independencia de España.

Nuestra América es un análisis acerca de la problemática continental y las perspectivas para sus soluciones. Para José Martí la clave del enigma latinoamericano no radicaba,en la incapacidad racial, cultural o histórica de esos países para dejar atrás el modelo del colonialismo, sino en la decisión de asumir en las repúblicas criollas las formas de organización política y social provenientes de europa occidental y Estados Unidos.

Jóvenes cubanos se educan en las ideas de José Martí

En el histórico ensayo Jose Martí propone una transformación de la región para recuperar su autoctonía como para injertar al mundo en ella y poder asegurar así su independencia y desarrollo verdaderos.

En Nuestra América el prócer cubano busca crear conciencia entre las naciones latinoamericanas y llama a sentirse orgullo de sus orígenes para enfrentarse a las ideas de aquellos que se avergüenzan de sus raíces.

A pesar de ser un ensayo, Nuestra América significó una nueva manera de ver los problemas de la región en la época de Martí y un llamado a la defensa de la identidad nacional.

Ante la nueva arremetida de la derecha internacional y Estados Unidos contra los gobiernos de avanzada en Latinoamérica, el mensaje de José Martí expresado en Nuestra América siguen vigente en la lucha de los pueblos contra el imperialismo.

Este contenido ha sido publicado originalmente teleSur, 1 de junio de 2016 en el siguiente enlace: http://www.telesurtv.net/news/Nuestra-America-El-mensaje-de-Marti-para-Latinoamerica-20160601-0024.html