Carta urgente para la América del Sur

Es estrategia dura y pura, sobre la región, contra los gobiernos nacionales, populares y democráticos y sobre sus lideres políticos.

Rio Gallegos. Hoy por la mañana al abrir mi correo, un mail: Mensagem urgente do Ex-presidente Lula a  ex-presidenta de la República Argentina Cristina Fernández de Kirchner.

Desde San Pablo, Brasil, nuestro entrañable amigo: Luiz Inácio Lula da Silva, me escribe…

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Este contenido ha sido publicado originalmente por CFK Argentina, el 29  de agosto  de 2016, en el siguiente enlace: http://www.cfkargentina.com/carta-urgente-para-la-america-del-sur/

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Carta abierta de Lula da Silva al presidente Nicolás Maduro

Luiz Inácio Lula da Silva en su carta dirigida al presidente venezolano denuncia el golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff y el golpe contra el pueblo brasileño a través del saboteo y la conspiración de la derecha de ese país.

Caracas 29 de agosto de 2016.- El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva envió una misiva al Primer Mandatario venezolano, Nicolás Maduro, donde expresa los lazos fraternos y de lucha de ambos países comandados por el Partido de los Trabajadores , así como la unidad y el compromiso construida por los gobiernos progresistas de Brasil y Venezuela.

Lula da Silva indicó que seguirá fortaleciendo los lazos de amistad con el Gobierno venezolano en la búsqueda de “construir un mundo sin guerras, sin hambre, y con más prosperidad y justicia para todos”.

 

Luiz Inácio Lula da Silva

Ex-Presidente da República Federativa do Brasil

Ao Excmo. Señor Nicolás Maduro

Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

São Paulo, 26 de agosto de 2016.

Estimado amigo Nicolás Maduro,

Me dirijo a Ud. para informarle sobre la gravísima situación política e institucional que vive Brasil, país que tuve el honor de presidir de 2003 a 2010.

Me tomo la libertad de escribirle en nombre del respeto y la amistad existente entre nosotros y por los cuales tanto le agradezco.

Me enorgullezco de haber conseguido, a pesar de la complejidad inherente a las grandes  democracias y de los problemas crónicos de Brasil, unir a mi país alrededor de un proyecto de desarrollo económico con inclusión social que nos hizo dar un verdadero salto histórico en lo que se refiere a crecimiento productivo, generación de empleos, distribución de renta, combate a la pobreza y ampliación de las oportunidades de educación.

Por medios pacíficos y democráticos fuimos capaces de sacar al Brasil del mapa del hambre en el mundo elaborado por la ONU, liberamos de la miseria a más de 35 millones de personas que vivían en condiciones inhumanas y elevamos la renta y el consumo de otros 40 millones de ellas, en el mayor proceso de movilidad social de nuestra historia.

En 2010, como se sabe, fui sucedido por la Presidenta Dilma Rousseff, también del Partido de los Trabajadores, que había dedicado su vida a la lucha contra la dictadura militar, en favor de la democracia y de los derechos de la población pobre de nuestro país.

A pesar de enfrentar un escenario económico internacional adverso, la Presidenta Dilma consiguió mantener al país en el rumbo del desarrollo y consolidar los programas sociales emancipadores, prosiguiendo en la reducción de las enormes desigualdades materiales y culturales todavía existentes en la sociedad brasileña.

En 2014, la Presidenta Dilma fue reelegida con 54 millones de votos, derrotando a una poderosa coalición de partidos, empresas y medios de comunicación que predicaba el retroceso histórico del país con la reducción de importantes programas de inclusión social, la supresión de derechos básicos de las clases populares y la enajenación del patrimonio público construido con el sacrificio de innumerables generaciones de brasileños.

La coalición adversaria, vencida en las urnas en 2002, 2006, 2010 y 2014, no se conformó con la derrota y desde la proclamación del resultado buscó impugnarlo por todos los medios legales, sin obtener éxito.

Pero, una vez agotados los recursos legales, en lugar de acatar la decisión soberana del electorado, volviendo a su legítimo trabajo de oposición y preparándose para disputar la próxima elección presidencial, como siempre lo había hecho el PT en las elecciones que perdió, los partidos derrotados y los grandes grupos de medios se rebelaron contra las propias reglas del régimen democrático, comenzando a sabotear al gobierno y a conspirar para apoderarse del poder por medios ilegítimos.

Durante todo el año 2015, torpedearon de manera sistemática los esfuerzos del gobierno para redefinir la política económica en el sentido de resistir al creciente impacto de la crisis internacional y recuperar el crecimiento sostenible. Crearon un clima artificial de callejón sin salida política e institucional, con efectos profundamente dañosos sobre la vida del país, contaminando el ambiente de negocios, dejando inseguros a productores y consumidores, constriñendo las decisiones de inversión. En su afán de inviabilizar el gobierno, apostaron contra el país, llegando incluso a aprobar en el parlamento un conjunto de medidas derrochadoras e irresponsables destinadas a comprometer la estabilidad fiscal.

Finalmente, no titubearon en desencadenar un proceso de impeachment inconstitucional y completamente arbitrario contra la Presidenta de la República.

Dilma Rousseff es una mujer íntegra, cuya honradez personal y pública es reconocida incluso por sus adversarios más reñidos. Nunca fue, ni está siendo, acusada de ningún acto de corrupción. Nada en su acción gubernamental puede justificar, ni tan siquiera remotamente, un proceso de anulación del mandato que el pueblo brasileño libremente le concedió.

La constitución brasileña es categórica en ese sentido: sin la existencia de crimen de responsabilidad no puede haber impeachment. Y no hay ningún acto de la Presidenta Dilma, absolutamente ninguno, que pueda caracterizarse como crimen de responsabilidad.

Los procedimientos contables utilizados como pretexto para la destitución de la Presidenta son idénticos a los adoptados por todos los gobiernos anteriores y por el propio vicepresidente Michel Temer en las ocasiones en que él sustituyó a la Presidenta por motivos de viaje. Nunca constituyeron motivo de penalización de los gobernantes ni mucho menos una justificativa para derribarlos. Se trata, por lo tanto, de un proceso estrictamente político, que viola abiertamente la Constitución y las reglas del sistema presidencialista, en el cual es el pueblo quien elige directamente al Jefe del Estado y de Gobierno cada cuatro años.

Las fuerzas conservadoras quieren obtener por medios turbios aquello que no consiguieron democráticamente: impedir la continuidad y el avance del proyecto de desarrollo e inclusión social liderado por el PT, imponiendo al país el programa político y económico derrotado en las urnas. Quieren a todo costo comandar el Estado para apoderarse del patrimonio nacional, como ya empieza a suceder con las reservas petrolíferas en aguas profundas, así como desarmar la red de protección a los trabajadores y a los pobres que fue ampliada y consolidada en los últimos trece años.

Las mismas fuerzas que intentan arbitrariamente derribar a la Presidenta Dilma e implantar su agenda antipopular, también quieren criminalizar los movimientos sociales y, principalmente, uno de los mayores partidos de izquierda democrática de América Latina, el PT. Y no se trata de una mera retórica autoritaria: el PSDB, principal partido de oposición, ya presentó formalmente una propuesta de cancelación del registro del PT, con el objetivo de prohibir su existencia. Temen que en 2018, en elecciones libres, el pueblo brasileño pueda elegirme Presidente de la República, para rescatar el proyecto democrático y popular.

La lucha contra la corrupción, que es un azote secular en Brasil y en tantos otros países y que debe ser combatida de forma permanente por todos los gobiernos, fue distorsionada y transformada en una implacable persecución política y de los medios de comunicación contra el PT. Las denuncias contra líderes de partidos conservadores son sistemáticamente silenciadas y archivadas, mientras que acusaciones semejantes a cualquier personalidad del PT pasan a ser de inmediato, al margen del debido proceso legal, una condenación irrevocable en la mayor parte de los medios de comunicación.

La verdad es que el combate a la corrupción en Brasil pasó a ser mucho más vigoroso y eficaz a partir de los gobiernos del PT, con el respeto que antes no existía a la plena autonomía del Ministerio Público y de la Policía Federal en el ejercicio de sus atribuciones, la ampliación del presupuesto, de la plantilla de funcionarios y la modernización tecnológica de esas instituciones, la nueva ley de acceso a la información y la divulgación de las cuentas públicas en internet, los acuerdos de cooperación internacional en el enfrentamiento a la corrupción y el establecimiento de penalidades mucho más rigurosas para los corruptos y miembros de organizaciones criminales.

Todos nosotros, los demócratas interesados en el perfeccionamiento institucional del país, apoyamos el combate a la corrupción. Las personas que comprobadamente hayan cometido crímenes deben pagar por ellos dentro de la ley. Pero los jueces, fiscales y policías también están obligados a cumplir la ley y no pueden abusar de su poder contra los derechos de los ciudadanos. Las personas no pueden ser públicamente condenadas (y tener su reputación destruida) antes de la conclusión del debido proceso legal y menos aún por medio de la fuga deliberada de informaciones practicada por las propias autoridades con fines políticos. Una justicia discriminatoria y partidarizada será fatalmente una justicia injusta.

Personalmente, no temo ninguna investigación. Desde que comencé mi trayectoria política y, particularmente en los dos últimos años, tuve toda mi vida pública y familiar invadida: viajes, llamadas telefónicas, sigilo fiscal y bancario; fui objeto de todo tipo de insinuaciones, mentiras y ataques publicados como verdad absoluta por los grandes medios, sin que se haya encontrado ninguna desviación en mi conducta ni prueba de envolvimiento en ningún acto irregular. Si la justicia es imparcial, las acusaciones contra mí nunca prosperarán.

Lo que no puedo aceptar son los actos de flagrante ilegalidad y parcialidad practicados contra mí y mis familiares por autoridades policiales y judiciales. Son inadmisibles las divulgaciones en la televisión de conversaciones telefónicas sin ningún contenido político, la coacción de presos para que hagan denuncias mentirosas contra mí a cambio de su libertad, o la conducción forzada, completamente ilegal, ocurrida el pasado mes de marzo, para dar declaraciones sobre las cuales yo ni tan siquiera había sido notificado.

Por eso, mis abogados interpusieron una representación en el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, relatando los abusos cometidos por algunas autoridades judiciales que quieren, a cualquier costo, eliminarme de la vida política del país.

Mi trayectoria de más de 40 años de militancia democrática, que comenzó en la resistencia sindical durante los años sombríos de la dictadura, continuó en el esfuerzo cotidiano de organizar a la sociedad brasileña desde la base y hacer que tomara conciencia, hasta ser elegido como el primer Presidente de la República de origen obrero, es mi mayor patrimonio y nadie me hará renunciar a él.

Los vínculos de fraternidad que construí con los brasileños y brasileñas, en la ciudad y en el campo, en las favelas y en las fábricas, en las iglesias, en las escuelas y universidades y que llevaron a la mayoría de nuestro pueblo a apoyar el victorioso proyecto de inclusión social y promoción de la dignidad humana, no serán anulados por ningún tipo de arbitrariedad.

De la misma forma, nada me hará renunciar, como lo saben los liderazgos de todo el mundo con los cuales trabajé en armonía y estrecha cooperación, antes y después de mis dos mandatos presidenciales, al compromiso de vida con la construcción de un mundo sin guerras, sin hambre y con más prosperidad y justicia para todos.

Le agradezco de antemano la generosa atención que Ud. ha dedicado a este mensaje y me pongo a su entera disposición, como siempre lo estuve, para cualquier aclaración o reflexión de interés común.

Le reitero mi respeto y amistad y me despido con un saludo fraterno.

Luiz Inácio Lula da Silva

MPPRE
Este contenido ha sido publicado originalmente por Venezolana de Televisión, el 30 de agosto  de 2016, en el siguiente enlace: http://www.vtv.gob.ve/articulos/2016/08/29/carta-abierta-de-lula-da-silva-al-presidente-nicolas-maduro-4334.html

Atilio Borón: América Latina debe prepararse para enfrentar el ataque de EE.UU.

La Paz, 17 ago (ABI).- América Latina debe prepararse social, política y militarmente contra la decadencia imperial que no está dispuesta a renunciar al control de la región porque la considera “un área de seguridad no negociable”, dijo el miércoles el profesor Atilio Borón, en una conferencia magistral que realizó ante más de setenta alumnos de la Escuela Militar Antiimperialista, que fue inaugurada en la mañana por el Presidente Evo Morales en el departamento de Santa Cruz de la Sierra.

    Borón, que llegó al país para realzar el inicio de actividades de este centro de estudios especializados en temas de soberanía nacional, es un politólogo y sociólogo argentino, de orientación marxista con clara convicción antiimperialista en defensa de la soberanía del continente latinoamericano.

    Tras la inauguración de la Escuela Militar Antiimperialista, Borón fue el encargado de dictar la primera conferencia magistral a los alumnos de este instituto castrense y, en su alocución, advirtió que Estados Unidos no dudará en utilizar todos los recursos a su alcance para evitar que en América Latina se consolide la unidad regional en función a proyectos políticos soberanos.

    “La situación actual del imperialismo es tremendamente delicada. Está en crisis pero esto no debe hacernos bajar la guardia y pensar que porque está en crisis va a ser menos agresivo o menos violento. Al contrario, la historia nos demuestra que la fase más violenta de los imperios es aquella en la que empieza su decadencia”, aseguró el profesor.

    “Debemos prepararnos social, política y militarmente porque Estados Unidos no va a entregar así por así un territorio que ellos consideran parte de su identidad nacional”, agregó.

    Para sustanciar su tesis, Borón recordó que asistió a la presentación del libro El Gran tablero mundial, de Zbigniew Bewzezinski, politólogo estadounidense que fue Consejero de Seguridad Nacional de casi todos los gobiernos norteamericanos de las últimas décadas, en la que el autor del libro habló de todas las regiones del planeta, pero obvió referirse a América Latina.

    “Cuando le pregunté la razón de esa omisión, me contestó lo siguiente: Ustedes deben entender que América Latina es para nosotros un capítulo de la política doméstica de Estados Unidos que no estamos dispuestos a discutir con nadie. No hablo en el libro de América Latina como no hablo de California, Nuevo México o Nueva York. América Latina es un área de seguridad no negociable por parte de Estados Unidos”, puntualizó.

    “Esta confesión impresionante y muy esclarecedora revelaba algo que los latinoamericanos debemos tener grabado en nuestro cerebro. Según Estados Unidos estamos predestinados por la providencia a ser su furgón de cola. Todas las doctrinas militares de Estados Unidos insisten en que su seguridad nacional depende de lo que ellos llaman la gran isla americana, desde Alaska hasta  Argentina, un territorio que debe ser políticamente compacto y donde no debe haber gobiernos que establezcan fisuras, porque eso es una amenaza muy seria a su seguridad”, aseguró el académico.

    Y eso es, precisamente, lo que se ha puesto en cuestión con los procesos progresistas que han sucedido en América Latina.

    “Este cambio arranca con el triunfo del presidente Hugo Chávez en Venezuela y se extiende por todo el continente. América Latina entró en rebelión. Líderes importantísimos como Hugo Chávez, Evo Morales, José Ignacio Lula, Rafael Correa y otros entran en el escenario y cambiaron el mapa geopolítico internacional”, poniendo en duda el proyecto hegemónico que Estados Unidos acariciaba, remarcó Borón, citado en un boletín institucional.

    Hoy, los latinoamericanos “vemos cómo la situación del imperio es muy delicada, porque se acabó el escenario bipolar y tiene rivales muy fuertes como Rusia, China e India y por otro lado aliados cada vez más débiles en la Unión Europea”, puntualizó el politólogo y aseguró que, en ese marco, el imperio estará dispuesto a utilizar cualquier estrategia, como la contratación de mercenarios, contribuyendo a fenómenos como el surgimiento del Estado Islámico o la crítica situación de Ucrania o la imposición de tratados comerciales para disfrazar sus objetivos militares y geopolíticos, para evitar que su dominio sea cuestionado.

    “El objetivo del Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es establecer un acuerdo ultraneoliberal para aislar a China del contexto internacional y la Alianza del Pacífico es un acuerdo para debilitar la presencia de ese país y de Rusia e India en América Latina”, a pesar de que este tipo de acuerdo sería “suicida para nuestros países”, explicó Borón y agregó que el peor error de la región sería “asumir como propia la agenda de Estados Unidos”.

    ¿Cuál sería, entonces, la mejor estrategia para América Latina? Según Borón, consolidarse como un territorio de paz, neutralizar la guerra cultural que promueve el país del norte consagrando la idea de que Estados Unidos es el país modelo al que debemos imitar porque cualquier modelo alternativo es retrógrado y reafirmar la unión latinoamericana antiimperialista, como planteaban el Libertador Simón Bolívar y el Comandante Hugo Chávez.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Consulado de Bolivia, el 18 de agosto  de 2016, en el siguiente enlace:  http://www.consuladodebolivia.com.ar/2016/08/18/atilio-boron-america-latina-prepararse-enfrentar-ataque-ee-uu/

Dilma: la historia la absolverá

Por Juan Manuel Karg

El discurso de la presidenta suspendida Dilma Rousseff ante el Senado de Brasil irá directo a los libros de historia, independientemente de la resolución a la que llegue este parlamento abiertamente conservador. En una especie de “la historia me absolverá” -parafraseando a Fidel Castro- versión Brasilia 2016, Dilma habló como una estadista de fuste, con la solidez que solo pueden dar décadas de hacer política, tanto en escenarios favorables como adversos.

Hizo una recuperación de esa trayectoria militante de punta a punta.“Entre mis defectos no está la deslealtad y la cobardía” anunció al comienzo, describiendo su lucha contra la dictadura. “De eso tengo orgullo” siguió, para luego decir que no sería ahora, casi a sus setenta años, cuando cambiaría esta conducta ética que fue precisamente la que la hizo ingresar en la política.

“Lo que está en juego en el proceso de impeachment no es solamente mi mandato. Lo que está en juego es el respeto a las urnas, a la voluntad soberana del pueblo brasileño y a la constitución” fue una de sus frases más certeras, al punto de quedar rebotando por horas en los titulares que cubrieron la jornada desde los medios de comunicación de todo el mundo. Tras ello fue directo al grano nuevamente, al decir que “estamos a un paso de la consumación de una grave ruptura institucional. Estamos a un paso de que se concrete un verdadero golpe de Estado”. Antes había reconocido errores de gobierno, aunque siempre haciendo hincapié en la “injusticia” de la situación.

El final estuvo a la altura del desarrollo previo. “Solo temo a la muerte de la democracia, por la cual muchos de nosotros luchamos con el mejor de nuestros esfuerzos” afirmó la oriunda de Belo Horizonte. Luego, con mayor espontaneidad, respondió preguntas de los senadores allí presentes. Dejó trascender que después de la votación podrá recurrir al Supremo Tribunal Federal, en caso de un -previsible- resultado adverso.

En las gradas la escuchaban Luiz Inácio Lula da Silva, Chico Buarque y dirigentes del Movimiento Sin Tierra (MST) y Sin Techo (MTST), todos concientes de estar viviendo un acontecimiento histórico. De esos “históricos” no agradables, de los cuales los pueblos de América Latina bien conocen sus consecuencias. De esos “históricos” que dejan marcas, pero que asimismo clarifican de que lado de la historia está cada uno.

Más temprano que tarde, la historia de Brasil y América Latina absolverá a Dilma, tal como sucedió con João Goulart, quien sufriera el golpe de 1964, también avalado por los mismos medios de comunicación. A Temer, Cunha y la banda de forajidos que tomó el poder sin un voto, y que además pretende atrincherarse hasta 2018 aún cuando gran parte de los brasileños pide ir a las urnas, no hay -ni habrá- historia que los avale.

Por Juan Manuel Karg

Politólogo UBA / Analista Internacional