Dilma: crimen de la traición

Por Cuauhtémoc Cárdenas

Estamos a horas de que se consume un crimen: la imposición de la traición sobre la lealtad, la ilegitimidad sobre el derecho, la corrupción sobre la honradez, la delincuencia sobre la honorabilidad, que eso y más representa la destitución de Dilma Rousseff como presidente constitucional de Brasil.

El lunes 29 de agosto, y el martes 30, la presidenta de Brasil ha comparecido ante el Senado, donde la jauría de la oposición, convertida por el golpe de Estado en facción oficial, se ha lanzado y está lanzándose sobre la presidenta con una agresividad y una irritación fingidas, en las que trata de esconder su vergüenza de la traición.

Detrás del golpe de Estado, que se ha encomendado asestarlo a la mayoría del Legislativo, están las oligarquías locales, sus asociados grandes consorcios internacionales, los intereses depredadores que van detrás de los recursos naturales del país y los sectores del entreguismo y la subordinación al imperio, que pretenden la recuperación directa del poder político para proseguir la labor interrumpida por 13 años de gobiernos nacionalistas y democráticos, que acuerpan hoy a un Fernando Henrique Cardoso que al tiempo que se suma a la traición a la legitimidad constitucional y violenta el estado de derecho, traiciona su propia historia y se traiciona a sí mismo en lo que fue y en lo que pudo de bueno ser para su pueblo y para el suelo en el que nació.

Se acusa a Dilma Rousseff de haber emitido tres decretos para supuestamente manipular cuentas públicas entre el 1º de enero de 2011 y el 12 de mayo de 2016, práctica usual en la que incurrieron más de un centenar de veces gobiernos anteriores, sin que ello significara el desvío más mínimo para beneficio personal.

Quienes la acusan, encabezados por el vicepresidente hoy en funciones de presidente, Michel Temer, ellos sí, están señalados como delincuentes, por haber incurrido en comprobados actos de corrupción –según han destacado numerosos medios de información– en el ejercicio de sus funciones públicas, que al derrocar a Dilma y hacerse del poder buscan que éste se convierta en la protección que les brinde impunidad.

Este nuevo crimen contra la democracia y el derecho se está cometiendo ante la complacencia de la comunidad internacional. Los gobiernos de América Latina, salvo honrosas excepciones, con absoluta pasividad observan cómo paso a paso se asesta el golpe, sin ver que ante cualquier desagrado que provoquen al imperio, puede ocurrirles algo semejante.

El pueblo de Brasil está levantándose contra esta agresión a su democracia y al desconocimiento de la voluntad que expresara en 54 millones de votos, está buscando no acabe por romperse la legalidad con los recursos que le otorgan su Constitución, sus leyes y sus experiencias de prácticas democráticas y pacíficas. A quienes en nuestros países aspiramos a transformaciones progresistas y democráticas por medios similares, nos corresponde brindar la más amplia solidaridad a Dilma Rousseff y a quienes con ella luchan en Brasil por la recuperación del camino de la democracia, único que puede conducir a un progreso sostenido y estable.

Este contenido ha sido publicado originalmente por La jornada el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.jornada.unam.mx/2016/08/31/opinion/029a1mun

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Dilma Rousseff: Lucharé incansablemente por restablecer la democracia

La presidenta destituida de Brasil, Dilma Rousseff, llamó hoy en una conferencia de prensa a la unidad y al entendimiento de todos los ciudadanos sin importar la afiliación política, yaseguró que luchará incansablemente por restablecer la democracia en la nación.

“Salgo de la presidencia, sé que no traicioné ni cometí ningún acto ilícito. Salgo con dignidad cargando en el pecho el mismo amor por los brasileños y brasileñas (…) y la misma voluntad de trabajar por la nación”, recalcó la exmandataria.

Rousseff inistió en que con su destitución 61 senadores sustituyeron la determinación de los 54 millones de electores que la votaron para su segundo mandato en 2014, y precisó que no quisiera estar en el lugar de los que se creen vencedores. “La historia será implacables con ellos, como ya ocurrió en décadas pasadas”.

“Queremos que estemos juntos porque aquí hay otro retroceso, otra agenda conservadora y no vamos a detenernos”, pidió Rousseff.

“Es el segundo golpe de Estado que enfrento en la vida. Primero fue el militar (1964), que me afectó cuando era una joven militante; el segundo fue el parlamentario, que me derriba del cargo para el que fui elegida”, recordó Rousseff.

Hoy el Senado tomó una decisión que entra a la historia de las grandes injusticias: escogieron rasgar la Constitución; decidieron interrumpir el mandato de una presidente que no cometió ningún crimen; condenaron a una inocente y consumaron un golpe parlamentario”, denunció como parte de un enérgico discurso.

Rousseff insitió en que el “golpe” fue consumado por políticos acusados de corrupción “que buscan huir de la justicia, tras haber sido derrotados en las últimas cuatro elecciones presidenciales”.

“Es un fraude contra el que recorreremos en todas las instancias posibles, cometido por fuerzas conservadoras y reaccionarias que contaron con el apoyo de sectores de prensa”, dijo.

Asimismo, comentó que el golpe afectará indistintamente a cualquier organización política democrática, a los movimientos sociales y a todos los que luchan por derechos, como derecho al trabajo, a la jubilación justa, a habitación, a la tierra.

“Volveremos, pero no sólo para satisfacer nuestros deseos, sino para culminar nuestra jornada por un Brasil soberano”.

No desistan de la lucha. Escuchen bien: piensan que nos vencieron pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar. Habrá la más determinada, firme y enérgica oposición que un golpista puede sufrir”, afirmó.

(Con información de TelesurTV)

Este contenido ha sido publicado originalmente por Cuba Debate  el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/08/31/dilma-rousseff-luchare-incansablemente-por-restablecer-la-democracia/#.V8h7Elt97IV

Destitución de Dilma Rouseff, atentado contra la democracia en América Latina

El día de hoy se consumó el golpe de Estado parlamentario orquestado por la derecha brasileña en contra de quien fuera electa democráticamente por millones de brasileñas y brasileños, la Presidenta Dilma Rouseff.

Lamentablemente se dio lo que ya esperábamos porque el Senado de Brasil se convirtió en una horda también de confabuladores acusados ellos mismos de corrupción y están haciendo un golpe parlamentario contra una presidenta que ganó con 54 millones de votos en la principal economía de América Latina, es un hecho que debemos de reprobar.

Sin embargo, yo confío mucho en el pueblo de Brasil sé que más pronto que tarde volverán a ganar el poder y que éste hecho indignante de utilizar las instituciones del Estado con venganzas políticas contra la izquierda.

Con este resultado, Michel Temer se afianza en la presidencia de Brasil tras haber traicionado a Rouseff y haber orquestado su destitución. Asimismo, afianza en ese país el enfoque neoliberal de privatizaciones y recortes a programas sociales, mismos que ha llevado a cabo desde que se separó a Rouseff del cargo en mayo pasado.

En este sentido, Temer le apostó a enterrar el enfoque social que imprimieron los gobiernos del PT con Lula da Silva y la propia Rouseff que sacaron de la pobreza a millones de brasileños. Se redujo la inversión para las universidades un 45 por ciento para 2017, se aumentó la edad de jubilación a 65 años, se implementaron medidas que perjudican a los trabajadores y se pretenden privatizar los aeropuertos de Sao Paulo y Río de Janeiro, todo bajo la retórica de la contención del déficit fiscal que asfixia al país, siendo que en el fondo son parte de políticas que van enfocadas a enriquecer al sector de la derecha que apoyó el proceso contra Rouseff.

Asimismo, Temer se enfrenta al descrédito que ha dejado la ola de corrupción en la cual está involucrado junto con algunas de las personas a las que nombró Ministros y que están señalados por su participación en el fraude multimillonario a la petrolera estatal Petrobrás, que lo sitúa en un 13 por ciento de aprobación. Ejemplo de lo anterior es el caso de Romero Jucá, quien fue nombrado ministro de Planificación y presidente del partido de Temer, el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el cual tuvo que renunciar tras darse a conocer un audio donde negocia impunidad a cambio de apoyar el proceso contra Rouseff. En casos similares se encuentran los titulares de Turismo y del Ministerio de la secretaría, Henrique Eduardo Álves y Geddel Vieira Lima respectivamente, quienes han sido señalados de beneficiarse del desfalco a Petrobras.

Este es el panorama que deja para Brasil el golpe de Estado Parlamentario contra Rouseff. Corrupción alarmante en la más alta esfera del Gobierno, despojos, privatizaciones y recortes que mandarán de nuevo a la pobreza a miles de brasileñas y brasileños, misma receta neoliberal que la derecha ha emprendido en nuestro país y que ha generado pobreza, desigualdad e inseguridad.

Nos unimos a la condena internacional que se hace ante este lamentable hecho. Coincidimos plenamente con las posturas que el día de hoy mostraron los Embajadores de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador ante la Organización de Estados Americanos por este atentado flagrante contra la democracia en nuestra querida América Latina.

“La tragedia brasileña”

Por Atilio A. Boron

Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.
Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Brasil en 1964, en Indonesia y República Dominicana en 1965, en Argentina en 1966 y 1976, en Uruguay en 1973, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954? La lista sería interminable.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Atilio Boron.com el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.atilioboron.com.ar/

Y hubo golpe en Brasil

Por Emir Sader
Brasil estaba viviendo una democracia con contenido social, aprobada por la mayoría de la población en cuatro elecciones sucesivas.

El sueño de la derecha brasileña, desde 2002, se ha realizado. No bajo las formas anteriores que ha intentado. No cuando intentó tumbar a Lula en 2005, con un impeachment, que no prosperó. No con los intentos electorales, en 2006, 2010, 2014, cuando fue derrotada. Ahora encontraron el atajo, para interrumpir los gobiernos del PT, aún más cuando seguirían perdiendo elecciones, con Lula como próximo candidato.

Fue mediante un golpe blanco, para el cual los golpes de Honduras y Paraguay han servido como laboratorios. Derrotada en 4 elecciones sucesivas, y con el riesgo enorme de seguir siéndolo, la derecha buscó el atajo de un impeachment sin ninguna fundamento, contando con la traición del vicepresidente, elegido dos veces con un programa, pero dispuesto a aplicar el programa derrotado 4 veces en las urnas.

Valiéndose de la mayoría parlamentaria elegida, en gran medida, con los recursos financieros recaudados por Eduardo Cunha, el unánimemente reconocido como el más corrupto entre todos los corruptos de la política brasileña, la derecha tumbó a una presidenta reelegida por 54 millones de brasileños, sin que se configurara ninguna razón para el impeachment.

Es la nueva forma que el golpe de la derecha asume en América Latina.

Es cierto que la democracia no tiene una larga tradición en Brasil. En las últimas nueve décadas, hubo solamente tres presidentes civiles, elegidos por el voto popular, que han concluido sus mandatos. A lo largo de casi tres décadas no hubo presidentes escogidos en elecciones democráticas. Cuatro presidentes civiles elegidos por voto popular no concluyeron sus mandatos.

No queda claro si la democracia o la dictadura son paréntesis en Brasil. Desde 1930, lo que es considerado el Brasil contemporáneo, con la revolución de Vargas, hubo prácticamente la mitad del tiempo con presidentes elegidos por el voto popular y la otra mitad, no. Mas recientemente,  Brasil tuvo 21 años de dictadura militar, mas 5 años de gobierno de José Sarney no elegido por el voto directo, sino por un Colegio Electoral nombrado por la dictadura – esto es, 26 años seguidos sin presidente elegido democráticamente -, seguidos por 26 años de elecciones presidenciales.

Pero en este siglo, Brasil estaba viviendo una democracia con contenido social, aprobada por la mayoría de la población en cuatro elecciones sucesivas. Justamente cuando la democracia empezó a ganar consistencia social, la derecha demostró que no la puede soportar.

Fue lo que pasó con el golpe blanco o institucional o parlamentario, pero golpe al fin y al cabo. En primer lugar porque no se ha configurado ninguna razón para terminar con el mandato de Dilma. En segundo, porque el vicepresidente, todavía como interino, empezó a poner en práctica no el programa con el cual había sido y elegido como vicepresidente, sino el programa derrotad 4 veces, 2 de ellas teniéndole a él como candidato a vicepresidente.

Es un verdadero asalto al poder por el bando de políticos corruptos más descalificados que Brasil ya ha conocido. Políticos derrotados sucesivamente, se vuelven ministros, presidente de la Cámara de Diputados, lo cual no sería posible por el voto popular, solo por un golpe.

¿Qué es lo que espera a Brasil ahora?

En primer lugar, una inmensa crisis social. La economía, que ya venía en recesión hace por lo menos tres años, sufrirá los efectos durísimos del peor ajuste fiscal que el país ha conocido. El fantasma de la estanflación se vuelve realidad. Un gobierno sin legitimidad popular, aplicando un duro ajuste en una economía en recesión, va a producir la más grande crisis económica, social y política que el país ha conocido. El golpe no es el final de la crisis, sino su profundización.

Es una derrota, la conclusión del período político abierto con la primera victoria de Lula, en 2002. Pero, aun recuperando el Estado y la iniciativa que ello le propicia, la derecha brasileña tiene muy poca fuerza para consolidar a su gobierno.

Se enfrenta no solo a la crisis económica y social, sino también a un movimiento popular revigorizado y al liderazgo de Lula. Brasil se vuelve un escenario de grandes disputas de masas y políticas. El gobierno golpista intentará llegar al 2018 con el país deshecho, buscando impedir que Lula sea candidato y con mucha represión en contra de las movilizaciones populares. El movimiento popular tiene que reformular su estrategia y su plataforma, desarrollar formas de movilización amplias y combativas, para que el gobierno golpista sea un paréntesis mas en la historia del país.

– Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/179880

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSur el 31 de agosto de 2016, en el siguiente enlace: http://www.telesurtv.net/opinion/Y-hubo-golpe-en-Brasil-20160831-0045.html

La mirada

Por: Pablo Gentili | 01 de septiembre de 2016

Fue una tarde de noviembre de 1970 en un centro militar de Río de Janeiro. La dictadura brasileña había comenzado hacía ya seis años, en 1964, con la promesa de reestablecer el orden perdido en apenas un día. Duró dos décadas. Fue una tarde de noviembre, calurosa y pegajosa como todas las tardes de noviembre en Río, pero más aún en ese edificio inmundo y repugnante, donde los militares interrogaban, torturaban y mantenían detenidos clandestinamente a jóvenes activistas, a trabajadores que luchaban por sus derechos, y a todo aquel que pareciera sospechoso de atentar contra ese orden silencioso y espectral que los militares y las oligarquías brasileñas creían haber perdido y prometieron recuperar en un día, aunque se quedaron en el poder dos interminables décadas.

Esa tarde, después de más de 20 días de brutales torturas, Dilma Rousseff fue conducida ante un tribunal militar que la juzgaría por haber defendido la democracia, por haber luchado por la libertad y la justicia en lo que era, y aún sigue siendo, una de las naciones más desiguales del planeta. Tenía 22 años. Al sentarse en una pequeña silla frente a sus acusadores, comenzó a mirarlos fijamente. Uno a uno. De manera firme y directa, sin inmutarse, congelada, pero más viva que nunca. La mirada apuntado a cada uno de sus cobardes verdugos.

Dilma_TribunalDilma Rousseff frente a un tribunal militar, noviembre de 1970.

Quizás fue allí que Dilma aprendió que la mirada es un arma, como la palabra, el arma de los que luchan contra la opresión, de los que defienden la verdad, de esos seres humanos inmensos que no se acobardan ante la prepotencia del poder. La mirada es un arma, como la palabra, porque perdura, porque educa y porque inspira y moviliza, porque alienta y fortalece a los que luchan por un mundo igualitario y libre. La mirada perdura. Dilma lo aprendió en aquel edificio inmundo y repugnante, como los jueces militares que no se atrevieron a sacarse la mano de su rostro, mientras juzgaban con la cabeza agachada a una joven valiente que los miraba firme, recordándoles que habían perdido el alma, el corazón y la dignidad. Dilma aprendió allí que la mirada puede sembrar de flores el futuro, aún en aquel noviembre pegajoso, cuando hasta la primavera estaba de luto.

Casi 50 años más tarde, la escena se repetiría, aunque en un nuevo estado de excepción bastante diferente de aquel. En Brasilia, frente a un senado nacional donde más de la mitad de sus miembros tienen causas pendientes con la justicia, Dilma debió enfrentarse a una interminable fila de acusadores que no pretendía otra cosa que destituir a Brasil de su soberanía popular. Un nuevo golpe y Dilma, una vez más, frente a un tribunal que no se atrevía a mirarla a los ojos. Dilma, casi 50 años más tarde, con la misma mirada, peleando con la palabra. Fulminándolos. Uno por uno. Respondiendo lo que ellos no tenían el más minino interés de escuchar. Y atravesándolos con ese brillo en los ojos que sólo poseen los que han vivido siempre con dignidad. Dilma, una mujer igual a tantas otras: valiente, guerrera, militante, madre, trabajadora, intelectual, luchadora del porvenir.

Dilma_LulaMarques

Dilma Rousseff, pocas horas antes de enfrentarse a su destitución por parte del senado nacional. Foto: Lula Marques.

La destitución de la presidente brasileña es parte de un plan que va a continuar. Brasil tiene ahora un presidente corrupto, cobarde, reaccionario y golpista. Pero no es esto sólo lo que buscan las oligarquías políticas, el poder económico, los grandes medios de comunicación y sus fieles mandatarios en las diferentes estructuras del Estado, particularmente, en el poder judicial. El plan es acabar con los movimientos populares, con las organizaciones que luchan contra la injusticia social, con los partidos progresistas, nacionales y de izquierda, con los sindicatos combativos, con los líderes que pueden contribuir a movilizar a las grandes mayorías en la defensa de una sociedad sin excluidos.

Por eso, el golpe seguirá después del golpe. Así ocurrió cuando éstos los hacían cobardes vestidos con uniformes militares.

De cierta forma, un golpe es una lección, un mensaje que se emite no sólo para que lo aprendan los que lo sufren, sino especialmente los que vendrán. La función pedagógica de este golpe es desestimular, intimidar y amenazar a todos los que se atrevan a luchar por una sociedad más justa. En Brasil, o donde sea.

Un golpe no enseña con metáforas ni con eufemismos. Un golpe enseña pegando.

El gran problema de los golpes y de los golpistas es que, aunque pegan y pegan, aunque no paran de pegar, siempre encuentran seres humanos empedernidos, valientes, heroicos, como casi todos los seres humanos, gloriosos, dispuestos a dar su vida por los ideales de un mundo más justo, solidario, igualitario y libre. El problema de los golpes y de los golpistas es que, aunque creen en la prepotente eficacia del golpear, nunca aprendieron que el secreto está en la mirada, en la palabra y en ese impulso incontrolable y quizás milagroso que tienen las mujeres y los hombres cuando luchan por su libertad.

31 de agosto de 2016, día del golpe que destituyó a Dilma Rousseff en Brasil

Golpe bajo en Brasil – Editorial de El País, 01 de septiembre de 2016

Este contenido ha sido publicado originalmente por El País, el 1  de septiembre   de 2016, en el siguiente enlace: http://blogs.elpais.com/contrapuntos/2016/09/la-mirada.html

Mujica: A Dilma la destituyeron por negarse a la corrupción

En contexto
  • Tras un proceso largo de juicio político o impeachment, la mandataria Dilma Rousseff fue separada definitivamente del cargo con 61 senadores a favor y 20 en contra en un quórum de 81 senadores en el Senado de Brasil.
  • Este miércoles el presidente interino Michel Temer fue investido en el Senado.
El exmandatario uruguayo afirmó que lo que sucedió este miércoles en Brasil fue “la consumación de un golpe de Estado anunciado desde hace rato”.

El expresidente y actual senador de Uruguay, José Mujica, expresó que la mandataria de Brasil electa en los comicios de 2014, Dilma Rousseff, fue destituida porque no cedió a las presiones para cubrir a políticos acusados de corrupción.

“A esta mujer la están condenando por no haber entrado en la corrupción”, afirmó Mujica mientras participaba del lanzamiento de una jornada de intercambio entre varios sindicatos de Suramérica.

El exmandatario uruguayo (2010-2015) recordó que el proceso de impeachment de Rousseff comenzó luego de que la mandataria se negara a ceder protección parlamentaria a quien era el presidente de la cámara de diputados Eduardo Cunha.

“Existe un señor, Eduardo Cunha, que era presidente del Parlamento y parece que alguien que pasó por Suiza le dejo 5.000.000 de dólares a su nombre pero él no sabe quién fue”, ironizó el senador perteneciente a la coalición oficialista Frente Amplio (izquierda).

Mujica agregó que tanto el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil (izquierda) como la presidenta no intervinieron para evitar que fuera investigado y eso llevó a Rousseff a la condena.

“Y cuál fue el error del PT, error entre comillas y el error de la presidenta, no agarrar viaje para tapar un hecho de corrupción”, concluyó.

“Lo que hubo en Brasil fue un golpe de Estado. Póngale el nombre que quieran pero es así”, aseguró Mujica.

Durante el acto, declaró que lo que sucedió este miércoles en Brasil fue “la consumación de un golpe de Estado anunciado desde hace rato”.

Al respecto, aludió a que la última vez que el actual embajador brasileño José Serra visitó Uruguay “dijo a boca de jarro que esto estaba decidido” por lo que “toda esta discusión del Senado fue una gigantesca pantomima”.

Mujica añadió que la salida de Rousseff “estaba decidida en otra parte” y que “se montó un escenario a los efectos de embaucar a la opinión pública y dar una apariencia de juicio”.

“Hubo una decisión política de la derecha de aventar este gobierno. Hubo una decisión política que buscó reacomodar el artilugio jurídico a los efectos de tener ciertas cosas para presentarse ante la opinión del pueblo y del mundo”, continuó.

“Cuando los compañeros dicen golpe de Estado, es un golpe de Estado”, manifestó.

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSur, el 1  de septiembre   de 2016, en el siguiente enlace: http://www.telesurtv.net/news/Jose-Mujica-A-Dilma-la-destituyeron-por-negarse-a-la-corrupcion-20160901-0003.html

 

EL FINANCIAL TIMES: megáfono para el asesinato en masa

POR JAMES PETRAS

La página editorial del Financial Times (FT) lleva un logotipo que proclama: “Sin miedo y sin favoritismo”. De hecho, los editores no han mostrado ningún miedo cuando se trata de. . . fabricar mentiras, promover guerras imperiales, diezmar países y empobrecer a millones, ya sea en Libia, Siria, Irak, Afganistán, Yemen y ahora en Venezuela. Las “Mentiras de Nuestro Tiempo” sin miedo han estado a la vanguardia forjando pretextos para incitar a los ejércitos imperiales a aplastar a los gobiernos independientes.

   A pesar de sus escritorzuelos pretenciosos y de reclamos de prestigio, el FT es visto por la clase financiera angloamericana como proveedor beligerante de políticas militaristas diseñadas para los sectores más retrógrados de la clase gobernante.

    Lo que es más sorprendente de las fabricaciones sin miedo del FT a favor del militarismo imperial es la frecuencia con la que sus pronósticos políticos y económicos han sido incompetentes y definitivamente erróneos.

   Durante los últimos diez años, las páginas editoriales del FT han descrito a China en grave crisis económica y dirigiéndose hacia una brutal caída, mientras que en la realidad la economía china ha crecido entre ocho y seis por ciento al año.

     Durante más de una década y media, los editores del FT afirmaron que Rusia, bajo la presidencia de Vladimir Putin, representaba una amenaza internacional para la existencia de “Occidente”. Pero de hecho, fueron los ejércitos “occidentales” de la OTAN, los que expandieron sus operaciones militares hasta las fronteras de Rusia, mientras los EE.UU financiaba un golpe de Estado neofascista en Kiev y la alianza EE.UU-UE, promovía un levantamiento islamista en Siria diseñado para minar totalmente la influencia y las relaciones de Rusia en el Medio Oriente.

   Los gurús económicos del FT y sus principales columnistas prescribieron las muy catastróficas fórmulas de desregulación que precipitaron la crisis financiera de 2008-09, después de lo cual jugaron el rol bufonesco de hacerse el tonto – culpando a otros por las políticas fallidas.

   Los escribas del FT sin miedo lideran actualmente una virulenta campaña de propaganda para promover el derrocamiento violento del democráticamente electo presidente del gobierno de Venezuela, Nicolás Maduro.

   En este ensayo se identificará el último paquete de mentiras y de fabricaciones sin miedo del FT, concluyendo luego con el análisis de las consecuencias políticas para Venezuela y otros regímenes independientes.

   El Financial Times y Venezuela: De la guerra en las Suites al Terror en las Calles           

     En la cobertura de la crisis en Venezuela, el FT ha ignorado sistemáticamente la actual campaña de agresiones y asesinatos contra funcionarios electos, oficiales de seguridad, militares y policías que han sido cometidos por su favorecida “oposición”.
Estas campañas de terror en curso ejecutadas por la oposición contra el gobierno electo y contra el pueblo en general son ignoradas sistemáticamente en los reportajes del FT y en sus páginas editoriales, que se centran más en la escasez de artículos de consumo.
El encubrimiento del FT del terror ejercido por la derecha se extendió a la invención de un “posible” plan del Ejército o de la Guardia Nacional para abrir fuego contra manifestantes de la oposición. En este caso, el FT anticipa la violencia de la derecha colocando por adelantado la culpa en el gobierno.

   El FT encubre hasta la campaña de la élite empresarial de la oposición de acaparar bienes esenciales para crear una escasez artificial e incitar compras nerviosas. Niegan la especulación de precios en curso y echan la culpa de la escasez y de las largas colas de consumidores exclusivamente a “la mala gestión del régimen”’.

   El FT convenientemente omite mencionar que la disminución de los precios del petróleo ha afectado no sólo a la economía de Venezuela, sino a la de todos los países dependientes de la exportación de materias primas, incluidos los regímenes neo-liberales favoritos del Financial Times en Brasil y Argentina.

   El Financial Times cita falsas encuestas de “opinión”, que exageran enormemente la disminución de la popularidad del gobierno: En las últimas elecciones los seguidores de Maduro aseguraron el 40% de los votos, mientras que el FT afirmaba que su apoyo era apenas de un 7%!

   Los regímenes clientes de EE.UU. (México, Perú y Colombia) son los mayores productores de drogas ilegales y los bancos de Estados Unidos son los mayores lavadores de narco-dinero. Sin embargo, el FT informa sobre “El papel de Venezuela como responsable del contrabando de drogas ilegales hacia el norte de los EE.UU. y hacia el este en Brasil, África y de allí a Europa”. Los expertos en control de drogas coinciden todos en que Colombia, hogar de siete bases militares de Estados Unidos y con un régimen estrechamente vinculado a bandas narco-paramilitares, es la fuente del contrabando de drogas a través de Venezuela. El que Venezuela se haya convertido en una víctima de la violencia del narco-comercio de Colombia no es nunca reconocido por las elegantes prostitutas de la pluma de la ciudad de Londres.

   El FT culpa de la reaparición de “la malaria y otras enfermedades posibles” al izquierdista gobierno de Maduro. De hecho, el reciente brote de la enfermedad de la malaria (también citado por los propagandistas del New York Times) se basa en casos aparecidos entre mineros ilegales de oro.

   El FT ignora cómo los regímenes neoliberales de Argentina y Brasil, respaldados por los EEUU, que gobiernan por decreto presidencial, han reducido drásticamente los programas de salud pública preparando el escenario para mucho mayores crisis de salud pública.

   El Financial Times: Grandes Mentiras para asesinatos en masa

   El Financial Times está llevando a cabo una guerra de propaganda sin cuartel con un objetivo: Incitar a la toma violenta del poder en Venezuela por los clientes políticos de Estados Unidos.

   En línea con las políticas Obama-Clinton de un “cambio de régimen por cualquier medio“, el FT pinta una imagen engañosa de una Venezuela que enfrenta “múltiples crisis” y al borde de una “crisis humanitaria” global, lo que representa una amenaza “desestabilizadora” para el hemisferio.

   Armadas con estos mortales clichés, las páginas editoriales del FT exigen “un nuevo gobierno pronto y ciertamente antes de las elecciones de 2018″.
Recientemente, el FT propuso una falsa maniobra legal – un referendo revocatorio. Sin embargo, dado que la oposición no puede hacer que la votación para expulsar al presidente electo Maduro se dé antes del tiempo reglamentario, el FT llama a “eventos que precipiten los cambios rápido” – un golpe violento!

   Los escenarios del FT tienen por objeto precipitar una “marcha” violenta de la derecha a principios de septiembre de este año, que eventualmente provoquen un derramamiento de sangre civil.

   El FT espera que “la sangre en Caracas requerirá una activa respuesta de América Latina” (sic). En otras palabras, el FT espera que una invasión militar desde la vecina Colombia, respaldada por Estados Unidos, ayudaría a eliminar a los chavistas y a instalar un régimen de derecha.

   El Financial Times, que promovió activamente la destrucción dirigida por la OTAN del gobierno en Libia, llama ahora a una invasión liderada por Estados Unidos de Venezuela. Yendo más allá de su promoción del “cambio de régimen”, el FT llama ahora por un golpe violento en Venezuela, que superará al de Libia en términos de la pérdida de miles de vidas venezolanas y la reversión brutal de una década de considerables progresos socioeconómicos.

   “Sin miedo y sin favoritismo”, el FT clama por guerras imperiales en todas partes.

   Conclusión
Las elecciones presidenciales de Estados Unidos se llevan a cabo al mismo tiempo que el régimen de Obama-Clinton se prepara para intervenir en Venezuela. Aunque usa falsos reportajes “humanitarios” de hambre generalizada, de enfermedades, de violencia e inestabilidad, el gobierno de Obama todavía tendrá necesidad de matones en Venezuela que desencadenen suficiente violencia callejera que funcione como una “invitación” a los socios militares latinoamericanos de Washington para “intervenir” bajo los auspicios de la ONU o de la OEA.

     Si ésta tiene “éxito”, una rápida caída del gobierno electo en Caracas podría ser presentado como una victoria en la campaña de Hillary Clinton, y un ejemplo de su política de “intervenciones humanitarias y militares en todo el mundo”’.

Sin embargo, si la invasión aliada de Obama no produce una victoria rápida y fácil, si el pueblo venezolano y las fuerzas armadas montan una defensa prolongada y valiente de su gobierno y si se pierden vidas de estadounidenses en lo que podría convertirse en una guerra popular de resistencia, entonces la intervención de Washington podría, en última instancia, desacreditar la campaña de Clinton y su ‘musculosa’ política extranjera. El electorado estadounidense podría finalmente decidir en contra de cuatro años más de pérdida de guerras y pérdida de vidas. No gracias a un Financial Times “sin miedo”.

(Traducción de Carmen Bohórquez)

Este contenido ha sido publicado originalmente por Humanidad en Red, en el siguiente enlace: http://www.humanidadenred.org.ve/?p=5226