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Marcha silenciosa de la CNTE al ‘Antimonumento’

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/06/20/marcha-silenciosa-de-maestros-de-la-cnte-hacia-el-antimonumento

Ciudad de México. Profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y del DF realizaron una marcha silenciosa que partió del plantón que mantienen en la plaza de la Ciudadela en Balderas, hacia el Antimonumento a los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, que se ubica en Paseo de la Reforma, en memoria, dijeron, de las víctimas por el enfrentamiento entre maestros y policías federales en Nochixtlán.

En el lugar colocaron una ofrenda con decenas de veladoras encendidas y señalaron que esta lucha no sólo es de los profesores disidentes sino del pueblo de México.

“En Nochixtlàn no cayeron sólo maestros abatidos por las balas del verdugo heredero de las masacres de Acteal, Atenco y de otras partes del país donde también cayeron madres de familia y hasta estudiantes de primaria. Por eso esta noche se les rinde tributo a su memoria pero sobre todo refrenda el compromiso de la lucha. Repudiamos la actitud obcecada y necia del gobierno federal que con una insensibilidad total ha cerrado todas las puertas a un diálogo y negociación”.

Lo manifestantes marcharon después de las ocho de la noche con antorchas y veladoras encendidas, algunos cargaban banderas negras con el escudo mexicano. Durante su recorrido exigieron alto a la represión en Oaxaca, que se investiguen los hechos y responsabilicen a todos los culpables.

Los profesores disidentes, acompañados por organizaciones civiles, escritores, entre otros, avanzaron por avenida Balderas para tomar Bucareli hasta llegar al Antimonumento.
A pesar de la caída de la lluvia, el contingente continuó su recorrido, que fue resguardado por elementos del cuerpo de granaderos de la Secretaría de Seguridad capitalina.

“No era necesario que cayeran compañeros abatidos por las balas para que pueda haber una respuesta de las autoridades”.

Expresaron que el presidente Peña Nieto anunció que habrá solución al conflicto conforme a derecho ” pero si las leyes siguen siendo las de ellos la salida será totalmente injusta”.

Convocaron a la sociedad que siga defendiendo el derecho a una educación pública, a la salud, al trabajo, recreación y vivienda, “pero sobre todo el derecho a la vida. Es necesario refrendar el compromiso de seguir hasta que logremos los objetivos de esta jornada. Seguir el ejemplo que nos dejaron los camaradas caídos, pero también de los que están en la cárcel por defender un ideal colectivo de una vida digna”. Agregaron que es mentira que se manipulen a los estudiantes en Michoacán para que marchen en favor de sus maestros.

Los profesores se retiraron después de las 21:30 luego de colocar la ofrenda en el Antimonumento.

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La DC y la verdad histórica

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Una cosa es arrepentirse (moral o políticamente) de una acción efectuada en el pasado. Otra muy distinta, es negarla. La DC ha incurrido en lo segundo estas últimas semanas. Ha tratado, en buen chileno, pasar gato por liebre.

En 1993 el historiador Eric Hobsbawm (1917-2012) alzaba la voz en contra de la creencia “posmoderna” que estima que no hay diferencia entre la realidad y la ficción. “El historiador —indicaba Hobsbawn— no puede inventar los hechos que estudia. O Elvis Presley está muerto o no lo está. Hay una forma de responder a dicha pregunta de un modo inequívoco, y es tomando como punto de partida las pruebas existentes, siempre que, como sucede en algunos casos, se disponga de pruebas fidedignas”.

La Democracia Cristiana (DC), representada por varios militantes y dirigentes de hoy, al señalar que este partido no apoyó el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, sino que trató de evitarlo -tergiversando también el contenido de la llamada “Carta de los 13″-,  intenta convertir la ficción en realidad.

La DC no solo apoyó el golpe de 1973, sino que incluso lo propició. Esto último queda demostrado en el Acuerdo de la Cámara de Diputados del 22 de agosto de 1973, celebrado entre la Democracia Cristiana y el Partido Nacional, a través del cual (en su considerando décimo cuarto) se estableció que las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros deben “encaminarse a restablecer las condiciones de pleno imperio de la Constitución y las leyes y la convivencia democrática, indispensables para garantizar a Chile su estabilidad institucionalidad, paz civil y, seguridad y desarrollo”. Este documento fue defendido en la sala —por parte del PDC— por los diputados Claudio Orrego, César Fuentes y Ricardo Hormazábal.

Que dicho documento implicaba un abierto llamado a la intervención militar en contra del gobierno de la UP fue algo indiscutido en esos días. El mismo Presidente Allende, el 24 de agosto, señalaba que “los diputados de oposición han exhortado formalmente a las Fuerzas Armadas y Carabineros a que adopten una posición deliberante frente al Poder Ejecutivo, a que quebranten su deber de obediencia al Supremo Gobierno, a que se indisciplinen contra la autoridad civil del Estado a la que están subordinadas por mandato de la Carta Fundamental”.

Para el apoyo posterior al golpe, entre otros documentos, se puede acudir, entre otros, a la entrevista de Eduardo Frei Montalva al diario ABC de España (octubre de 1973); a la carta del mismo a Mariano Rumor (noviembre de 1973); al prólogo del mismo al libro de Genaro Arriagada, titulado “De la vía chilena a la vía insurreccional” (1974); a los extensos planteamientos de Genaro Arriagada en el libro citado; y a las entrevistas de Patricio Aylwin, presidente del partido, en los días posteriores al golpe. Cada uno de estos documentos, que son de fácil acceso en Internet, darían para otras columnas.

La “carta de los 13” -que hoy, anacrónicamente, se intenta pasar como la postura oficial de la Democracia Cristiana en 1973- representó a un sector minoritario del partido, como lo atestigua el voto mayoritario de los diputados DC a favor del acuerdo de agosto, citado más arriba. Por otra parte, es falso (como se ha dicho) que esta carta se adelantó a los tiempos, al avizorar una tiranía con el advenimiento del régimen militar. Como se desprende de la lectura íntegra del texto, este documento, al decir que “dentro de los cauces democráticos, habríamos podido evitar en Chile la implantación de un régimen totalitario”, se refería al gobierno de la UP, no al régimen militar que llevaba sólo dos días en ejercicio y que aún no se pensaba como dictatorial. De hecho, en la única parte que esta carta se pronuncia sobre las Fuerzas Armadas, lo hace positiva, aunque ingenuamente, ya que se expresa confiada en la pronta restauración democrática.

Una cosa es arrepentirse (moral o políticamente) de una acción efectuada en el pasado. Otra muy distinta, es negarla. La DC ha incurrido en lo segundo estas últimas semanas. Ha tratado, en buen chileno, pasar gato por liebre. La construcción de una alianza política con el Partido Comunista no justifica el desprecio a la inteligencia (y memoria) de muchos chilenos, incluyendo a la comunidad de historiadores. En cuanto al apoyo de la DC al golpe, esta comunidad expresa un consenso prácticamente unánime. No podría ser de otro modo, dado el cúmulo de pruebas fidedignas que lo ponen de manifiesto.

El análisis histórico de Gabriel Salazar: Aylwin lideró el proceso que privatizó y mercantilizó el país

El análisis histórico de Gabriel Salazar: Aylwin lideró el proceso que privatizó y mercantilizó el país

“Fue un importante político chileno, que jugó un rol decisivo en la pavimentación del golpe militar-norteamericano contra Salvador Allende, y en la transición política que pavimentó el camino a la internacionalización de la economía chilena y a la mercantilización de la educación, la salud y la mentalidad consumista de los chilenos”, escribe el Premio Nacional de Historia.

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Haciendo un breve análisis (el que exigen las columnas y no así los libros) de cómo mutó la tradición católica chilena desde una perspectiva oligárquica-conservadora hacia el pensamiento cristiano-comunitario, en donde destaca la figura de Fernando Vives S.J, el surgimiento de la Falange Nacional, devenida luego en la DC, el historiador Gabriel Salazar analiza en La Tercera la irrupción y trayectoria política de Patricio Aylwin.

“Estados Unidos decidió apoyar al gobierno de Eduardo Frei Montalva para impedir el triunfo de Allende. Y se jugó entero por eso (Alianza para el Progreso, ayuda económica, etc.). Fracasó. La Casa Blanca y la CIA aumentaron la presión contra la propuesta de Allende. La Democracia Cristiana y Eduardo Frei Montalva se hallaron entre dos fuegos (ver los documentos desclasificados del Departamento del Estado y de la CIA). La cúpula de ese partido acogió esa presión y negó su apoyo al Gobierno de Allende, en un momento crítico”, contextualiza el Premio Nacional de Historia, antes de proferir que “fue allí cuando la figura de Patricio Aylwin Azócar cobró figuración histórica: tuvo una participación activa en impedir el acuerdo entre la Unidad Popular y la Democracia Cristiana”.

Salazar recuerda en la columna escrita especialmente para La Tercera, que “pese a las sugerencias del cardenal Silva Henríquez. La no realización de ese acuerdo, sin duda, dejó camino abierto a la intervención norteamericana (con la CIA incluida), y estando definida ésta, se abría camino a la conspiración golpista de los militares chilenos, que hasta allí estaban confundidos y dudosos”.

“Después vino todo lo que sabemos: la más brutal violación de los derecho humanos de todos los derrotados por la tiranía militar, en particular, de la clase popular”, reseña el escritor y ensayista.

Posteriormente, puntualiza, “la protesta popular dejó a la tiranía aislada políticamente, dentro del país y fuera de ella (…) Por tanto, había que buscar una solución tácticamente perfecta: Pinochet debía irse, llevándose las culpas de todos los crímenes, pero dejando detrás, intacto, el modelo neoliberal impuesto por la Constitución de 1980. Todo dependía de que algunos políticos civiles administraran, neoliberalmente, ese modelo. Era el gran capital internacional el que lo proponía. Y esos políticos aparecieron. Y Pinochet se fue…”

“Administrar ese modelo (el verdadero objetivo de la intervención norteamericana y de la tiranía) sin cambiarlo sustancialmente, es todo lo que el capital internacional necesitaba. Y la clase política profesional, desde 1990, administró ese modelo. E hizo lo que ese capital requería: privatizó empresas, profundizó la desindustrialización del país, desmanteló los movimientos rebeldes, privatizó el agua, el bosque nativo, los glaciales, los recursos marinos, permitió la mercantilización de la educación, de la salud, la internacionalización de los fondos previsionales chilenos, etc”, “y Patricio Aylwin Azócar lideró todo ese proceso, administró todas esas decisiones. Y aplicó justicia “en la medida de lo posible”.

“Fue, por tanto, un importante político chileno, que jugó un rol decisivo en la pavimentación del golpe militar-norteamericano contra Salvador Allende, y en la transición política que pavimentó el camino a la internacionalización de la economía chilena y a la mercantilización de la educación, la salud y la mentalidad consumista de los chilenos. Todo esto, teniendo como trasfondo la figura y el espíritu del padre Fernando Vives S.J. y de hombres como Bernardo Leighton y Jaime Castillo Velasco.La Historia muestra el anverso y el reverso de los procesos, y de las personas…”, cierra Salazar.

Partido Demócrata Cristiano

Partido Demócrata Cristiano (PDC).Partido político fundado el 28 de julio de 1957 en una ceremonia realizada en el Salón de Honor del Congreso Nacional; mediante la unión de la Falange Nacional, el Partido Conservador Social Cristiano; además de la incorporación posterior de miembros del Partido Nacional Cristiano y un grupo proveniente del Partido Agrario Laborista.

Desde sus orígenes ha tenido un lugar importante dentro de la historia política del país, estructurándose en una posición de centro político dentro del sistema de partidos políticos. Con un carácter reformista y con una ideología basada en los valores del social cristianismo formó parte de muchas alianzas políticas. Llegó a la presidencia del país en 1964 con Eduardo Frei Montalva. Luego del golpe militar de 1973 se constituyó como parte importante de la oposición y luego de la transición a la democracia, uniéndose a la Concertación de Partidos por la Democracia. En la década de los ´90 llegó nuevamente a la presidencia bajo los gobiernos de Patricio Aylwin Azócar(1990-1994) y de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000).

Historia
Orígenes

Para comprender los orígenes del Partido Demócrata Cristiano (PDC) debemos remontarnos a finales del siglo XIX, específicamente al año 1891, cuando la Iglesia Católica publica la encíclica Rerum Novarum redactada por el Papa León XIII donde por primera vez expresa sus pensamientos ideológicos y doctrinarios en relación a la realidad social del mundo y donde hace un llamado a los cristianos del mundo a constituirse como un actor activo en la construcción de una sociedad más justa para las clases más desposeídas. Sin embargo, el llamado que realizó la Iglesia no tuvo gran acogida. Esta situación cambiaría en la década de los treinta, cuando un grupo de jóvenes católicos chilenos se constituyó en un movimiento que rescató los valores culturales y sociales del social cristianismo.

Falange Nacional

A principios de la década de los treinta y con el país atravesando por las graves consecuencias sociales producidas por la crisis económica mundial, un grupo de jóvenes católicos asumió para sí los principios y valores planteados por la doctrina social de la Iglesia. Este grupo, muchos de ellos militantes del Partido Conservador, comenzaron a proponer nuevas soluciones para la problemática social que primaba en aquella época, pero esto, no fue bien acogido por los conservadores, por lo cual pasaron a formar parte de la disidencia dentro del núcleo tradicional, que no permitiría constituir una ola de avanzada dentro de su tienda política.

A partir de ese momento, estos jóvenes, organizan en 1935 la Juventud Conservadora, que derivó en el Movimiento Nacional de la Juventud Conservadora, presidida por Bernardo Leighton Guzmán, y luego, en 1937, la Falange Nacional que tomó fuerza como facción independiente dentro del partido conservador al ser electo como diputado Manuel Antonio Garretón Walker el mismo año.

Estos nuevos referentes asumieron una postura mayormente crítica, donde propugnaban la necesidad de que el Estado debía impulsar una serie de reformas que fueran capaces de remediar las necesidades de la población y estimularan a largo plazo el apoyo mutuo entre los diferentes elementos de la sociedad. Esta situación acrecentó aún más la brecha entre el tronco tradicional del partido conservador y los jóvenes disidentes; situación que hizo erosión en 1938, cuando el partido conservador levantó la candidatura a la presidencia de la República del Ministro de Hacienda del gobierno de Arturo Alessandri Palma, Gustavo Ross, el 23 de abril de 1938 durante la realización de la Convención del partido[1]. Esta candidatura no fue representativa para la Juventud Conservadora y por tanto rápidamente se movilizaron. El 12 de diciembre de 1937 se congregaron todos los presidentes provinciales de la juventud conservadora para decidir su postura y accionar en el contexto de la elección presidencial de 1938.

“La decisión tomada por el colectivo de presidentes provinciales, (…), fue proponer como precandidatos a cinco importantes políticos de larga trayectoria, ninguno de los cuales era militante del Partido Conservador. Los nombres propuestos fueron, en el mismo orden en que figuraban en la declaración oficial, Jorge Matte Gormaz, Máximo Valdés Fontecilla; Guillermo Edwards Matte; Jaime Larraín García Moreno y Francisco Garcés Gana[2] .

Al momento de elaborar esta quina de candidatos, la declaración oficial de la juventud conservadora explicitaba su deseos de que el problema de la elección presidencial se resolviera de manera favorable y que el “candidato de la derecha constituyera una garantía cierta de paz social para que las necesarias transformaciones se realizaran en un ambiente de armonía social y para que el futuro presidente respetara la dignidad humana…”[3] . El partido conservador no aceptó esta propuesta, y esto llevó al quiebre definitivo de la juventud conservadora y el nacimiento de la Falange Nacionalcomo movimiento independiente, que apoyó la candidatura de Pedro Aguirre Cerda, quien derrotó a Gustavo Ross en las elecciones presidenciales de 1938 por un estrecho margen, obteniendo el candidato de la derecha, Gustavo Ross un 49,2% de los votos y Pedro Aguirre Cerda un 50,1%[4].

En el período que siguió a la fundación de la Falange Nacional, esta colectividad política comenzó una etapa de agrupación de fuerzas, organización y estructuración. Así fue como la Falange Nacional acogió entre sus partidarios a jóvenes católicos, universitarios, campesinos, obreros, profesionales de clase media, mujeres todos quienes buscaban llevar a la práctica la doctrina social de la Iglesia e infundir en la práctica política la nueva concepción que emanaba desde esta ideología. Entre 1928 y 1957, la Falange Nacional participó activamente en los procesos eleccionarios, obteniendo magros resultados. Se presentó en las elecciones de 1941, obteniendo tres diputados electos, entre ellos uno de los líderes emblemáticos, Manuel Antonio Garretón Walker, electo por la Séptima Agrupación Departamental de Santiago. En las de 1945 logró tres diputados, entre ellos Raúl Le Roy Le Roy electo por la Sexta Agrupación Departamental de Valparaíso y Quillota. Situación que se revertirá entrada la década de los cincuenta.

En las elecciones de 1949 participó formando parte de la combinación política denominada Falange Radical Agrario Socialista (FRAS), y obtuvo tres diputados, entre ellos Jorge Rogers Sotomayorelecto por la Primera Agrupación Departamental de Iquique, Arica y Pisagua y un senador, Eduardo Frei Montalva, electo por la Segunda Agrupación Provincial Atacama y Coquimbo. El 11 de julio de 1950, obtendrá gracias a una elección complementaria, a su segundo miembro en el senado, Radomiro Tomic Romero[5].

En 1953 obtuvo 3 diputados: Juan de Dios Carmona; José Ignacio Palma Vicuña; y Pedro Nolasco Videla Riquelme. Dos años más tarde, en 1955 la Falange Nacional formó parte de la combinación política llamada Federación Socialista Cristiana, y en 1957 logro mejorar sosteniblemente sus resultados electorales, logrando 17 diputados y un senador. Ese mismo año las diferentes agrupaciones políticas de tendencia social cristiana ya unidas desde 1955 decidieron finalmente constituirse en un solo bloque político y el 28 de julio de 1957 en una ceremonia realizada en el Salón de Honor del Congreso Nacional se instituyó oficialmente el Partido Demócrata Cristiano.

Principios Programáticos

Desde sus comienzos el Partido Demócrata Cristiano manifestó su apego e inspiración social cristiana, pero señalando al mismo tiempo que “no pretende realizar una política clerical ni menos imponer la creencia religiosa como vestidura formal, exterior, meramente ritual del Estado”[6].

El Partido Demócrata Cristiano planteó claramente su ideario, el cual se basaba en términos sociales y filosóficos en el social cristianismo. Siguiendo las ideas propugnadas por Jacques Maritain el cristianismo era comprendido más bien como una filosofía de vida que como un cuerpo teológico, vale decir, como una filosofía que se adapta a los cambios históricos, pero sin perder los valores culturales, cristianos y morales que deben primar entre los seres humanos[7]. Esto último se puede observar en el documento “Doctrina del PDC” emanado del IV Congreso Nacional del PDC realizado en 1992, donde declaran:

“Los principios del Humanismo Cristiano que inspiran nuestra acción política, no cambian su esencia. Pero, a medida que se modifican las circunstancias históricas, es necesario vincular adecuadamente los principios con los hechos, cuidando que la dimensión práctica o política sea congruente con los principios doctrinarios, deduciendo de ello orientaciones políticas ajustadas a la realidad histórica”[8].

Así mismo, en el documento de 1962 titulado “El A.B.C. de la Democracia Cristiana”, el partido expuso sus puntos ideológicos, señalando que: “(…) pretende instaurar un régimen político, económico y social, en el cual el hombre alcance la plenitud de sus derechos humanos y sociales. La Democracia Cristiana aspira a sustituir el sistema capitalista por otro carácter comunitario”[9] .

En el mismo documento el partido se autodefine como un partido político de inspiración humanista y cristiana, y de vocación popular, que aspira a construir una sociedad libre, justa y solidaria. Dentro de los principales valores que sustentan el ideario del humanismo cristiano podemos encontrar: la defensa de los derechos de la persona; la promoción del bien común; la familia como la comunidad básica de la sociedad; la comunidad como ámbito solidario de personas; el Estado social y democrático de derecho; el fortalecimiento de la sociedad civil y el sentido de una economía humana”[10].

En términos programáticos, en junio de 1960, el PDC emitió sus estatutos, luego de la junta nacional que se realizó y en aquella ocasión se declaró como: “una organización política popular, no confesional, de inspiración cristiana, que por los medios democráticos lucha por implantar una sociedad comunitaria en la que imperen la libertad y la justicia y que en el plano internacional promueve la paz y cooperación entre todas las naciones y la unidad de los pueblos latinoamericanos”[11].

La doctrina demócratacristiana, es humanista porque su objetivo principal es desarrollar todas las potencialidades del hombre, convirtiéndolo en el protagonista de la transformación de la naturaleza y la historia, afirmando y realizando así la grandeza original del ser humano. El partido demócrata cristiano aspira a la creación de una sociedad genuinamente humana en la cual todos los hombres sean respetados y participen en su dirección. Aspira a una sociedad sin divisiones de clases, cuyos fundamentos sean el trabajo y la solidaridad de todos los hombres, en la construcción de la nueva civilización[12].

Trayectoria Histórica

El 28 de julio de 1957, se fundó oficialmente el Partido Demócrata Cristiano (PDC), producto de la fusión de la Falange Nacional y el Partido Conservador Social Cristiano, escindido del Partido Conservador en 1949, junto a pequeñas agrupaciones e independientes. Más adelante se unieron al nuevo partido grupos pertenecientes al Partido Nacional Cristiano y al Partido Agrario Laborista. Desde aquél día el PDC fue creciendo sosteniblemente en el tiempo, convirtiéndose en una poderosa fuerza electoral que hasta 1965 obtuvo enormes cifras tanto en elecciones de diputados y senadores. Así mismo, logró dotarse de una impronta que lo hizo diferente y que lo catapultó como “un partido intermedio que rompió con los rasgos tradicionalistas de ese tipo de fuerzas”[13], convirtiéndose en el centro político del espectro partidario del país.

A partir de entonces el Partido Demócrata Cristiano participó activamente en la arena política nacional. En marzo de 1958, el PDC, junto con otras fuerzas políticas formó parte del Bloque de Saneamiento Democrático, coalición política que agrupó las diferentes colectividades políticas contrarias a la candidatura presidencial de Jorge Alessandri Rodríguez.

Para las elecciones presidenciales de septiembre de 1958, presentó como candidato a Eduardo Frei Montalva, una de sus principales figuras, pero quien obtuvo el tercer lugar tras de Jorge Alessandri Rodríguez (31,2%) y Salvador Allende Gossens(28,5%), obteniendo el candidato demócrata cristiana un 20,5%[14]. Ante este resultado adverso el PDC hizo notar su desazón y se pronunció señalando: “Creemos que Chile ha perdido su mejor oportunidad para dar un paso decisivo hacia el aseguramiento de su futuro y la consecuencia de un creciente bienestar para todos los sectores”[15].

A pesar de este traspié el PDC siguió su trabajo político y aumentó notoriamente su respaldo a nivel nacional, lo que se reflejó cuando en 1964 respostuló como candidato presidencial a Eduardo Frei Montalva, quien resultó electo con más del 50% de los votos. El gobierno de Frei llevó a cabo la denominada ‘Revolución en libertad’ que se caracterizó por un enorme plan de desarrollo económico y social, que proponía una profunda reforma agraria, la sindicalización campesina y la chilenización del cobre. El auge del partido se manifestó además en las elecciones parlamentarias de 1965, ocasión en que el partido obtuvo 995.187 votos, equivalentes al 42,3%, logrando 82 diputados electos[16] y en las elecciones para senadores logró 12[17] .

Su rol en los años ’70

Posteriormente en la campaña presidencial de 1970, el partido levantó la candidatura de Radomiro Tomic Romero, la derecha presentó nuevamente la candidatura de Jorge Alessandri Rodríguez, mientras la izquierda agrupada en la Unidad Popular, postuló a Salvador Allende Gossens, quien por un estrecho margen, y luego de ser ratificado por el Congreso pleno, asumió la presidencia de la república. El contexto de esta elección llevo al PDC a vivir profundos cambios, lo que generó una división y la aparición de nuevas colectividades políticas. Al formado Movimiento de Acción Popular Unitaria en 1969, se unió en 1971, la Izquierda Cristiana.

Durante el gobierno de la Unidad Popular el PDC estuvo en la oposición, aún cuando contribuyó con sus votos en el parlamento para la aprobación de leyes importantes que significaban reformas sociales de consideración, como la modificación y radicalización de la reforma agraria, que ya había comenzando a realizarse durante el gobierno democratacristiano[18]. Con el correr del tiempo, las relaciones entre el gobierno y la democracia cristiana franquearon desde una colaboración democrática a puntos de tensión que se fueron agravando, llegando a un conflicto manifiesto. En septiembre de 1973 tras el golpe militar el partido quedó declarado fuera de la ley.

Retorno de la Democracia

Posteriormente, en 1982, el PDC, inició la tarea de reorganización, con el firme propósito de que el país volviera a un régimen democrático de gobierno. Más adelante, encabezó el llamado Manifiesto Democrático, que dio vida a la Alianza Democrática, que con el liderato de Gabriel Valdés, inició el camino para el Acuerdo Nacional para la Transición a la Democracia durante el proceso de apertura política.

El 2 de febrero de 1988, la Democracia Cristiana firmó el acuerdo que creaba la Concertación de Partidos por el No junto a otras 12 colectividades: Partido Socialista de Chile, MAPU Obrero Campesino, Movimiento de Acción Popular Unitaria, Partido Radical, Izquierda Cristiana, Partido Social Democracia de Chile, Partido Democrático Nacional, Partido Humanista, Partido Radical, Unión Socialista Popular, y Unión Liberal Republicana.

Tras el triunfo de esa opción en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, que significó el término del régimen de Agusto Pinochet, el pacto fue rebautizado como Concertación de Partidos por la Democracia y llevó a Patricio Aylwin Azócar como su candidato único a la presidencia.

En 1989, el demócrata cristiano, abogado y ex senador, se convierte en el abanderado de la oposición, la Concertación de Partidos por la Democracia, quien por amplia mayoría triunfó sobre el candidato civil de la continuidad del régimen. De esta manera, se comenzaba la transición a la democracia en Chile.

Gobierno de Patricio Aylwin Azócar (1990-1994)

Electo con 3.850.571 votos, equivalentes al 55,17% del total de sufragios[19], Patricio Aylwin Azócar asumió la presidencia el 11 de marzo de 1990, en Valparaíso, ante el Congreso Nacional reunido en pleno y con el apoyo de la Concertación de Partidos por la Democracia.

El principal objetivo de su administración fue llevar a cabo la transición a la democracia, y el reestablecimiento de la verdad en materia de derechos humanos, para lo cual se creó la Comisión de Verdad y Reconciliación, a la que se le encomendó investigar y elaborar un informe que diera cuenta de la situación de muchos detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. Este informe, denominado “Informe Rettig”, fue entregado al presidente de la República en febrero de 1991, y como resultado de éste, el gobierno creó la Corporación de Reparación y Reconciliación, que junto con la Oficina Nacional de Retorno, se encargó de ayudar y compensar a exiliados y demás reprimidos de la dictadura.

Junto con esto, las relaciones entre los civiles y los militares ocuparon una parte importante de la agenda de su gobierno, puesto que éstos últimos a través del denominado “Boinazo” y los “Ejercicios de Enlace”, siguieron figurando en la escena política.

La Democracia Cristiana nuevamente compitió con un militante de sus filas, el Senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que al triunfar en primarias internas sobre el candidato socialista Ricardo Lagos, se convirtió en el candidato único de la Concertación de Partidos por la Democracia, que en la elección presidencial de 1993 ganó obteniendo 4.040.497 votos, equivalentes a un 57,98% del total de los sufragios[20].

Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000)

Eduardo Frei Ruiz-Tagle asumió la primera magistratura del país, el 11 de marzo de 1994, ante el congreso pleno en Valparaíso, luego de ser electo con un mayoría histórica, un 57,98% de los sufragios. Convirtiéndose así en el segundo presidente democratacristiano luego del retorno a la democracia.

Su gobierno estuvo marcado por un importante auge económico, cimentando una política que compatibilizó la equidad con el crecimiento. Aumentó además la integración del país a nivel internacional, fortaleciendo las relaciones internacionales con los países de la región, y suscribiendo una serie de tratados de libre comercio. Respecto a la realidad del país, impulsó una serie de reformas y políticas en las áreas de educación –con la reforma al sistema educacional-, de obras públicas –con la inserción del sector privado en la construcción de diversas obras viales, puertos y carreteras-, de justicia, dónde se dio inicio al proyecto de reforma procesal penal.

Su gobierno no estuvo exento de problemáticas, en 1997, debió enfrentar las difíciles consecuencias de una severa crisis económica a nivel mundial, y hacía finales de su período presidencial, -el 16 de octubre de 1998-, debió hacer frente a la detención del entonces senador vitalicio, Augusto Pinochet Ugarte, en Londres, Inglaterra, quien estuvo en calidad de detenido en ese país durante 17 meses, retornando al país en marzo de 2000. El 11 de marzo de 2000, terminó su período presidencial, siendo sucedido por el socialista Ricardo Lagos Escobar, iniciándose el tercer gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia.

Entre los años 2009 y 2014

En abril de 2009, Eduardo Frei Ruiz-Tagle fue electo candidato presidencial de la Concertación de Partidos por la Democracia, tras la realización de primarias en dos regiones del país (VI y VII) donde compitió con el actual Ministro de Justicia y ex senador y ex presidente del Partido Radical Social Demócrata, José Antonio Gómez Urrutia.

En las elecciones presidenciales del 13 de diciembre de 2009 pasó a segunda vuelta, tras lograr el 29,6% del total de los sufragios, junto al candidato de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera Echeñique. El 17 de enero de 2010 el candidato de la Concertación fue superado por Sebastián Piñera, de manera tal que el Partido Demócrata Cristiano -en conjunto con los demás partidos de la Concertación- tras 20 años continuados en gobiernos pasaron a ocupar el rol de oposición política.

En agosto de 2010 se realizó la elección de la Mesa Directiva Nacional donde resultó electo presidente de la colectividad el Senador y ex canciller Ignacio Walker tras vencer por amplio margen, al también ex canciller, Mariano Fernández y al dirigente comunitario Leonel Sánchez Jorquera[21].

En octubre de 2012, la colectividad participó en los comicios municipales, logrando 56 alcaldes y 323 concejales a nivel nacional.

Con miras a las elecciones presidenciales de 2013, la colectividad se planteó las posibilidades de tener un candidato propio o de apoyar a Michelle Bachelet. Finalmente, al interior del partido se configuraron las precandidaturas presidenciales de Ximena Rincón González y Claudio Orrego Larraín. En enero de 2013, se realizaron las primarias internas, donde se impuso Claudio Orrego con el 59,2%  frente al  40,8% de Ximena Rincón.

A partir de abril de 2013, se formó una nueva coalición  electoral y política  integrada por partidos de centro, centro-izquierda e izquierda, denominada Nueva Mayoría. Sucesora de la Concertación de Partidos por la Democracia, esta coalición se coinfiguró con miras a mejorar su representatividad en las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales de noviembre del mismo año.

Para las primarias presidenciales realizadas por la Nueva Mayoría, en junio de 2013, la colectividad levantó la candidatura del ex alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego Larraín, quien obtuvo un 8,85% de los votos. Finalmente, el partido decidió entregar su total respaldo a la entonces candidata Michelle Bachelet, y pasar así a formar parte del bloque de gobierno a partir de marzo de 2014.

Organización del Partido
Organización del PDC 

Los estatutos del partido demócrata cristiano entregaron las bases de la estructura organizacional del partido. Su unidad básica fue la Comuna, que desarrollaría su acción a través de los grupos orgánicos. Cada Grupo se constituirá con militantes que se instruirán de la doctrina del partido, trabajando en la organización y difusión de los principios del mismo. El Grupo elegirá un Jefe –que será el representante ante el Consejo Comunal-, y deberá celebrar reuniones cada 15 días[22].

La vida orgánica del partido se estructurará en dos géneros de organismos: Los políticos o Juntas, cuyas directivas se denominan Consejos, y en los cuales en el plano comunal, provincial o nacional, los militantes ejercen la plenitud de los derechos y obligaciones que prescriben en los estatutos. En segundo lugar, los departamentos, que son organismos especializados para preparar y cumplir los programas, planes o tareas ordenadas por el partido, ya sea en el plano nacional, provincial o comunal. Los departamentos son: el Sindical; el de Campesinos; el de Pobladores; el de Cooperativas; el de Capacitación Doctrinaria; el Técnico; el Electoral; el Municipal; el de Acción Social; el de Finanzas y el Internacional[23].

Los organismos políticos del PDC en aquella época fueron, la Junta Comunal: “que investirá la máxima autoridad del Partido dentro de ese territorio y estará integrado por todos los militantes de los diversos grupos de la comuna. Dentro del mes de abril de cada año deberá constituirse para elegir su Consejo, y fijar las fechas en que se celebrarán las sesiones ordinarias… (…)” [24]. Así mismo, se constituía una Junta Provincial, que era la máxima autoridad del partido dentro de su jurisdicción. Corresponderá a la Junta Provincial, estudiar los problemas de interés regional y nacional, debatirlos y proponer soluciones a quien corresponda. La junta debía sesionar a lo menos una vez cada tres meses[25]. Y por último, el Consejo Nacional: Que estará compuesto por: Mesa directiva; diez consejeros; un representante del Senado y un representante de los Diputados. Le corresponderá dirigir al partido en conformidad con los acuerdos del Congreso y de la Junta Nacional. Autorizar a los militantes del Partido para que acepten los cargos de Ministro de Estado, representante diplomático o cualquier otro cargo político o administrativo de confianza del presidente de la República. Dirigir la acción de los parlamentarios del partido en el Congreso Nacional, autorizarlos para que se ausenten del país o de sus funciones durante su período legislativo y concertar pactos de acción parlamentaria. Dictar y modificar los reglamentos por lo que se rijan los departamentos del partido y designar sus directores nacionales. El Consejo Plenario Nacional: El consejo plenario nacional podrá abreviar o prorrogar este plazo en sesión especialmente convocada al efecto, debiendo tomarse el acuerdo por la mayoría absoluta de sus asistentes. La prórroga no podrá acordarse por más de un año, debiendo fijarse la fecha y determinarse la sede con no más de 120 días de anticipación.

La Junta Nacional: La Junta Nacional es el organismo permanente en el que reside la máxima representación y autoridad del Partido después del Congreso Nacional. Forman la Junta Nacional: Los miembros del Consejo Nacional; Los parlamentarios en ejercicio; Los ex presidentes Nacionales del partido; Los directores Nacionales de los Departamentos del Partido; Los presidentes provinciales; los delegados provinciales; un miembro de cada una de las directivas nacionales; de las federaciones y confederaciones de empleados y obreros, de las federaciones y confederaciones de estudiantes y de los colegios profesionales en las que haya militantes del partido. Y por el Congreso Nacional del Partido: El Congreso Nacional es el organismo democrático en que reside la suprema autoridad del Partido, llamado a formular y revisar su declaración de principios y programa, a aprobar y modificar sus estatutos y a decidir los rumbos fundamentales de su acción política. El consejo nacional del partido deberá celebrarse al menos una vez cada tres años[26].

Mesa Directiva (2015)

La actual mesa directiva del PDC fue electa el 29 de marzo de 2015, ocasión en la que se enfrentaron las listas encabezadas por Rodrigo Albornoz, ex seremi de Justicia; Ricardo Homazábal ex diputado, senador y ex presidente de la colectividad, frente a la lista encabezada por el senador Jorge Pizarro Soto. Esta última se alzó como la ganadora con más de un 70% de apoyo, dejando como Presidente Nacional de la colectividad a Jorge Pizarro, y como su Secretario Nacional, a Gonzalo Duarte Leiva.

Como primer vicepresidente asumió el diputado Fuad Chahin Valenzuela, la segunda vicepresidencia será ocupada por la diputada Yasna Provoste Campiollay, y como tercer vicepresidente el diputado Sergio Espejo Yaksic. Matias Walker Prieto ocupará la cuarta vicepresidencia; María Soledad Lucero y Gustavo Paulsen, ocuparán la quinta y sextra vicepresidencia respectivamente, mientras que la séptima estará a cargo de la senadora Carolina Goic Boroevic.

El 2 de abril de 2016, el senador Jorge Pizarro Soto renunció al cargo de presidente del PDC; por su parte, la Junta Nacional del partido decidió nombrar como presidenta interina a la senadora Carolina Goic Boroevic.

Mesa Directiva ( 2010)

En aquella ocasión compitieron las listas encabezadas por Mariano Fernández, ex Canciller del gobierno de Michelle Bachelet, y la otra liderada por el senador Ignacio Walker Prieto, quien se impuso por un amplio margen, asumiendo la dirección del partido, como su presidente nacional el 29 de agosto de 2010.

Como primer vicepresidente asumió el diputado Jorge Burgos Varela; como segundo vicepresidente, el también diputado Fuad Chahin Valenzuela; las otras vicepresidencias son ocupadas por Carolina Leitao Álvarez-Salamanca, el alcalde de la comuna de Peñalolén, Claudio Orrego Larraín, Pablo Badenier Martínez, la ex Ministra del Servicio Nacional de la Mujer, Laura Albornoz Pollmann y el diputado Víctor Torres Jeldes y como secretario nacional, asumió Víctor Maldonado Roldán.

Historia Electoral
Elecciones parlamentarias de 2013

En las elecciones parlamentarias realizadas el 17 de noviembre de 2013, el Partido Demócrata Cristiano logró la elección de dos senadores. Fueron electos Jorge Pizarro Soto, en representación de la 4ª Circunscripción, Región de Coquimbo y Carolina Goic Boroevic, en representación de la 19ª Circunscripción, Región de Magallanes, quienes se suman a los senadores que se mantienen del período 2010-2018: Ignacio Walker Prieto, actual presidente del partido, electo por la 5ª Circunscripción Cordillera, Región de Valparaíso; Patricio Walker Prieto, electo por la 18ª Circunscripción Senatorial Onceava Región de Aysén; Andrés Zaldívar, electo por la 10ª Circunscripción Norte, Región del Maule y Ximena Rincón González, como representante de la 11ª Circunscripción Sur, Región del Maule.  A contar de Marzo de 2014, dejó su cargo para asumir como Ministra Secretaria General de la Presidencia en el gobierno de Michelle Bachelet. El partido decidirá el 27 de abril de 2014, a través de una primaria en la región, al sucesoro o sucesora de Ximena Rincón[27].

Elecciones parlamentarias de 2009

En la elección para senadores, realizada el 13 de diciembre de 2009, el Partido Demócrata Cristiano logró la elección de 4 nuevos senadores. Fueron electos: Ximena Rincón González, como representante de la 11ª Circunscripción Sur, Región del Maule; Ignacio Walker Prieto, actual presidente del partido, electo por la 5ª Circunscripción Cordillera, Región de Valparaíso; Patricio Walker Prieto, electo por la 18ª Circunscripción Senatorial Onceava Región de Aysén, Andrés Zaldívar, electo por la 10ª Circunscripción Norte, Región del Maule.

Mantuvo además otros 5 parlamentarios, electos por el período (2006-2010), ellos son: Jorge Pizarro Soto, electo por la 4ª Circunscripción de la Región de Coquimbo; María Soledad Alvear, electa por la 8ª Circunscripción, Santiago Oriente; Mariano Ruiz-Esquide, electo por 13ª Circunscripción Sur, Región del Bíobío, y Hosain Sabag Castillo, elegido como representante por 12ª Circunscripción Norte, Región del Bíobio.

En las elecciones para diputados, el partido logró 940.265 votos, equivalente a un 14,21% del total de los sufragios, y de los 39 candidatos que presentó logró la elección de 19. Estos son: Gabriel Ascencio Mansilla, electo por el Distrito N° 58, de la X Región de los Lagos; Jorge Burgos Varela, electo como representante del Distrito N° 21, de la Región Metropolitana; Eduardo Cerda; electo por el Distrito N° 10, de la V Región de Valparaíso; Aldo Cornejo González, representante del Distrito N° 13, de la V Región de Valparaíso; Fuad Chahín, electo por el Distrito N° 49, de la IX Región de la Araucanía;Carolina Goic Boroevic, electa diputada por el Distrito N° 60, de la XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena; Juan Carlos Latorre Carmona, electo como representante del Distrito N° 35, de la VI Región del Libertador Bernardo O’ Higgins; Roberto León Ramírez, electo por el Distrito N° 36, de la VI Región del Libertador Bernardo O’ Higgins; Pablo Lorenzini Basso en representación del Distrito Nº 38, de la VII Región del Maule. Sergio Ojeda Uribe; electo como representante del Distrito N° 55, de la X Región de los Lagos; José Miguel Ortiz Novoa electo por el Distrito N° 44, de la VIII Región del Bío Bío; Ricardo Rincón González representante del Distrito N°33 de la VI Región del Libertador Bernardo O’ Higgins; Jorge Eduardo Sabag Villalobos electo por el Distrito Nº 42, de la VIII Región del Bío Bío; René Saffirio, electo como representante del Distrito Nº 50, de la IX Región de la Araucanía; Gabriel Silber Romo, electo por el Distrito Nº 16, de la Región Metropolitana; Víctor Torres Jeldes, electo por el Distrito Nº 15, de la V Región de Valparaíso; Patricio Vallespín López, electo por el Distrito Nº 57 de la X Región de los Lagos; Mario Venegas Cárdenas, electo como representante del Distrito N°48 de la IX Región de la Araucanía y Matías Walker Prieto, electo por el Distrito N° 8 de la IV Región de Coquimbo.

Resultados Elecciones de Diputados del Partido Demócrata Cristiano (1961-2013)

Año de elección Nº de Votos % N° de Diputados
1961 213.468 15,4 23
1965 995.187 42,3 82
1969 706.574 29,8 56
1973 1.056.000 28,7 50
1989 1.766.347 25,99 38
1993 1.827.373 27,12 37
1997 1.331.745 22,98 38
2001 1.162.210 18,92 23
2005 1.370.501 20,76 20
2009 940.265 14,21 19
2013 965.364 15,56 21

Fuente: Cruz Coke (1984), pp. 86-89; Elecciones históricas de Chile. Sitio web, Servicio Electoral, SERVEL  Sitio web. Consultados  el 14 de marzo  de 2014 desdehttp://elecciones.gob.cl/ y http://www.eleccionservel.cl/

Resultados Elecciones de Senadores del Partido Demócrata Cristiano (1961-2013)

Año de elección Nº de Votos % N° de Senadores
1961 90.211 14,07 2
1965 633.251 46,36 10
1969 345.248 32,71 9
1973 467.248 36,18 10
1989 2.188.329 32,18 12
1993 378.987 20,22 4
1997 1.238.540 29,22 9
2001 395.728 22,84 2
2005 1.418.089 29,72 5
2009 314.145 16,63 4
2013 743.450 16.12 2

Fuente: Urzúa Valenzuela (1986), pp. ; Elecciones históricas de Chile, Servicio Electoral, SERVEL Sitio web. Consultados el 14 de marzo de 2014 desde http://elecciones.gob.cl/ yhttp://www.eleccionservel.cl/

Elecciones Municipales de 2012

El 28 de octubre de 2012 se realizaron los comicios municipales, donde la colectividad integró la Lista F, pacto denominado Concertación Democrática, junto al Partido Socialista de Chile e independientes. De manera particular, el partido obtuvo un total de 56 alcaldes electos a nivel nacional. En las elecciones para Concejales logró la elección de 931 concejales a nivel nacional.

En términos porcentuales, el Partido Demócrata Cristiano obtuvo la elección de un 16,51% de Alcaldes y de un 15,07% de Concejales. En estos escrutinios, retornó a los municipios de La Reina y Concepción, del mismo modo en que mantuvo otros como los de  Maipú, Peñalolén, Coquimbo, Quinta Normal, La Granja e Isla de Maipo.

Resultados Elecciones Municipales del Partido Demócrata Cristiano (1992-2012)

Año de elección Nº de Votos % N° de Alcaldes Electos
1992 1.854.679 28,93 643
1996 1.640.108 26,03 558
2000 1.408.445 21,62 509
2004 (*) 1.382.185 21,90 99
2008 1.143.898 17,98 59
2012 915.044 16,51 56

 


A partir de esta elección se comenzaron a eligir de forma separada Alcaldes y Concejales. Fuente: Elecciones históricas de Chile. Sitio web. Consultado el 14 de marzo de 2014 desde http://elecciones.gob.cl/

Fuentes referenciales
Bibliografía general
Bibliografía del partido
  • Partido Demócrata Cristiano (1993) Doctrina del PDC. Serie Difusión IV Congreso. Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, Santiago, Chile. Disponible en Biblioteca Nacional.
  • Partido Demócrata Cristiano (1987) El Pensamiento de la Democracia Cristiana. [s.n.] Santiago. Sitio web Memoria Chilena. Disponible en Biblioteca Nacional.
  • Partido Demócrata Cristiano. Junta Nacional. (1960) Estatutos 1960. Editorial del Pacífico, Santiago, Chile. Disponible en Biblioteca Nacional.
Bibliografía sobre el partido
Fuentes digitales
Partido en la prensa
  • (30 de marzo de 2015) Senador Pizarro es elegido como el nuevo presidente de la DC con el 71% de los votos. El Mercurio, Cuerpo C, p. 2. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=12290999
  • (13 de marzo de 2014) Consejo nacional DC define fecha de elecciones para reemplazo de Rincón. La Tercera, p.10. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=10582277
  • (24 de diciembre de 2013) La Democracia Cristiana en el nuevo gobierno. La Segunda, p.9. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=10242782
  • (25 de octubre de 2013) Bancada DC compromete su apoyo al programa de Gobierno de Michelle Bachelet. La Segunda Internet. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=10021111
  • (20 de enero de 2013) Orrego se impone a Rincón en primarias DC donde votaron más de 56 mil personas. La Tercera, p.4.
  • (13 de abril de 2011) Frei afina detalles de documento programático y asume rol en la formación de dirigentes jóvenes. El Mercurio, p.5 Cuerpo C. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6153161
  • (7 de abril de 2011) DC impulsa ley para evitar que fiscales ocupen cargos en el Ejecutivo. La Tercera Internet. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6134370
  • (7 de abril de 2011) DC impulsa ley para terminar con silla musical desde el Ministerio Público al Gobierno. El Mostrador. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6134430
  • (5 de abril de 2011) DC endurece críticas a Gómez y exige al Partido Radical definir su postura en negociación municipal, El Mercurio, p.3 Cuerpo C. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6122517
  • (30 de marzo de 2011) Aylwin participa en documental sobre su trayectoria política y afina capítulos de sus memorias. El Mercurio, p.4 Cuerpo C. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6100565
  • (20 de marzo de 2011) DC fija límites a pacto con PC y acuerda potenciar una agenda programática propia. El Mercurio, p.4 Cuerpo C. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6064323
  • (17 de marzo de 2011) DC analizará alianza municipal con el Partido Comunista y otras fuerzas en “jornada de reflexión”. El Mercurio, p.4 Cuerpo C. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=6053644
  • (24 de febrero de 2011) Diferencias entre los ministros por la irrenunciabilidad del posnatal marcan ajustes finales a proyecto del Gobierno. El Mercurio, p.2 Cuerpo C. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5975828
  • (25 de enero de 2011) Figuras históricas DC integrarán comité de ética de la colectividad. El Mercurio, p.4 Cuerpo C. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5869438
  • (16 de enero de 2011) La “rebelión de los sargentos” que cambió el mapa político de la Democracia Cristiana. El Mercurio, p.1 Cuerpo D. Disponible enhttp://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5838067
  • (13 de enero de 2011) Sorpresa en la Junta Nacional DC. El Mercurio, p.3 Cuerpo A.
  • (12 de enero de 2011) Hipótesis en la DC. El Mercurio, p.2 Cuerpo A. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5825122
  • (8 de enero de 2011) Walker y disidencia DC se enfrentan por el estilo de oposición a Piñera. El Mercurio, p.4 Cuerpo C. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5814530
  • (12 de diciembre de 2010) Historia de la DC. El Mercurio 12 Diciembre 2010 p.2 Cuerpo A. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5720788
  • (8 de diciembre de 2010) Democracia Cristiana. El Mercurio, p.2 Cuerpo A.
  • (4 de noviembre de 2010) DC hace encuesta online para nueva web del partido. El Mercurio, p.6 Cuerpo C. Disponible en http://noticias.bcn.cl/noticias_view_h?carpeta=5576102
  • (29 de agosto de 2010) Los dos ex cancilleres que disputan hoy el liderazgo de la DC hasta 2012. El Mercurio, p.3 Cuerpo C.
  • (28 de agosto de 2010) Elecciones en la DC. El Mercurio, p.2 Cuerpo A.
  • (8 de agosto de 2010) La DC, la Patria y el Bicentenario. El Mercurio, p.2 Cuerpo A.
  • (30 de mayo de 2010) DC acuerda reforzar su rol de partido opositor frente a estrategia de acercamiento de Piñera. El Mercurio, p.2 Cuerpo C.
  • (27 de mayo de 2010) Concertación y DC. El Mercurio, p.2 Cuerpo A.
  • (11 de mayo de 2010) “La DC debe tener un rol digno y recuperar el centro político”. El Mercurio, p.5 Cuerpo C.
  • (16 de abril de 2010) Ser democratacristiano. El Mercurio, p.2 Cuerpo A.
  • (14 de abril de 2010) Ser democratacristiano hoy. El Mercurio, p.3 Cuerpo A.
  • (12 de febrero de 2004) DC afirma que cupos de 309 comunas es un tema zanjado. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (26 de mayo de 2000) DC Ejecuta Cronograma Electoral. El Mercurio, p.03 Cuerpo C.
  • (24 de mayo de 2000) DC Coordina a Sus Ministros. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (18 de mayo de 2000) Aylwin y Frei a Campaña Municipal. El Mercurio 18 Mayo 2000 p.02 Cuerpo C.
  • (13 de mayo de 2000) Conflicto en DC por Votación Irregular. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (4 de mayo de 2000) Tema Municipal Dominará Junta DC. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (3 de mayo de 2000) DC Conformó Sus Directivas. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (3 de mayo de 2000) Ediles del PDC Propondrán Ser Centro de Estrategia Partidaria. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (19 de abril de 2000) DC Haría Primarias Conjuntas. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (18 de abril de 2000) Revisión Tributaria, Prioridad de Bandaca DC. El Mercurio, p.03 Cuerpo C.
  • (17 de abril de 2000) Todos Satisfechos tras Elección en el PDC. El Mercurio, p.04 Cuerpo C.
  • (4 de abril de 2000) Disconformidad DC. El Mercurio, p.03 Cuerpo C.
  • (6 de marzo de 1994) Aylwin, en la hora del Adiós. El Mercurio, p.1-9-10 Cuerpo D.
  • (30 de junio de 1972) DC dio por terminadas las conversaciones con el gobierno. La Prensa de Santiago, p. 20.
  • (24 de febrero de 1972) PDC: “El presidente parece temer el veredicto del pueblo”. La Prensa de Santiago, p. 1.

La amenaza de restauración neoliberal en Sudamérica

Desde el año 2013 en los países de la región comenzó a sentirse el impacto de la crisis global del capitalismo

16.12.2015

Por Alfredo Rada Vélez. – Desde el año 2013 en los países de la región comenzó a sentirse el impacto de la crisis global del capitalismo -a través del deterioro en los términos del intercambio comercial mundial que se expresó con la caída de los precios del petróleo, los minerales y los bienes primarios alimenticios- con fuertes efectos en Argentina, Brasil y Venezuela, cuyas exportaciones soyeras, mineras y petroleras representan gran parte de sus ingresos fiscales.

Si a ello le agregamos la especulación financiera internacional que ha llevado al fortalecimiento del dólar con efectos erosivos en casi todos los países sudamericanos, que se vieron obligados por razones de competitividad comercial a devaluar sus respectivas monedas, se ha configurado un complejo panorama económico, en el que confrontan problemas de financiación las políticas sociales de carácter protectivo y redistributivo que impulsaron los gobiernos de Cristina Fernández, Djilma Roussef y Nicolás Maduro. En el caso venezolano, existe además como agravante el sabotaje interno que con el ocultamiento, desabastecimiento y especulación de productos efectúan los grupos económicos privados más poderosos.

Para no caer en el determinismo económico hay que puntualizar que, si bien es cierto que la derecha restauradora del neoliberalismo cabalga sobre el malestar social cuyo origen está en la economía, aprovecha también las fallas programáticas y las debilidades políticas de los propios gobiernos genéricamente denominados progresistas.

La ajustada victoria del empresario de ideas neoliberales Mauricio Macri en las presidenciales de Argentina, el sorprendente triunfo de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en Venezuela y la apertura de un juicio político en el Congreso contra la presidenta Roussef en Brasil, son parte de una arremetida derechista en Sudamérica, que opera sobre la base de partidos políticos nacionales pero que coordinan a nivel regional, en una especie de “internacionalismo contrarrevolucionario”.

A partir de la experiencia boliviana de los años 1982 – 1985, a la que ahora se agrega lo ocurrido en Argentina y en Venezuela, se puede formular la siguiente hipótesis: tratándose de procesos políticos que ocurren dentro del campo democrático, no hay posibilidades de forjar alternativas revolucionarias de poder en confrontación y ruptura con aquéllos gobiernos que con respaldo popular emprenden reformas políticas, económicas y sociales. Se puede complementar la hipótesis: Cuando ocurre el desgaste de esos gobiernos que van perdiendo el apoyo popular que les dio origen, se terminan fortaleciendo las facciones más conservadoras que son las que finalmente pueden retornar al poder.

Recordemos lo que ocurrió durante el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP) en los años ochenta. Hernán Siles Zuazo presidía un gobierno nacionalista y popular con limitados ribetes reformistas, al que se enfrentaron la Central Obrera Boliviana (COB) y el Partido Obrero Revolucionario (POR) bajo la premisa de la “superación revolucionaria del udepismo”. El resultado fue catastrófico: la UDP se hundió, la COB se deslegitimó y los partidos de derecha de ese momento, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Acción Democrática Nacionalista (ADN), terminaron ganando las elecciones de 1985 con lo que encabezados por Víctor Paz Estenssoro dieron inicio a la larga noche neoliberal.

En Argentina, la ultraizquierda que hace años se organizó en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), desplegó varias estrategias de desgaste del kirchnerismo, acusándolo de ser “un otro gobierno burgués con tendencia a derechizarse”. Bajo esa aberrante lógica que no observa matices, el FIT que obtuvo 812.000 votos (poco más del 3%) en la primera vuelta en Argentina, para la segunda vuelta llamó a votar en blanco “no importando cuáles sean los candidatos”. Macri ganó esa segunda vuelta por una diferencia de 680.000 votos y ahora es presidente. Los aventureros del FIT tendrán que explicarle al pueblo por qué facilitaron con su abstención el retorno al gobierno de la burguesía neoliberal, que se apresta a tomar medidas de recorte de los subsidios, rebaja de los salarios y retroceso en los derechos laborales.

En Venezuela, la variopinta oposición contó al principio entre sus filas con organizaciones “revolucionarias” de nombres tan radicales como Bandera Roja o Movimiento al Socialismo, así como disidentes del chavismo. Pero con el apoyo económico y el aparato mediático de la burguesía, con el tiempo pasaron a prevalecer las corrientes de Leopoldo López y Henrique Capriles, admiradores del fascista colombiano Alvaro Uribe. Estos son los que han logrado mayoría calificada en la Asamblea Nacional de Venezuela y desde allí pretenden, a pedido de la burguesía venezolana, anular la “Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras” en la que están plasmadas las conquistas sociales logradas los últimos quince años.

Ojalá no se olvidaran estas lecciones de la historia y la política contemporáneas, pero como en Bolivia la memoria es frágil otra vez se escuchan frases como “la derecha está en el gobierno” u “otra izquierda es posible”. Afirmo aquí y ahora que esa verborragia es sólo un taparrabos de las corrientes políticas que, con su desmedido ataque al gobierno de Evo y a la Coordinadora Nacional por el Cambio, están tendiendo la alfombra para el retorno de los neoliberales. De todas las oposiciones la que más ha avanzado es el derechista Movimiento Demócrata Social (MDS) de Rubén Costas. Tiene personería jurídica nacional y aunque perdió la Gobernación del Beni ganó la alcaldía de Cochabamba, donde los disidentes del masismo Alex Contreras y Rebeca Delgado cohabitan de lo más cómodos con esa derecha. Costas también ha logrado acuerdos con el alcalde de La Paz, Luis Revilla, cuya agrupación ciudadana Sol.Bo –despojada ya del tenue discurso izquierdista del extinto Movimiento sin Miedo- terminará siendo funcional al conservadurismo.

En sintonía con Jorge Quiroga y el propio Rubén Costas –y con Manfred Reyes Villa y Carlos Sánchez Berzaín que desde Miami agregan lo suyo- la ultraizquierda hace campaña por el No para el referéndum próximo. Consultado por un periodista sobre esta coincidencia con los neoliberales, Miguel Lora, militante del POR, respondió: “nuestro no es diferente”. ¿Dónde exactamente radica la diferencia?, ¿en la “n” o en la “o”?

La amenaza de la restauración neoliberal obligará a las fuerzas populares, obreras e indígenas a cohesionarse para defender sus conquistas históricas. Y no debe ser en ruptura con el proceso de cambio sino a su interior, criticando todo lo que haya que criticar y planteando la necesidad de la profundización de las transformaciones. Es una estrategia que se la viene trabajando desde hace años, desde el reencuentro entre la COB y el Gobierno de Evo, que ha logrado el fortalecimiento de la Conalcam, y que nuevamente se pondrá a prueba en la campaña por el triunfo del SI en el referéndum de febrero de 2016.

Tomado de Rebelión

La izquierda del futuro: una sociología de las emergencias

La izquierda del futuro

Por Boaventura de Sousa Santos. – El futuro de la izquierda no es más difícil de predecir que cualquier otro acontecimiento social. La mejor manera de abordarlo es haciendo lo que llamo sociología de las emergencias. Consiste en prestar especial atención a algunas señales del presente para ver en ellas tendencias, embriones de lo que puede ser decisivo en el futuro. En este texto, doy especial atención a un hecho que, por inusual, puede señalar algo nuevo e importante. Me refiero a los pactos entre diferentes partidos de izquierda.

Los pactos

La familia de las izquierdas no tiene una fuerte tradición de pactos. Algunas ramas de esta familia tienen incluso más tradición pactos con la derecha que con otras ramas de la familia. Diríase que las divergencias internas en la familia de las izquierdas son parte de su código genético, tan constantes como han sido a lo largo de los últimos doscientos años. Por razones obvias, las divergencias han sido más amplias o notorias en democracia. La polarización llega a veces al punto de que una rama de la familia ni siquiera reconoce que la otra pertenece a la misma familia. Por el contrario, en períodos de dictadura los entendimientos han sido frecuentes, aunque terminen una vez acabado el período dictatorial.

A la luz de esta historia, merece una reflexión el hecho de que en los últimos tiempos estamos asistiendo a un movimiento pactista entre diferentes ramas de las izquierdas en países democráticos. El sur de Europa es un buen ejemplo: la unidad en torno a Syriza en Grecia a pesar de todas las vicisitudes y dificultades; el gobierno dirigido por el Partido Socialista en Portugal con el apoyo del Partido Comunista y del Bloco de Esquerda a raíz de las elecciones del 4 de octubre de 2015; algunos gobiernos autonómicos en España, salidos de las elecciones regionales de 2015 y, en el momento en que escribo, la discusión sobre la posibilidad de un pacto a escala nacional entre el PSOE, Podemos y otros partidos de izquierda como resultado de las elecciones generales de diciembre. Hay indicios de que en otros lugares de Europa y en América Latina pueden surgir en un futuro próximo pactos similares. Se imponen dos cuestiones. ¿Por qué este impulso pactista en democracia? ¿Cuál es su sostenibilidad?

La primera pregunta tiene una respuesta plausible. En el caso del sur de Europa, la agresividad de la derecha (tanto de la nacional como de la que viste la piel de las “instituciones europeas”) en el poder en los últimos cinco años ha sido tan devastadora para los derechos de ciudadanía y para la credibilidad del régimen democrático que las fuerzas de izquierda comienzan a estar convencidas de que las nuevas dictaduras del siglo XXI surgirán en forma de democracias de bajísima intensidad. Serán dictaduras presentadas como dictablandas o democraduras, como la gobernabilidad posible ante la inminencia del supuesto caos en los tiempos difíciles que vivimos, como el resultado técnico de los imperativos del mercado y de la crisis que lo explica todo sin necesidad de ser explicada. El pacto resulta de una lectura política de que lo que está en juego es la supervivencia de una democracia digna de ese nombre y de que las divergencias sobre lo que esto significa ahora tienen menos urgencia que salvar lo que la derecha todavía no ha logrado destruir.

La segunda pregunta es más difícil de responder. Como decía Spinoza, las personas (y también las sociedades, diría yo) se rigen por dos emociones fundamentales: el miedo y la esperanza. El equilibrio entre ambas es complejo pero sin una de ellas no sobreviviríamos. El miedo domina cuando las expectativas de futuro son negativas (“esto es malo pero el futuro podría ser aún peor”); por su parte, la esperanza domina cuando las expectativas futuras son positivas o cuando, por lo menos, el inconformismo con la supuesta fatalidad de las expectativas negativas es ampliamente compartido. Treinta años después del asalto global a los derechos de los trabajadores; de la promoción de la desigualdad social y del egoísmo como máximas virtudes sociales; del saqueo sin precedentes de los recursos naturales, de la expulsión de poblaciones enteras de sus territorios y de la destrucción ambiental que esto significa; de fomentar la guerra y el terrorismo para crear Estados fallidos y tornar las sociedades indefensas ante la expoliación; de la imposición más o menos negociada de tratados de libre comercio totalmente controlados por los intereses de empresas multinacionales; de la total supremacía del capital financiero sobre el capital productivo y sobre la vida de las personas y las comunidades; después de todo esto, combinado con la defensa hipócrita de la democracia liberal, es plausible concluir que el neoliberalismo es una inmensa máquina de producción de expectativas negativas para que las clases populares no sepan las verdaderas razones de su sufrimiento, se conformen con lo poco que aún tienen y estén paralizadas por el miedo a perderlo.

El movimiento pactista al interior de las izquierdas es producto de un tiempo, el nuestro, de predominio absoluto del miedo sobre la esperanza. ¿Significará esto que los gobiernos salidos de los pactos serán víctimas de su éxito? El éxito de los gobiernos pactados por las izquierdas se traducirá en la atenuación del miedo y en la devolución de alguna esperanza a las clases populares, al mostrar, mediante una gestión de gobierno pragmática e inteligente, que el derecho a tener derechos es una conquista civilizatoria irreversible. ¿Será que, cuando brille nuevamente la esperanza, las divergencias volverán a la superficie y los pactos serán echados a la basura? Si ello ocurriese, sería fatal para las clases populares, que rápidamente regresarían al silenciado desaliento ante un fatalismo cruel, tan violento para las grandes mayorías cuanto benévolo para las pequeñísimas minorías. Pero también sería fatal para las izquierdas en su conjunto, pues quedaría demostrado durante algunas décadas que las izquierdas son buenas para corregir el pasado, pero no para construir el futuro. Para que tal cosa no suceda, deben ser llevadas a cabo dos tipos de medidas durante la vigencia de los pactos. Dos medidas que no se imponen por la urgencia del gobierno corriente y que, por eso, tienen que resultar de una voluntad política bien determinada. Llamo a estas dos medidas Constitución y hegemonía.

Constitución y hegemonía

La Constitución es el conjunto de reformas constitucionales o infraconstitucionales que reestructuran el sistema político y las instituciones con el fin de prepararlas para posibles embates con la dictablanda y el proyecto de democracia de bajísima intensidad que esta conlleva. Dependiendo de los países, las reformas serán diferentes, como diferentes serán los mecanismos utilizados. Si en algunos casos es posible reformar la Constitución con base en los Parlamentos, en otros será necesario convocar Asambleas Constituyentes originarias, dado que los Parlamentos serían el mayor obstáculo para cualquier reforma constitucional.

También puede suceder que, en un determinado contexto, la “reforma” más importante sea la defensa activa de la Constitución existente mediante una renovada pedagogía constitucional en todas las áreas de gobierno. Pero habrá algo común a todas las reformas: volver el sistema electoral más representativo y más transparente; fortalecer la democracia representativa con la democracia participativa. Los teóricos liberales más influyentes de la democracia representativa han reconocido (y recomendado) la coexistencia ambigua entre dos ideas (contradictorias) que aseguran la estabilidad democrática: por un lado, la creencia de los ciudadanos en su capacidad y competencia para intervenir y participar activamente en la política; por otro, un ejercicio pasivo de esa competencia y de esa capacidad mediante la confianza en las élites gobernantes. En los últimos tiempos, y como lo demuestran las protestas que han sacudido muchos países desde 2011, la confianza en las élites ha venido deteriorándose sin que, sin embargo, el sistema político (por su diseño o por su práctica) permita a los ciudadanos recuperar su capacidad y competencia para intervenir activamente en la vida política. Sistemas electorales asimétricos, partidocracia, corrupción, crisis financieras manipuladas –he aquí algunas de las razones de la doble crisis de representación (“no nos representan”) y de participación (“no vale la pena votar, todos son iguales y ninguno cumple lo que promete”). Las reformas constitucionales obedecerán a un doble objetivo: hacer la democracia representativa más representativa; complementar la democracia representativa con la democracia participativa. Estas reformas darán como resultado que la formación de la agenda política y el control del desempeño de las políticas públicas dejarán de ser un monopolio de los partidos y pasarán a ser compartidas por los partidos y ciudadanos independientes organizados democráticamente para este propósito.

El segundo conjunto de reformas es lo que llamo hegemonía. La hegemonía es el conjunto de ideas sobre la sociedad e interpretaciones del mundo y de la vida que, por ser altamente compartidas, incluso por los grupos sociales perjudicados por ellas, permiten que las élites políticas, al apelar a tales ideas e interpretaciones, gobiernen más por consenso que por coerción, aun cuando gobiernan en contra de los intereses objetivos de grupos sociales mayoritarios. La idea de que los pobres son pobres por su propia culpa es hegemónica cuando es defendida no sólo por los ricos, sino también por los pobres y las clases populares en general. En este caso son, por ejemplo, menores los costes políticos de las medidas para eliminar o restringir drásticamente la renta social de inserción. La lucha por la hegemonía de las ideas de sociedad que sostienen el pacto entre las izquierdas es fundamental para la supervivencia y consistencia de ese pacto. Esta lucha tiene lugar en la educación formal y en la promoción de la educación popular, en los medios de comunicación, en el apoyo a los medios alternativos, en la investigación científica, en la transformación curricular de las universidades, en las redes sociales, en la actividad cultural, en las organizaciones y movimientos sociales, en la opinión pública y en la opinión publicada. A través de ella, se construyen nuevos sentidos y criterios de evaluación de la vida social y de la acción política (la inmoralidad del privilegio, de la concentración de la riqueza y de la discriminación racial y sexual; la promoción de la solidaridad, de los bienes comunes y de la diversidad cultural, social y económica; la defensa de la soberanía y de la coherencia de las alianzas políticas; la protección de la naturaleza) que hacen más difícil la contrarreforma de las ramas reaccionarias de la derecha, las primeras en irrumpir en un momento de fragilidad del pacto. Para esta lucha tenga éxito es necesario impulsar políticas que, a simple vista, son menos urgentes y compensadoras. Si esto no ocurre, la esperanza no sobrevivirá al miedo.

Aprendizajes globales

Si algo se puede afirmar con alguna certeza acerca de las dificultades que están pasando las fuerzas progresistas en América Latina, es que tales dificultades se asientan en el hecho de que sus gobiernos no enfrentaron ni la cuestión de la Constitución ni la de la hegemonía. En el caso de Brasil, este hecho es particularmente dramático. Y explica en parte que los enormes avances sociales de los gobiernos de la época Lula sean ahora tan fácilmente reducidos a meros expedientes populistas y oportunistas, incluso por parte de sus beneficiarios. Explica también que los muchos errores cometidos (para comenzar, el haber desistido de la reforma política y de la regulación de los medios de comunicación, y algunos errores dejan heridas abiertas en grupos sociales importantes, tan diversos como los campesinos sin tierra ni reforma agraria, los jóvenes negros víctimas del racismo, los pueblos indígenas ilegalmente expulsados de sus territorios ancestrales, pueblos indígenas y quilombolas con reservas homologadas pero engavetadas, militarización de las periferias de las grandes ciudades, poblaciones rurales envenenadas por agrotóxicos, etcétera), no sean considerados como errores, sino que sean omitidos y hasta convertidos en virtudes políticas o, al menos, sean aceptados como consecuencias inevitables de un Gobierno realista y desarrollista.

Las tareas incumplidas de la Constitución y de la hegemonía explican también que la condena de la tentación capitalista por parte de los gobiernos de izquierda se centre en la corrupción y, por tanto, en la inmoralidad y en la ilegalidad del capitalismo, y no en la injusticia sistemática de un sistema de dominación que se puede realizar en perfecto cumplimiento de la legalidad y la moralidad capitalistas.

El análisis de las consecuencias de no haber resuelto las cuestiones de la Constitución y de la hegemonía es relevante para prever y prevenir lo que puede pasar en las próximas décadas, no solo en América Latina, sino también en Europa y otras regiones del mundo. Entre las izquierdas latinoamericanas y las de Europa del sur ha habido en los últimos veinte años importantes canales de comunicación, que están todavía por analizarse en todas sus dimensiones. Desde el inicio del presupuesto participativo en Porto Alegre (1989), varias organizaciones de izquierda en Europa, Canadá e India (de las que tengo conocimiento) comenzaron a prestar mucha atención a las innovaciones políticas que emergían en el campo de las izquierdas en varios países de América Latina.

A partir del final de la década de 1990, con la intensificación de las luchas sociales, el ascenso al poder de gobiernos progresistas y las luchas por Asambleas Constituyentes, sobre todo en Ecuador y Bolivia, quedó claro que una profunda renovación de la izquierda, de la cual había mucho que aprender, estaba en curso. Los trazos principales de esa renovación fueron los siguientes: la democracia participativa articulada con la democracia representativa, una articulación de la cual ambas salían fortalecidas; el intenso protagonismo de movimientos sociales, de lo que el Foro Social Mundial de 2001 fue una muestra elocuente; una nueva relación entre partidos políticos y movimientos sociales; la sobresaliente entrada en la vida política de grupos sociales hasta entonces considerados residuales, como los campesinos sin tierra, pueblos indígenas y pueblos afrodescendientes; la celebración de la diversidad cultural, el reconocimiento del carácter plurinacional de los países y el propósito de enfrentar las insidiosas herencias coloniales siempre presentes. Este elenco es suficiente para evidenciar cuánto las dos luchas a las que me he estado refiriendo (la Constitución y la hegemonía) estuvieron presentes en este vasto movimiento que parecía refundar para siempre el pensamiento y la práctica de izquierda, no solo en América Latina, sino en todo el mundo.

La crisis financiera y política, sobre todo a partir de 2011, y el movimiento de los indignados, fueron los detonantes de nuevas emergencias políticas de izquierda en el sur de Europa, en las que estuvieron muy presentes las lecciones de América Latina, en especial la nueva relación partido-movimiento, la nueva articulación entre democracia representativa y democracia participativa, la reforma constitucional y, en el caso de España, las cuestiones de la plurinacionalidad. El partido español Podemos representa mejor que cualquier otro estos aprendizajes, incluso cuando sus dirigentes fueron desde el principio conscientes de las diferencias sustanciales entre los contextos político y geopolítico europeo y latinoamericano.

La forma en que tales aprendizajes se irán a plasmar en el nuevo ciclo político que está emergiendo en Europa del sur es, por ahora, una incógnita. Pero desde ya es posible especular lo siguiente: si es verdad que las izquierdas europeas aprendieron con las muchas innovaciones de las izquierdas latinoamericanas, no es menos cierto (y trágico) que éstas se “olvidaron” de sus propias innovaciones y que, de una u otra forma, cayeron en las trampas de la vieja política, donde las fuerzas de derecha fácilmente muestran su superioridad dada la larga experiencia histórica acumulada.

Si las líneas de comunicación se mantienen hoy, y siempre salvaguardando la diferencia de contextos, quizá sea tiempo de que las izquierdas latinoamericanas aprendan también con las innovaciones que están emergiendo entre las izquierdas del sur de Europa. Entre ellas destaco las siguientes: mantener viva la democracia participativa dentro de los propios partidos de izquierda, como condición previa a su adopción en el sistema político nacional en articulación con la democracia representativa; pactos entre fuerzas de izquierda (no necesariamente solo entre partidos) y nunca con fuerzas de derecha; pactos pragmáticos no clientelistas (no se discuten personas o cargos, sino políticas públicas y medidas de Gobierno), ni de rendición (articulando líneas rojas que no pueden ser cruzadas con la noción de prioridades o, como se decía antes, distinguiendo las luchas primarias de las secundarias); insistencia en la reforma constitucional para blindar los derechos sociales y tornar el sistema político más transparente, más próximo y más dependiente de las decisiones ciudadanas, sin tener que esperar elecciones periódicas (refuerzo del referendo); y, en el caso español, tratar democráticamente la cuestión de la plurinacionalidad.

La máquina fatal del neoliberalismo continúa produciendo miedo a gran escala y, siempre que falta materia prima, trunca la esperanza que puede encontrar en los rincones más recónditos de la vida política y social de las clases populares, la tritura, la procesa y la transforma en miedo. Las izquierdas son la arena que puede atajar ese aparatoso engranaje a fin de abrir las brechas por donde la sociología de las emergencias hará su trabajo de formular y amplificar las tendencias, los “todavía no”, que apuntan a un futuro digno para las grandes mayorías. Por eso es necesario que las izquierdas sepan tener miedo sin tener miedo del miedo. Sepan sustraer semillas de esperanza a la trituradora neoliberal y plantarlas en terrenos fértiles donde cada vez más ciudadanos sientan que pueden vivir bien, protegidos, tanto del infierno del caos inminente, como del paraíso de las sirenas del consumo obsesivo. Para que esto ocurra, la condición mínima es que las izquierdas permanezcan firmes en las dos luchas fundamentales: la Constitución y la hegemonía.

– Boaventura de Sousa Santos es Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial. Artículo enviado a Other News por el autor. Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Tomado de Alainet

¿Puede la civilización sobrevivir al capitalismo?

Puede la civilización sobrevivir al capitalismo

Por Noam Chomsky

 

Hay “capitalismo” y luego el “verdadero capitalismo existente”. El término “capitalismo” se usa comúnmente para referirse al sistema económico de Estados Unidos con intervención sustancial del Estado, que va de subsidios para innovación creativa a la póliza de seguro gubernamental para bancos “demasiado-grande-para-fracasar”.

El sistema está altamente monopolizado, limitando la dependencia en el mercado cada vez más: En los últimos 20 años el reparto de utilidades de las 200 empresas más grandes se ha elevado enormemente, reporta el académico Robert W. McChesney en su nuevo libro Digital disconnect. “Capitalismo” es un término usado ahora comúnmente para describir sistemas en los que no hay capitalistas; por ejemplo, el conglomerado-cooperativa Mondragón en la región vasca de España o las empresas cooperativas que se expanden en el norte de Ohio, a menudo con apoyo conservador ―ambas son discutidas en un importante trabajo del académico Gar Alperovitz―. Algunos hasta pueden usar el término “capitalismo” para referirse a la democracia industrial apoyada por John Dewey, filósofo social líder de Estados Unidos, a finales del siglo XIX y principios del XX. Dewey instó a los trabajadores “a ser los dueños de su destino industrial” y a todas las instituciones a someterse a control público, incluyendo los medios de producción, intercambio, publicidad, transporte y comunicación. A falta de esto, alegaba Dewey, la política seguirá siendo “la sombra que los grandes negocios proyectan sobre la sociedad”. La democracia truncada que Dewey condenaba ha quedado hecha andrajos en los últimos años. Ahora el control del gobierno se ha concentrado estrechamente en el máximo del índice de ingresos, mientras la gran mayoría “de los de abajo” han sido virtualmente privados de sus derechos.

El sistema político-económico actual es una forma de plutocracia que diverge fuertemente de la democracia, si por ese concepto nos referimos a los arreglos políticos en los que la norma está influenciada de manera significativa por la voluntad pública. Ha habido serios debates a través de los años sobre si el capitalismo es compatible con la democracia. Si seguimos que la democracia capitalista realmente existe (DCRE, para abreviar), la pregunta es respondida acertadamente: Son radicalmente incompatibles. A mí me parece poco probable que la civilización pueda sobrevivir a la DCRE y la democracia altamente atenuada que conlleva. Pero, ¿podría una democracia que funcione marcar la diferencia? Sigamos el problema inmediato más crítico que enfrenta la civilización: una catástrofe ambiental. Las políticas y actitudes públicas divergen marcadamente, como sucede a menudo bajo la DCRE. La naturaleza de la brecha se examina en varios artículos de la edición actual del Deadalus, periódico de la Academia Americana de Artes y Ciencias.

El investigador Kelly Sims Gallagher descubre que

109 países han promulgado alguna forma de política relacionada con la energía renovable, y 118 países han establecido objetivos para la energía renovable. En contraste, Estados Unidos no ha adoptado ninguna política consistente y estable a escala nacional para apoyar el uso de la energía renovable.

No es la opinión pública lo que motiva a la política estadunidense a mantenerse fuera del espectro internacional. Todo lo contrario. La opinión está mucho más cerca de la norma global que lo que reflejan las políticas del gobierno de Estados Unidos, y apoya mucho más las acciones necesarias para confrontar el probable desastre ambiental pronosticado por un abrumador consenso científico ―y uno que no está muy lejano; afectando las vidas de nuestros nietos, muy probablemente―. Como reportan Jon A. Krosnik y Bo MacInnis en Daedalus:

Inmensas mayorías han favorecido los pasos del gobierno federal para reducir la cantidad de emisiones de gas de efecto invernadero generadas por las compañías productoras de electricidad. En 2006, 86 por ciento de los encuestados favorecieron solicitar a estas compañías o apoyarlas con exención de impuestos para reducir la cantidad de ese gas que emiten… También en ese año, 87 por ciento favoreció la exención de impuestos a las compañías que producen más electricidad a partir de agua, viento o energía solar. Estas mayorías se mantuvieron entre 2006 y 2010, y de alguna manera después se redujeron.

El hecho de que el público esté influenciado por la ciencia es profundamente preocupante para aquellos que dominan la economía y la política de Estado. Una ilustración actual de su preocupación es la “enseñanza sobre la ley de mejora ambiental”, propuesta a los legisladores de Estado por el Consejo de Intercambio Legislativo Estadunidense (CILE), grupo de cabildeo de fondos corporativos que designa la legislación para cubrir las necesidades del sector corporativo y de riqueza extrema. La Ley CILE manda “enseñanza equilibrada” de la ciencia del clima en salones de clase K-12. La “enseñanza equilibrada” es una frase en código que se refiere a enseñar la negación del cambio climático, a “equilibrar” la corriente de la ciencia del clima. Es análoga a la “enseñanza equilibrada” apoyada por creacionistas para hacer posible la enseñanza de “ciencia de creación” en escuelas públicas. La legislación basada en modelos CILE ya ha sido introducida en varios estados.

Desde luego, todo esto se ha revestido en retórica sobre la enseñanza del pensamiento crítico, una gran idea, sin duda, pero es más fácil pensar en buenos ejemplos que en un tema que amenaza nuestra supervivencia y ha sido seleccionado por su importancia en términos de ganancias corporativas. Los reportes de los medios comúnmente presentan controversia entre dos lados sobre el cambio climático. Un lado consiste en la abrumadora mayoría de científicos, las academias científicas nacionales a escala mundial, las revistas científicas profesionales y el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC). Están de acuerdo en que el calentamiento global está sucediendo, que hay un sustancial componente humano, que la situación es seria y tal vez fatal, y que muy pronto, tal vez en décadas, el mundo pueda alcanzar un punto de inflexión donde el proceso escale rápidamente y sea irreversible, con severos efectos sociales y económicos. Es raro encontrar tal consenso en cuestiones científicas complejas. El otro lado consiste en los escépticos, incluyendo unos cuantos científicos respetados ―que advierten que es mucho lo que aún se ignora―, lo cual significa que las cosas podrían no estar tan mal como se pensó, o podrían estar peor. Fuera del debate artificial hay un grupo mucho mayor de escépticos: científicos del clima altamente reconocidos que ven los reportes regulares del PICC como demasiado conservadores. Y, desafortunadamente, estos científicos han demostrado estar en lo correcto repetidamente. Aparentemente, la campaña de propaganda ha tenido algún efecto en la opinión pública de Estados Unidos, la cual es más escéptica que la norma global. Pero el efecto no es suficientemente significativo como para satisfacer a los señores.

Presumiblemente esa es la razón por la que los sectores del mundo corporativo han lanzado su ataque sobre el sistema educativo, en un esfuerzo por contrarrestar la peligrosa tendencia pública a prestar atención a las conclusiones de la investigación científica. En la Reunión Invernal del Comité Nacional Republicano (RICNR), hace unas semanas, el gobernador por Luisiana, Bobby Jindal, advirtió a la dirigencia que “tenemos que dejar de ser el partido estúpido. Tenemos que dejar de insultar la inteligencia de los votantes”. Dentro del sistema DCRE es de extrema importancia que nos convirtamos en la nación estúpida, no engañados por la ciencia y la racionalidad, en los intereses de las ganancias a corto plazo de los señores de la economía y del sistema político, y al diablo con las consecuencias. Estos compromisos están profundamente arraigados en las doctrinas de mercado fundamentalistas que se predican dentro del DCRE, aunque se siguen de manera altamente selectiva, para sustentar un Estado poderoso que sirve a la riqueza y al poder.

América Latina en el nuevo orden mundial

Nación o región que no tenga proyecto estratégico, y mantenga el timón con firmeza en las peores tormentas geopolíticas, está destinada a ser arrastrada por los vientos dominantes.

14.07.2015

Por Raúl Zibechi. – Nación o región que no tenga proyecto estratégico, y mantenga el timón con firmeza en las peores tormentas geopolíticas, está destinada a ser arrastrada por los vientos dominantes. América Latina está dejando pasar la oportunidad de romper con su papel de subordinación como patio trasero del imperio, precisamente por carecer de ambas condiciones: proyecto y firmeza política.

América del Sur, la región que está en mejores condiciones para romper con el molde impuesto por Estados Unidos, se encuentra dividida y los países que podrían enfocarse hacia nuevos rumbos están paralizados. En su conjunto, ha perdido peso en la arena internacional y en los principales foros.

El documento Estrategia militar nacional de Estados Unidos 2015, difundido recientemente y enfocado a la contención de China y Rusia, menciona en varios pasajes todas las regiones del planeta, pero hace alusiones apenas laterales hacia América Latina y el Caribe. Lo que no quiere decir que el Pentágono no tenga una política hacia la región, sino que no vislumbra problemas mayores en su patio trasero, donde sólo se preocupa por las organizaciones criminales trasnacionales.

Estos días se suceden dos reuniones en Ufá, en los Urales del sur: la cumbre de los países BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Para el periódico chino Global Times, la doble reunión –en realidad se trata de convergencia de intereses– refleja un cambio profundo en la situación euroasiáticacon capacidad para influir en todo el mundo, a través de mecanismos potentes como el Banco de Desarrollo BRICS, el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura ( Global Times, 8 de julio de 2015). En ambas cumbres el papel de la región latinoamericana es también marginal.

Ni América Latina está presente en la coyuntura internacional, ni los grandes poderes globales, los tradicionales o los emergentes, la toman en cuenta como actor global. Es cierto que la región nunca tuvo presencia global, aunque Brasil jugó años atrás cierto papel en varios escenarios y en instituciones como los BRICS, pero lo destacable es el retroceso, en particular de Sudamérica, como actor independiente. Hay siete razones que explican este paso atrás.

La primera, y la más importante, es la parálisis de Brasil, fruto de la combinación de crisis económica y crisis política. La potente ofensiva del sector financiero, la derecha y las clases medias contra el PT y el gobierno de Dilma Rousseff, sumada a la corrupción en la estatal Petrobras, los colocaron a la defensiva y no es fácil que puedan retomar la iniciativa.

Brasil era el país que había conseguido diseñar una estrategia nacional y regional, que incluye el desarrollo de un complejo industrial-militar autónomo y una política exterior independiente. La prisión de algunos destacados directivos de las grandes constructoras, como Marcelo Odebrecht, presidente de la empresa clave en la construcción de submarinos convencionales y nucleares, pone en peligro toda la estrategia brasileña. El papel que tuvo Brasil como líder regional, con fuertes inversiones en infraestructura, tiende a ser sustituido por la creciente presencia de China.

La segunda es la crisis de Venezuela, en particular la económica, seguida de la crisis de liderazgo, que le impide seguir siendo un referente en la región. Las elecciones parlamentarias de diciembre pueden agravar las crisis que atraviesa el país.

La tercera es el fin del ciclo kirch­nerista en Argentina, cuya sucesión puede ser resuelta favorablemente en las próximas elecciones presidenciales, el 25 de octubre, pero aun así será difícil que recupere la pujanza que mostró hasta ahora, en particular en las relaciones internacionales.

La alianza estratégica Brasil-Argentina-Venezuela conforma la masa crítica capaz de conducir al conjunto de la región en una dirección más independiente de Washington, trascendiendo Sudamérica con proyectos como la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

En cuarto lugar está la parálisis del Mercosur, donde la crisis brasileña abre grietas en los acuerdos comerciales con Argentina y Venezuela. El cambio del ciclo económico con la baja de precios de las commodities coloca al Mercosur ante la necesidad de transitar hacia otro modelo productivo, que hasta ahora no se está registrando en ninguno de ellos.

En quinto lugar, el acercamiento de Paraguay y Uruguay hacia las políticas promovidas por Washington. El primero está reviviendo una vieja alianza con fuerte impronta militar, mientras el segundo quiere integrarse en la Alianza del Pacífico. En ambos casos se registra un viraje negativo respecto al Mercosur y la integración regional.

La sexta cuestión se relaciona con las dificultades que atraviesa la Unasur, que le impiden jugar un papel activo en la resolución de los conflictos, así como en el desarrollo de algunos procesos de integración que lucen paralizados. El Banco del Sur, las obras de infraestructura y los proyectos del Consejo de Defensa Suramericano están estancados o avanzan con demasiada lentitud en relación con la aceleración geopolítica que vive el mundo.

Por último, cabe destacar la falta de debates estratégicos en la región, que afecta a los institutos especializados, las academias, los partidos de izquierda y progresistas, y también a los movimientos sociales. Las urgencias del momento han relegado los temas de fondo, que incluyen desde la inserción de cada país y la región en un mundo que cambia, hasta los diversos proyectos nacionales. Se ha perdido una década, en gran medida por el facilismo de seguir detrás de los altos precios de las materias primas, que actuaron como narcóticos paralizando la voluntad de transformaciones estructurales.

Los movimientos son parte del problema. Desaparecidos los foros sociales como espacios de encuentro y debate, el vacío está siendo llenado por el Vaticano. Nada bueno puede salir de la carencia de proyectos estratégicos.

Tomado de La Jornada

Urge crear en AL “una fuerza” como la que derrotó al ALCA

Para frenar a la derecha pareciera urgente hacer una coalición de fuerzas similar a la que derrotó el ALCA

24.11.2015

El avance de la ofensiva de la derecha latinoamericana en la región ha hecho que las luces de alerta de la izquierda se prendan. Para frenarla y mantener el rumbo de las transformaciones sociales pareciera urgente poner en pie una coalición de fuerzas similar a la que, hace 10 años, derrotó el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), promovida por Estados Unidos.

Este es el trasfondo central de la reunión continental que este viernes comenzó en la Villa Panamericana, en La Habana, Cuba, la cual terminará el próximo 22 de noviembre. Titulado Encuentro hemisférico derrota del ALCA. 10 años después, el evento reúne a 160 delegados, de 108 organizaciones, provenientes de 24 países, muchos de ellos actores directos de aquella batalla.

Formalmente, el motivo de la reunión es ligeramente diferente. Consiste en conmemorar 10 años de la derrota del ALCA y enfrentar los nuevos desafíos que acechan a las fuerzas progresistas con iniciativas como las de TPP, TISA, TransAtlático. Sin embargo, en el centro de los análisis y la discusión está la idea de si es cierto o no que ha llegado a su fin el ciclo de gobiernos progresistas en América Latina.

La historia

Por supuesto, la historia está viva en este encuentro. El 4 y 5 de noviembre de 2005, en Mar del Plata, Argentina, se puso en evidencia –según el economista paraguayo y asesor del movimiento sindical en Brasil– un cambio de época en América Latina. En esa ocasión se realizó la cuarta Cumbre de las Américas y George Bush –presidente de Estados Unidos– llegó a imponer el ALCA.

En esos días una amplia coalición de movimientos populares continentales, que comenzó a construirse desde 1997, convergió con los presidentes de Venezuela, Argentina y Brasil, Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, en su rechazo a la propuesta estadunidense. Con su particular estilo, junto con las siglas, ante una impresionante multitud, Chávez mandó la iniciativa comercial al carajo. El proyecto de Bush descarriló.

Esa amplia convergencia entre movimientos populares y gobiernos se había venido gestando en una campaña de gran aliento que inicialmente tuvo que remar contra la corriente. Todavía en abril de 2001, en la cumbre de presidentes en Quebec, solamente Hugo Chávez cuestionó la agenda de negociación del acuerdo comercial.

Sin embargo, pocos días después, esa resistencia en las calles tuvo un aliado central. En un discurso pronunciado el primero de mayo de 2001, al calor de grandes protestas antiglobalización en los países desarrollados, Fidel Castro señaló: Para Cuba es absolutamente claro que el llamado ALCA en las condiciones, plazo, estrategia, objetivos y procedimientos conducen inexorablemente a la anexión de América Latina a Estados Unidos. Cuatro años más tarde, esa agenda fue sepultada.

El acto en La Habana para conmemorar esa gesta comenzó con un recorrido histórico de lo sucedido en este terreno, a cargo de Gustavo Codas. Lo siguió el economista cubano Osvaldo Martínez, quien analizó en detalle el impacto general del libre comercio en la región, la lógica del capital y las trasnacionales. De paso hizo un mapa de los acuerdos bilaterales y subregionales. La ecuatoriana Irene León explicó cómo la derecha se ha rearticulado en la región y cuál es su lógica militar, mediática y cultural. Recuperando las problemáticas y el lenguaje de los movimientos populares, el cubano Gilberto Valdés descifró los procesos de cambio en curso, los mecanismos de integración y la acción de los actores subalternos.

Al analizar el nuevo protagonismo de la derecha continental, Gustavo Codas dijo que ésta busca aprovechar las dificultades de los gobiernos posneoliberales. Se ha fortalecido en las calles, ha creado redes, nacionales, regionales e internacionales. Sin embargo, según él, no tiene proyecto alternativo a las conquistas del ciclo progresista. Su retorno ha fracasado en Chile y Paraguay. No se propone, como la derecha europea tras la segunda guerra, mantener el estado de bienestar. Esta derecha quiere abolir las conquistas del ciclo de transformaciones. A diferencia de los años 60 con el neoliberalismo, hoy no tiene condiciones de verbalizarlo. Pero, junto con el imperialismo, intenta aprovechar las dificultades económicas y políticas para tratar de dar vuelta atrás en la historia.

Osvaldo Martínez explicó cómo, ante el fracaso del ALCA, Washington ha seguido avanzando en su agenda comercial con flexibilidad, de manera bilateral o transcontinental, con la apuesta de abrir los mercados locales a sus productos y desintegrar América Latina. Esos acuerdos, aseguró, son la plasmación jurídica a nivel de estados, del proyecto trasnacional.

Según Irene León, estos últimos 10 años han sido de una alta intensidad histórica. El capital trasnacional (poder que no rinde cuentas a nadie) ha seguido avanzando sobre estados, estableciendo mecanismos de poder fáctico por fuera de cualquier control ciudadano.

Por su parte, Gilberto Valdés apuntó cómo la lucha contra el ALCA tuvo un fuerte componente anticapitalista. Relativizando los desencuentros entre movimientos populares y gobiernos progresistas, aseguró que los conflictos entre ambos no van a desaparecer.

¿Tiene futuro el movimiento emancipador en el continente? Sí, aseguran los asistentes al evento. El movimiento camina. “Eso es posible –según Codas– porque los aciertos del ciclo de transformaciones han sido muy superiores a las dificultades que hemos encontrado. Está en manos de los luchadores y luchadoras de nuestro pueblo construir ese nuevo horizonte.”

Retos y perspectivas de la izquierda latinoamericana

10/12/2015
Opinión

La situación brasileña, el resultado de la reciente elección presidencial argentina y los pronósticos sobre las elecciones parlamentarias venezolanas intensificaron el debate sobre si estaríamos o no ante el “fin de ciclo” abierto, entre 1998 y 2003, por los triunfos electorales de Hugo Chávez, Luis Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner.

Las posiciones en debate son variadas, pues no hay consenso sobre la existencia de tal ciclo ni sobre su naturaleza. Además, hay tanto los que afirman su terminación, como los que defienden la posibilidad de su continuidad con profundización de los cambios, etc. Debate que se combina con el análisis de la situación mundial y la discusión acerca de la estrategia de la izquierda.

Debate similar se registró en el marco del Grupo de Trabajo del Foro de Sao Paulo, cuando analizamos los impactos de la elección de Obama y de la crisis de 2007-2008 sobre América Latina y el Caribe. Varios integrantes del Foro señalaban la existencia, en aquella época, de signos evidentes de una contraofensiva de la derecha latinoamericana y sus socios externos.

No obstante, por motivos diversos, y a veces opuestos, diversos sectores discreparon con esta caracterización.

Algunos, por lo general no participantes del Foro, consideraban que los gobiernos “progresistas y de izquierda” hacían parte de la arquitectura neoliberal e imperialista, por lo que no tenía sentido hablar de “contraofensiva” de quienes nunca habían sido efectivamente derrotados.

Otros consideraban, como característica fundamental del momento, la crisis del capitalismo y la desmoralización del neoliberalismo, sobrestimando las posibilidades y minimizando las amenazas, tanto estratégicas como tácticas, que la situación ofrecía a las izquierdas.

Había incluso quienes parecían trabajar con el supuesto de que la “fórmula” (económica y política) adoptada por los gobiernos “progresistas y de izquierda” era en lo fundamental inmune a retrocesos y no debía sufrir alteraciones. Curiosamente, esta tesis de la inmunidad a retrocesos provenía de sectores tanto ultra radicales, como de sectores radicalmente moderados.

Un argumento usado en el debate, para contradecir a quienes hablaban de la contraofensiva de la derecha, era de que, por lo menos hasta entonces, ningún gobierno “elegido por la izquierda” había sido derrotado electoralmente por la derecha.

El caso de Piñera y las elecciones en Guatemala, los golpes de Estado en Paraguay y en Honduras se utilizaron en favor del argumento anterior, en los dos primeros casoS por no ser considerados como gobiernos integrantes del ciclo de 1998, en los dos últimos casos por la vía no electoral adoptada por la derecha.

Independientemente de cómo este debate fue resuelto, en la época y posteriormente, sea en los documentos del Foro, sea en la acción de los partidos, movimientos y gobiernos “progresistas y de izquierda” existentes en la región, lo cierto es que la contraofensiva de las derechas continuó.

En el ámbito económico-social, presionando, saboteando y revertiendo procesos y conquistas. En el campo ideológico, conteniendo, desmoralizando y dividiendo a los oponentes de izquierda. Y con respecto a la actuación político-electoral, parte de la derecha regional aprendió las lecciones de las derrotas sufridas desde 1998 y, siempre “combinando formas de lucha” (inclusive el paramilitarismo), casi gana las elecciones presidenciales en Brasil en 2014 y ahora triunfa en las elecciones presidenciales en Argentina.

La victoria de Macri –independientemente de lo que suceda en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre 2015 en Venezuela– coloca la contraofensiva de la derecha en otro plano.

Argentina, junto con Brasil y Venezuela, cumplieron hasta ahora un papel decisivo en el proceso de integración regional, que constituye la retaguardia estratégica de cada una de las izquierdas que opera en los países de la región. Es evidente que la situación se tornará más difícil a partir de ahora, sea por efecto demostración-emulación que la victoria de Macri tendrá sobre las derechas de otros países, sea por los efectos prácticos en todos los ámbitos de la integración regional.

Esto, por supuesto, si dejamos de lado el optimismo de Pollyanna según el cual un gobierno Macri causará daños tan intensos y tan rápidamente, más allá de provocar una contundente reacción popular, que se transformará en una victoria pírrica para la derecha. Ciertamente los daños serán intensos, sin duda habrá reacción, pero hay que tener en cuenta que estamos frente a una ola, no ante un episodio aislado.

Independientemente de los motivos específicos, tácticos, coyunturales, episódicos y, a veces “personales”, involucrados en cada situación nacional, hay un proceso regional y global que se debe tener en cuenta. Es esto, por cierto, lo que nos permite comprender mejor la aparente contradicción entre lo que sucede con la izquierda europea y la latinoamericana.

A escala mundial, las principales variables son: la defensiva estratégica de la clase obrera desde el fin de la URSS; la resultante hegemonía capitalista, con una intensidad mayor que en otros períodos de la historia; la profundidad de la crisis capitalista, consecuencia combinada de las otras dos variables; el declive de la hegemonía estadounidense y el esfuerzo brutal que están haciendo para detener y revertir este declive; la disputa entre diferentes formas de capitalismos, y no entre el capitalismo y el socialismo, como el hilo conductor de las grandes disputas mundiales; la formación de bloques regionales, principalmente como una reacción defensiva de los procesos mencionados; y, por último pero no menos importante, una tendencia a la inestabilidad, a las crisis y conflictos cada vez más profundos.

Siendo este el escenario mundial, es evidente que la izquierda latinoamericana corre contra el tiempo, como señalé en 2012 en un artículo titulado “Ensayo sobre una ventana abierta”, publicado en la antología La Izquierda Latinoamericana a 20 años del derrumbe, de la editorial Océano Sur1. A continuación la parte final de este artículo.

Hay que considerar, en primer lugar, la incidencia sobre la región de macro variables sobre las cuales no tenemos incidencia directa: la velocidad y la profundidad de la crisis internacional, los conflictos entre las grandes potencias, la extensión e impacto de las guerras. Destacamos, entre las macro variables, aquellas vinculadas al futuro de los Estados Unidos: ¿Recuperará su hegemonía global? ¿Concentrará energías en su hegemonía regional? ¿Agotará sus energías en el conflicto interno de su propio país?

Hay que considerar, en segundo lugar, el comportamiento de la burguesía latinoamericana, en especial, de los sectores transnacionalizados: ¿Cuál es su conducta frente a los gobiernos progresistas y de izquierda? ¿Cuál es su disposición con respecto a los procesos regionales de integración? ¿Cuál es su capacidad de competir con las burguesías metropolitanas y aspirar a un papel más sólido en el escenario mundial? Del «humor» de la burguesía dependerá la estabilidad de la vía electoral y la solidez de los gobiernos pluriclasistas. O, invirtiendo el argumento, su «falta de humor» radicalizará las condiciones de la lucha de clases en la región y en cada país.

En tercer lugar, está la capacidad y disposición de los sectores hegemónicos de las izquierdas – partidos políticos, movimientos sociales, intelectualidad y gobiernos.

La pregunta es: ¿Hasta dónde estos sectores hegemónicos están dispuestos y conseguirán rebasar los límites del período actual, y con qué velocidad? Dicho de otra manera, cuánto conseguirán aprovechar esta coyuntura política inédita en la historia regional, para profundizar las condiciones de integración regional, soberanía nacional, democratización política, ampliación del bienestar social y del desarrollo económico. Y principalmente, si van a lograr o no alterar los patrones estructurales de dependencia externa y concentración de la propiedad imperantes en la región hace siglos.

Considerando estas tres grandes dimensiones del problema, podemos resumir así las perspectivas: potencialidades objetivas, dificultades subjetivas y tiempo escaso.

Potencialidades objetivas: sin olvidar las alternativas negativas, el escenario internacional y las condiciones existentes hoy en América Latina, en especial en América del Sur, hacen posibles dos grandes alternativas positivas, a saber, un ciclo de desarrollo capitalista con trazos socialdemócratas y/o un nuevo ciclo de construcción del socialismo.

En cuanto a esta segunda alternativa, estamos, desde el punto de vista material, relativamente mejor que la Rusia de 1917, que China de 1949, que Cuba de 1959 y que la Nicaragua de 1979.

Dificultades subjetivas: hoy, los que tienen la voluntad no tienen la fuerza, y los que tienen la fuerza no han demostrado la voluntad de adoptar, a una velocidad y con una intensidad adecuadas, las medidas necesarias para aprovechar las posibilidades abiertas por la situación internacional y por la correlación regional de fuerzas. Un detalle importante: no hay tiempo ni materia prima para formar otra izquierda hegemónica. O bien la izquierda hegemónica que tenemos aprovecha la ventana abierta, o será la pérdida de una oportunidad.

El tiempo está escaseando: la evolución de la crisis internacional tiende a producir una creciente inestabilidad que sabotea las condiciones de actuación de la izquierda regional. La posibilidad de utilizar gobiernos electos para hacer transformaciones significativas en las sociedades latinoamericanas no va a durar para siempre. La ventana abierta a final de los años noventa todavía no se cerró. Pero la tempestad que se aproxima puede hacerlo.

Concluyo reafirmando que el juego aún no ha terminado, motivo por el cual debemos trabajar para que las izquierdas latinoamericanas, en especial aquellas que están gobernando, y dentro de ellas la izquierda brasileña, haga lo que debe y puede hacer. Si ello sucede, podremos superar con éxito el actual período de defensiva estratégica de la lucha por el socialismo. En resumen, la ventana sigue abierta.

Hasta aquí cité literalmente el texto de 2012. Concluyo diciendo que la ventana sigue abierta, pero se está cerrando. Lo que vaya a pasar con el “ciclo” abierto en 1998 depende, en gran medida, de saber si el Partido de los Trabajadores y el gobierno de Dilma Rousseff van a mantener o alterar su estrategia.

Valter Pomar es profesor de economía política internacional en la Universidad Federal de ABC. Y militante del Partido de los Trabajadores (Brasil). Entre 1997 y 2013 fue dirigente nacional del PT, asumiendo entre otras tareas la secretaría de relaciones internacionales y la secretaría ejecutiva del Foro de Sao Paulo. Contacto: pomar.valter@gmail.com

http://valterpomar.blogspot.com.br/2012/03/ensayo-sobre-una-ventana-abierta.html?m=1

Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: ¿Fin del ciclo progresista? 03/12/2015

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